Iraola y el desafío de transformar el Liverpool
Andoni Iraola sabe lo que es empezar cuesta arriba en la Premier League. Con Bournemouth necesitó 10 jornadas para saborear su primera victoria. En Liverpool, el guion tampoco arranca con fuegos artificiales: 2-2 en el debut ante Newcastle y una sensación clara de equipo a medio camino entre dos ideas.
El resultado es lo de menos. Lo preocupante es el retrato que dejó el propio técnico.
Durante la gira estadounidense, Iraola ya había lanzado el primer aviso: habló abiertamente de falta de “energía”, un dardo evidente hacia la herencia del ciclo de Arne Slot. Ante Newcastle, el problema ya no fue solo físico. Fue de identidad.
Entre Klopp y Slot
En una conversación con Steven Gerrard para TNT Sports, el entrenador español puso palabras a la fractura futbolística que ve en su plantilla. Liverpool, dice, vive atrapado entre la posesión metódica que proponía Arne Slot y el vértigo vertical que convirtió a Jürgen Klopp en campeón de Europa.
Cuando Gerrard le preguntó si se sentía “más cerca” de Klopp o de Slot, Iraola no dudó: eligió al alemán.
“Probablemente más cerca de Jürgen, probablemente, diría. Pero también me encantaron muchas de las cosas que tenía el equipo con Arne”, respondió. Ahí está el dilema: admira lo que funcionaba con Slot, pero su instinto le pide otra cosa.
El dato que él mismo ofrece es revelador: “Tiene que haber un equilibrio. Las cosas van a evolucionar de forma diferente porque en el primer partido tuvimos un 60, 61 por ciento de posesión de inmediato”. Para un entrenador que se siente cómodo en el juego rápido y vertical, ese volumen de balón no es un objetivo, es una consecuencia.
Y la explicación que añade abre una grieta: “Naturalmente, porque la tendencia natural de los jugadores va hacia ese lado, y yo también tengo que adaptarme hacia ese lado… Pero también tenemos que seguir siendo verticales, seguir atacando, seguir tomando a veces algunos riesgos”.
Una frase que inquieta
Esa “tendencia natural” es justo lo que inquieta. No por el gusto por la pelota, sino por cómo se traduce en el campo.
Ante Newcastle, futbolistas como Dominik Szoboszlai, Ryan Gravenberch, Jeremie Frimpong o Milos Kerkez se mostraron cómodos instalados cerca del último tercio mientras Liverpool tenía la posesión. Era el plan con Slot: atacar con paciencia, someter al rival, desgastar el bloque bajo a base de pases y movimientos cortos.
Iraola, en cambio, quiere otra cosa. Quiere ritmo. Quiere atacar rápido. Quiere un equipo que pique al espacio, que corra hacia delante, que convierta cada pérdida rival en una ocasión de gol. Y ahí aparece el choque de estilos.
Si demasiados jugadores se quedan arriba, el equipo se rompe. Y quienes pagan el precio son los centrales. Un Virgil van Dijk de 35 años y un Jeremy Jacquet prácticamente debutante tuvieron que defender grandes espacios a la espalda. El castigo llegó en forma de dos goles encajados ante Newcastle, ambos nacidos de esa descompensación.
No es casualidad. Es estructura.
Dos herencias incómodas
Para llegar al fútbol que imagina, Iraola tiene que desmontar dos pilares del ciclo Slot.
El primero, la obsesión por la posesión como punto de partida. El segundo, la inercia de un equipo acostumbrado a atacar con mucha gente fija en campo rival, sin la agresividad inmediata hacia delante que caracterizó al mejor Liverpool de Klopp.
El propio técnico admite que tendrá que adaptarse parcialmente a esa “tendencia natural” de sus jugadores, pero no quiere renunciar a su sello: verticalidad, riesgo, ataques directos. Ese equilibrio aún no existe. Y el equipo lo sufre.
No debería sorprender a nadie que la mejora en el juego —y en los resultados— tarde en llegar. El choque de culturas futbolísticas no se resuelve en un verano ni en un par de jornadas.
El aviso sobre el físico
Las señales ya estaban ahí desde la pretemporada. Tras un amistoso ante Leeds a principios de agosto, Iraola fue igual de claro con el estado físico de la plantilla.
“Creo que jugamos muy bien la primera parte, especialmente los primeros 30 minutos, pero ahora mismo probablemente no tenemos mucho más en términos del nivel requerido para jugar así”, explicó. “Luego ellos fueron mucho mejores en la segunda parte.
“El problema es que ahora mismo probablemente no tienen la energía para 90 minutos y empiezan a cansarse. Nos llevará tiempo con ellos, necesitamos más entrenamientos con ellos”.
El mensaje es directo: falta gasolina para sostener el plan. Y falta tiempo para desprogramar un equipo construido para mandar con la pelota y convertirlo en uno que disfrute corriendo sin ella.
Entre la herencia de Slot, la sombra de Klopp y la exigencia inmediata de Anfield, Iraola se ha metido en uno de los proyectos más complejos de la élite. La pregunta ya no es solo cuánto tardará en ganar. Es cuánto tardará en conseguir que este Liverpool deje de tener “tendencias naturales” ajenas y empiece, por fin, a parecerse al equipo que él imagina.






