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Guardiola rechaza ser seleccionador de Italia: un sueño roto

La Federación Italiana de Fútbol lanzó el anzuelo más grande que tenía. Y Pep Guardiola, libre tras cerrar una era de diez años en Manchester City, decidió no morder.

El técnico catalán ha rechazado la propuesta para convertirse en seleccionador de Italia, pese a que la FIGC estaba dispuesta a romper casi todas sus normas para convencerle: un salario fuera de escala y la posibilidad de moldear el cargo a su gusto.

El plan Italia: chequera abierta y poder total

Días atrás, el presidente del CONI, Giovanni Malagò, reveló que ya se habían producido contactos con Guardiola y deslizó que se podían hacer “excepciones” con su sueldo. No era solo una invitación; era una declaración de intenciones de un país que lleva tres Mundiales consecutivos viéndolos por televisión.

El mensaje interno era claro: para Pep, todo. No solo dinero. También control. Se le transmitió que podría definir el alcance del puesto, la estructura de trabajo y prácticamente el modelo deportivo de la selección. Italia estaba dispuesta a entregarle las llaves de Coverciano.

Antes de llegar a Guardiola, la FIGC había mirado a casa. Paolo Maldini, director técnico de la federación, confirmó que el primer objetivo fue Carlo Ancelotti, hoy seleccionador de Brasil. Ancelotti, sin embargo, ha decidido mantener su compromiso con la Canarinha y continuar en el cargo.

Con esa puerta cerrada, la apuesta por Guardiola se convirtió en una especie de proyecto de Estado futbolístico. Pero ni así.

El descanso de Pep, por delante de la Azzurra

Guardiola, que abandonó Manchester City este verano tras una década de títulos y desgaste máximo, ya había deslizado su intención de tomarse un respiro. Ahora se lo ha comunicado formalmente a la FIGC: mantiene su plan de parar, descansar, pasar más tiempo con su familia y viajar.

La federación italiana aguardó. Le dio tiempo para pensarlo. Soñó con verle en el banquillo dirigiendo a una generación que necesita una identidad clara y una sacudida competitiva. Después de meditarlo, la respuesta fue negativa.

Italia seguirá buscando su nuevo rostro sin el entrenador más codiciado del mercado.

Pirlo toma la delantera

El “no” de Guardiola reordena el tablero. Todas las miradas se giran ahora hacia Andrea Pirlo. El exmediocentro de la selección, hoy técnico de United FC en Dubái, se ha convertido en el principal candidato para asumir el banquillo azzurro.

Pirlo representa otra vía: menos rupturista desde el impacto mediático, pero con un peso simbólico enorme. Un campeón del mundo, cerebro de la Italia que sí sabía sobrevivir en los grandes torneos, ahora apuntando a dirigir a un equipo que encadena tres ausencias mundialistas consecutivas.

Su reto, si finalmente se sienta en el banquillo, no será menor. En otoño espera una fase de grupos de Nations League con Francia, Bélgica y Turquía. Un grupo que no perdona debilidades. Después, el gran objetivo: alcanzar la clasificación para la Euro 2028 y devolver a Italia al lugar que su historia reclama.

Italia ya sabe que no tendrá a Pep. La pregunta ahora es otra: ¿será Pirlo el hombre capaz de iniciar la reconstrucción que un gigante herido lleva demasiado tiempo posponiendo?