Fulham en la temporada 2024-25: cambio de ciclo y juventud
La predicción de los expertos sitúa a Fulham en el 15º puesto. Hace un año, el equipo acabó 11º. El cambio de ciclo en Craven Cottage ya está en marcha.
Un adiós anunciado y un club más enigmático
La marcha de Marco Silva, rumbo a Benfica, no sorprendió a nadie a orillas del Támesis. Durante cinco años, el portugués reconstruyó a Fulham como club estable de la Premier League, lo alejó del miedo al descenso y lo acercó –sin llegar a tocarla– a la zona europea. Lo hizo con un fútbol atractivo, con un grupo de “patitos feos” revalorizados que se convirtieron en un rival incómodo para cualquiera.
Silva nunca escondió dos cosas: su ambición de entrenar en competiciones europeas y su frustración con una propiedad que, a su juicio, no le dio la plantilla que reclamaba. Sus dotes para reciclar talento y exprimir veteranos se van con él. Y eso deja un vacío.
En su lugar aterriza Álvaro Arbeloa, un perfil radicalmente distinto. Menos experiencia en la élite de los banquillos, pero un pasado de jugador en la cumbre, con Mundial y Champions en su historial y el sello de Real Madrid grabado en el currículum. Su llegada ha abierto un canal directo con el club blanco: Gonzalo García y César Palacios se suman al proyecto para reencontrarse con el técnico que les guio en la cantera madridista. No es casualidad que los tres compartan agencia de representación.
Los rumores que vinculan a jóvenes joyas como Endrick o Thiago Pitarch refuerzan la sensación de que Fulham podría convertirse en una especie de vivero madrileño, un pequeño Santiago Bernabéu a orillas del Támesis. Si ese modelo se consolida, supondrá un giro profundo en la identidad reciente del club.
Silva apostaba por futbolistas curtidos. Dos de sus hombres clave, Raúl Jiménez y Harry Wilson, ya se han marchado. Wilson firmó la mejor temporada de su carrera y, como su técnico, encontró una oferta más seductora, en su caso de Leeds. El nuevo plan pasa por captar talento joven y pulirlo. La gran incógnita: ¿podrá Fulham replicar el éxito de proyectos como Brentford, Brighton o Bournemouth, donde el dato gobierna la planificación? ¿Mirará la grada hacia Europa o hacia el pozo? Un club ya de por sí enigmático se ha vuelto aún más difícil de descifrar.
Un negocio brillante… y unas cuentas al límite
Fuera del césped, el escaparate luce impecable. En mayo, Fulham fue subcampeón en los premios de negocio del fútbol en la categoría de experiencia en estadio, con la nueva Riverside Stand completando su primera temporada completa de hospitalidad de lujo. Ese lujo, sin embargo, no es un capricho estético: el club necesita que el Riverside sea una máquina de generar ingresos.
Los números de la temporada 2024-25 hablan claro: pérdidas antes de impuestos de 44,5 millones de libras, mitigadas por la venta de João Palhinha en julio de 2024. Desde entonces, no ha habido otra venta de ese calibre. La familia Khan sigue sosteniendo el proyecto, con una inversión total estimada en unos 900 millones de libras y unos costes de personal que representan el 117% de la facturación. Ahí se entiende por qué Silva no recibió el respaldo económico que exigía.
La tensión con la afición no ayuda. El abono más caro en Craven Cottage, con acceso a las instalaciones del Riverside, alcanza las 3.084 libras, la cifra más alta de la Premier League. Shahid Khan y su hijo Tony, vicepresidente y director de operaciones de fútbol, son figuras poco populares entre los seguidores más fieles, molestos por las subidas de precios y por una política que perciben volcada en el turismo futbolero.
Mientras tanto, el estilo de vida del propietario se exhibe a otra escala: su yate Kismet fue nombrado superyate del año en 2025, con un salón principal inspirado en Versalles y un alquiler que supera los tres millones de dólares por semana. Los balances reflejan el esfuerzo económico de Khan para mantener al club en la élite, pero la grada reclama algo más simple: que alguien ahí arriba recuerde que no todos viven a cuerpo de rey.
Arbeloa, del palco del Bernabéu a la banda de Craven Cottage
Donde Silva tuvo una carrera discreta como jugador, Arbeloa vivió en la aristocracia del fútbol. No solo levantó títulos; también tuvo la confianza de Florentino Pérez, que llegó a pedirle que sustituyera a Xabi Alonso a mitad de la temporada 2025-26. Aquella apuesta no cuajó y el salmantino decidió salir por primera vez de la órbita madridista, donde estaba bien considerado como técnico de la cantera, para lanzarse a la Premier en el suroeste de Londres.
Shahid Khan subrayó un aspecto al presentarlo: Arbeloa “cree en dar oportunidades a los jóvenes”. Es la frase clave para entender el giro de Fulham. Y, al mismo tiempo, hay un hilo de continuidad. El nuevo técnico comulga con la tradición de Craven Cottage: fútbol abierto, vocación ofensiva, nada de encerrarse atrás y especular.
El gran reto táctico está en la presión. La temporada pasada, Fulham presentó la plantilla de mayor edad de la Premier League y fue, casi en paralelo, uno de los equipos menos intensos sin balón. Registró el menor número de “high turnovers” de la liga, esas recuperaciones en los últimos 40 metros que disparan la transición ofensiva. Real Madrid, sin ser un equipo de presión feroz, superó con holgura esos registros. El interrogante es evidente: ¿será capaz Arbeloa de rejuvenecer el equipo y subir varias marchas en la presión sin perder control?
Gonzalo García, el fichaje estelar y el peso del hype
La gran carta de presentación del nuevo Fulham es Gonzalo García. Su nombre se disparó tras el último Mundial de Clubes, donde se llevó la Bota de Oro del torneo y despertó comparaciones con Raúl, palabras mayores en el Bernabéu. Después llegaron los goles en Champions League ante Juventus y Borussia Dortmund. Parecía lanzado.
Sin embargo, la constelación de estrellas en el Real –con Vinícius Júnior y Kylian Mbappé al mando– le cerró el paso. En España se le reconoce como un delantero trabajador, solidario sin balón, condición imprescindible para sobrevivir en la Premier. En Fulham, su misión es clara: rejuvenecer y revitalizar una delantera que el curso pasado dependió demasiado del veterano Raúl Jiménez, obligado a tirar del carro por las lesiones de Rodrigo Muniz.
García llega más joven, más fresco y con una expectativa enorme a sus espaldas. El ruido que acompaña su fichaje le obliga a responder desde el primer día.
Juventud al poder: Kusi-Asare y la nueva ola
El giro hacia el talento emergente no se limita al puente Madrid-Londres. Jonah Kusi-Asare es otro ejemplo de la nueva estrategia. Llegó el verano pasado desde Bayern Munich, otro gigante con una cantera inagotable. El club alemán se guardó una opción de recompra para un delantero al que había captado de AIK, señal inequívoca de que no quieren perderle la pista.
Internacional sub-21 con Suecia, Kusi-Asare ha sido comparado con Alexander Isak. En la Premier solo ha acumulado siete apariciones como suplente, sin ver puerta, antes de que su cesión se convirtiera en traspaso definitivo. Con 1,96 de estatura, ofrece un perfil de ‘9’ muy distinto al de Gonzalo García: más referencia física, más juego directo.
Hay motivos para el optimismo interno. Hayden Mullins, entonces técnico del sub-21 y ahora entrenador de Newport, disfrutó de su mejor versión la pasada campaña: cinco goles en seis partidos con 18 años. Si el paso al primer equipo se gestiona con paciencia, Fulham podría tener entre manos a un delantero de impacto.
El eco del Mundial y una base más sólida
El escaparate internacional también ha dejado buenas señales para el club. Gonzalo García debutó con España en un amistoso previo al Mundial frente a Irak, aunque no entró en la lista definitiva del equipo que acabaría proclamándose campeón.
Antonee Robinson firmó un gran torneo con Estados Unidos hasta que los coanfitriones cayeron en octavos ante una Bélgica en la que figuraba Timothy Castagne. Otro nombre a seguir es Luc de Fougerolles: aún no ha jugado en la Premier con Fulham, pero se dio a conocer como central adolescente en la sólida campaña de Canadá, que alcanzó las rondas eliminatorias.
Y, para completar el póker mundialista, Sander Berge brilló con Noruega, que también llegó a cuartos de final. Un núcleo de jugadores con experiencia en grandes citas que debería aportar oficio y personalidad a un vestuario en plena transición.
Fulham se asoma a una temporada de incógnitas: nuevo técnico, modelo renovado, cuentas ajustadas y una apuesta decidida por la juventud. La pregunta no es solo si evitará el sufrimiento por abajo. La cuestión es si este experimento de Craven Cottage puede convertirse en algo más que un simple laboratorio para otros grandes.






