Jimmy Ball exige cambios difíciles para el Torquay United
Doce años sin fútbol de liga pesan. Y Jimmy Ball no lo esconde. El técnico de Torquay United admite que el club necesita “cambios difíciles” si de verdad quiere acabar con una espera que ya se ha vuelto crónica.
El arranque de temporada no ayuda a calmar los nervios en Plainmoor. Torquay es 19.º en la National League South, con solo una victoria en sus seis primeros partidos. El último golpe llegó en Bank Holiday Monday: derrota por 2-0 ante Farnham Town, otra tarde gris para un equipo que hace nada peleaba por subir.
Ball, que tomó el relevo de Paul Wotton en marzo, habló claro en BBC Radio Devon. Señaló un verano turbulento, marcado por un mercado de fichajes que descolocó al vestuario.
“El club ha sufrido mucha disrupción”, explicó, apuntando directamente a “jugadores con la cabeza girada” por ofertas y posibilidades lejos de Torquay. No dio nombres, pero sí el diagnóstico: demasiada distracción, poca entrega total.
El técnico insiste en una idea: compromiso absoluto o nada. Quiere futbolistas “100% comprometidos” con el escudo, dispuestos a “sacrificarse y darlo todo”. Sin medias tintas. Sin excusas.
La frustración viene de lejos. Torquay rozó el ascenso las dos últimas campañas: subcampeón primero, tercero después. En ambos casos, se quedó corto en los play-offs. Cayó en semifinales hace dos temporadas y perdió 3-2 ante Hornchurch en la final del curso pasado. Cerca, pero no lo suficiente.
Ball lo resume con crudeza: “La verdad es que hace mucho tiempo que Torquay no juega fútbol de liga y, sí, las dos últimas temporadas han estado cerca, pero al final han fracasado”. No busca culpables en el pasado, pero sí marca su misión: “Me trajeron para cambiar eso y, a veces, el cambio es difícil y más lento de lo que nos gustaría, pero es absolutamente necesario”.
La afición, mientras tanto, mira la tabla y se inquieta. ¿Es lógico preocuparse por este inicio tan pobre? Ball no se deja arrastrar por el pánico.
“No conozco ningún escenario en el que el pánico sea beneficioso”, respondió cuando le preguntaron si los hinchas tenían motivos para alarmarse. No minimiza el problema: “No estoy restando importancia al inicio, porque no es aceptable”. Pero vuelve al mismo punto: “Creo que ha habido mucha disrupción”.
El entrenador admite que no puede desvelar todo lo que ocurre puertas adentro. “No puedo contar lo que pasa detrás de escena, provocado por jugadores con la cabeza girada desde el primer día de la pretemporada y jugadores que no han estado del todo metidos”, confesó.
“Me encantaría contarles todo a los aficionados, pero simplemente no se puede”, añadió. Su margen, dice, está en el once que pone en el césped: “Tienes que lidiar con ello lo mejor que puedas y confiar en que los hombres que sacas al campo estén 100% comprometidos con Torquay United Football Club”.
El calendario no da tregua. El sábado llega a Plainmoor un examen serio: Folkestone Invicta, tercero en la tabla y todavía invicto tras cinco partidos. Un rival en forma, un Torquay herido, una grada impaciente.
Para Ball, puede ser el punto de inflexión o una nueva señal de alarma. La necesidad de cambio ya está sobre la mesa. Falta saber si el vestuario está dispuesto a asumirla antes de que la temporada se le escape entre los dedos.






