Everton brilla en Edimburgo con victoria ante Newcastle
En el imponente Murrayfield Stadium, lejos de Goodison pero con alma de partido grande, Everton firmó una de esas noches de pretemporada que dejan huella. Victoria convincente por 3-1 ante Newcastle United, control del juego durante largos tramos y actuaciones individuales que empiezan a dibujar el esqueleto del equipo de David Moyes a diez días del inicio de la Premier League.
No fue solo el resultado. Fue la manera.
Branthwaite, descanso programado y guiño a Escocia
La primera noticia del día llegó antes del pitido inicial. Jarrad Branthwaite, recién salido de una lesión de isquiotibiales y que había disputado 80 minutos como capitán en Stuttgart, se quedó fuera de la convocatoria. El club lo encuadró en su plan de reintegración: trabajo completo en Finch Farm al día siguiente y apuntado al último amistoso frente a LOSC Lille en Hill Dickinson Stadium.
En el once, pocas sorpresas… pero algún detalle con mensaje. Nathan Patterson arrancó como lateral derecho, algo más que simbólico en territorio escocés. Tim Iroegbunam siguió ausente tras su problema físico en Stuttgart. Y nombres como Nørgaard y Johnson continúan esperando su momento para integrarse en la pizarra de Moyes.
Un arranque de agobio… y un golpe letal
Newcastle, vestido de rosa, salió mandón. Apenas habían pasado segundos cuando Wissa probó con una vaselina fácil para Travers. El guion de los primeros cinco minutos fue claro: los de Matthias Jaissle monopolizaron la posesión, forzaron el primer córner y empujaron a Everton hacia su área.
Elanga avisó pronto, cazando un error de Mykolenko y obligando a Travers a una gran mano abajo. Los de Moyes tardaron 14 minutos en mirar hacia adelante con intención. Entonces apareció Patterson, que puso un centro magnífico al segundo palo que Dewsbury-Hall no alcanzó por centímetros. Primera bocanada de aire.
A partir de ahí, el partido se abrió. George se mostró atrevido, encaró, combinó bien con Dewsbury-Hall, pero se nubló en los metros finales. Wissa buscó un penalti inexistente ante Hackney, Toure colgó balones peligrosos desde la izquierda y la sensación era de equilibrio tenso: Newcastle amenazaba, Everton empezaba a morder.
Hasta que la noche se rompió en una jugada de área a área.
Hackney perdió un balón comprometido y todo apuntaba a gol de Wissa, pero Tarkowski se lanzó al corte con una entrada soberbia. De ese quite nació un contraataque vertiginoso: balón largo de Keane, Barry falla el primer control, recupera, se quita de encima a dos defensas y, cuando parecía que se le acababa el campo, la pelota suelta cae a Armstrong. Pase filtrado, desmarque perfecto y Thierrno Barry (28’) cruza raso al segundo palo. 1-0 y la grada azul, encantada.
Ndiaye amplía la brecha desde los once metros
Con el marcador a favor, Everton se soltó. Barry volvió a ser un problema constante entre líneas, recibiendo faltas duras de Joelinton, que ya empezaba a jugar al límite. De una de esas acciones, nada. De la siguiente, todo.
Mykolenko habilitó a Dewsbury-Hall en el área y Joelinton llegó tarde y fuerte. Penalti claro. Iliman Ndiaye (35’) tomó la responsabilidad y definió con calma, ajustado, imposible para el nuevo guardameta de Newcastle. 2-0 y una sensación nueva: el equipo de Moyes mandaba y disfrutaba.
Patterson robó con fiereza a Joelinton y lanzó una cabalgada por la derecha que mereció mejor final. Dewsbury-Hall dudó, se entretuvo con el balón y cuando decidió abrir a George, el área ya estaba poblada de camisetas rosas. Detalles a pulir, pero el mensaje era evidente: Everton ya jugaba en campo rival.
La tensión subió un grado. Wissa dejó una entrada fea, castigada solo con falta. Ndiaye robó a Hall y el árbitro le regaló un libre directo al lateral de Newcastle. Las protestas y los golpes a destiempo mostraban lo que el marcador ya decía: el plan de Everton estaba funcionando y los de Jaissle empezaban a perder la paciencia.
Armstrong, muy suelto en la medular, manejó los tiempos con personalidad, incluso provocando una entrada airada de Joelinton. Newcastle se estrelló contra una zaga sólida y se fue al descanso dos goles abajo, sin demasiadas respuestas.
Oleada de cambios y un Everton maduro
Tras el descanso, Jaissle movió el banquillo de arriba abajo. La reacción fue inmediata: Jacob Murphy ganó la espalda de Mykolenko y obligó a Travers a otra intervención de mérito, abajo y firme. Aviso serio.
Everton respondió con lo que Moyes quiere ver este año: calma y criterio. Hackney puso un balón largo precioso para Barry, que estropeó la jugada con un control muy pobre. George sirvió un centro tenso hacia Ndiaye que botó alto y se perdió, y Mykolenko, de nuevo, desperdició una buena subida con un centro sin sentido. No todo iba a salir redondo.
El equipo, sin embargo, se asentó. Dewsbury-Hall empezó a mandar, Hackney conectó líneas y George encontró su golpeo favorito: recorte hacia dentro y rosca que se fue rozando la escuadra. La grada lo vio dentro.
Everton tuvo tramos de posesión larga, aunque muchas veces acababan en balón atrás para Travers. Barry encaró por dentro, Miley lo derribó y Dewsbury-Hall rozó el gol en el libre directo, bien dirigido al palo pero desviado por el portero a córner. La tercera diana se mascaba.
Ndiaye, ya con confianza, probó también desde la frontal, pero mandó su disparo demasiado alto. Newcastle empujó con un córner, despejado con solvencia, y Barry desperdició una opción clara de contraataque con un pase impreciso.
Llegó la hora de los cambios en Everton. Dibling, Beto y Alcaraz entraron con media hora por delante. Dibling cayó en el área tras un brazo en la cara dentro de la jugada, pero el árbitro no vio penalti. El ritmo no bajó.
La obra de arte de Tyrique George
El partido pedía un detalle distinto. Y lo puso Tyrique George.
Primero, dejó destellos en la izquierda, encarando, ganando un córner que Hackney colgó al segundo palo. Luego, se guardó lo mejor.
Minuto 73. George recibe, conduce con decisión, combina con Armstrong, que se planta en la frontal, pisa el balón y, con una pausa de jugador veterano, filtra un pase de espaldas, tenso y preciso. George no duda: giro sobre sí mismo, como un bailarín, y disparo seco, raso, pegado al poste. Golazo. Tyrique George (73’) firma el 3-0 y se gana un lugar en todas las conversaciones del viaje de vuelta.
Everton se gustaba. Aznou se incorporó por la izquierda, Dibling desbordó y centró sin encontrar rematador, Armstrong siguió apareciendo entre líneas y el equipo salía desde atrás con combinaciones limpias. Newcastle, herido, buscó orgullo.
Lo encontró en una acción aislada. Jacob Murphy desbordó por banda y puso un centro perfecto que Barnes mandó a la red con un toque sutil. Descuento de los visitantes y 3-1 final, sin que peligrara realmente el triunfo azul.
Un ensayo que pesa más que un amistoso
Más allá del marcador, la noche dejó señales claras. Travers respondió con seguridad. Tarkowski y Keane sostuvieron al equipo en los momentos de apuro. Patterson, Hackney, Armstrong y, sobre todo, George y Barry ofrecieron energía y desparpajo. Ndiaye sumó gol y minutos de calidad. Dewsbury-Hall, aunque irregular en alguna elección, marcó el ritmo durante fases largas.
Everton llegó a Edimburgo tras un 3-1 en contra en Stuttgart y una pretemporada de resultados irregulares. Salió con un triunfo sólido ante un rival de Premier en plena reconstrucción tras la salida de Eddie Howe y las ventas de Anthony Gordon, Sandro Tonali y Bruno Guimarães.
Queda un último test frente a LOSC Lille y el regreso definitivo de Branthwaite. Después, no habrá margen para probaturas. Si el equipo que se vio en Murrayfield es el que se presentará dentro de diez días en la Premier, la pregunta ya no es si está preparado, sino hasta dónde puede llegar.






