Enzo Le Fée brilla en victoria sufrida ante AZ
El marcador dirá que todo se decidió desde el punto de penalti. La historia del partido cuenta algo distinto: un equipo que vivió al límite, un portero que sostuvo el plan cuando se tambaleaba y un mediapunta que pasó del error grosero a la redención absoluta.
Roefs, el salvavidas silencioso
Robin Roefs (8) no tuvo un trabajo constante, pero cuando AZ encontró huecos dentro del área, apareció con una autoridad brutal. Primero, en el mano a mano temprano, sacando el pie en el último segundo cuando el delantero ya se veía celebrando. Más tarde, en un barullo dentro del área pequeña, se lanzó al suelo sin dudar, cuerpo por delante, para repeler un disparo que olía a gol. Esas dos intervenciones sostuvieron todo lo que vino después.
Un muro que también amenaza arriba
Por la derecha, Nordi Mukiele (8) fue un martillo. Subió y bajó la banda toda la noche, pero en la primera parte convirtió cada incorporación en un pequeño incendio para AZ. Tras el descanso rozó el gol con un cabezazo que se fue muy cerca del poste. Su energía marcó el tono.
En el centro, Kevin Danso (8) firmó otro partido de jerarquía. Leyó cada balón al espacio, se impuso en los duelos y multiplicó bloqueos y despejes alrededor del área propia. Y no se quedó ahí: desvió de cabeza un disparo desviado de Granit Xhaka que casi se convierte en gol y probó al portero rival con un latigazo lejano que llevaba mucha intención.
A su lado, Omar Alderete (7) fue duro al choque mientras estuvo sobre el césped, fuerte en cada entrada y con calma para girarse y salir del acoso rival. Pero una molestia temprana en la primera parte le obligó a pedir el cambio, cortando una actuación que apuntaba alto.
Por la izquierda, Reinildo (7) vivió más atado. AZ cargó su banda con superioridades y lo empujó hacia atrás, así que sus apariciones ofensivas fueron contadas. Aun así, en defensa se mostró sólido, cerrando bien su carril y ganando los duelos que importaban.
Xhaka manda, AZ responde
Durante buena parte del primer tiempo, el partido fue de Granit Xhaka (7). Desde muy atrás, el capitán marcó el ritmo, abriendo el juego con envíos largos por encima de la presión de AZ y encontrando siempre una salida limpia. Con el paso de los minutos, los visitantes ajustaron, subieron metros y empezaron a mover la pelota a su alrededor con más velocidad. Ahí, al suizo le costó más imponer su ley.
A su lado, Noah Sadiki (7) asumió uno de esos trabajos ingratos que rara vez salen en los resúmenes. Los jugadores de AZ no paraban de permutar posiciones, pero él corrió, persiguió sombras y robó balones en zonas clave. Cubrió muchísimo campo para sostener al equipo cuando la presión rival apretaba.
Trai Hume (6) vivió una noche irregular. Tuvo ocasiones claras: un disparo con rosca en la primera parte que se fue fuera por poco y, tras el descanso, dos remates casi seguidos, uno que el portero sacó con las piernas y otro cabezazo por encima del larguero en el córner posterior. Fuera de esas acciones, apareció menos de lo que pedía el partido.
El ascenso de Le Fée: del error al éxtasis
La historia individual de la noche fue la de Enzo Le Fée (9). Empezó de la peor manera posible, regalando un balón que dejó a AZ de cara a portería. Solo la intervención de Roefs evitó el desastre. Lejos de esconderse, el francés se encendió.
Desde ahí, se convirtió en el faro ofensivo. Estrelló un disparo en el poste tras una buena acción de Wilson Isidor, se filtró a la espalda de la defensa con un envío de Mukiele y obligó al portero a intervenir. Levantó la cabeza y dibujó balones medidos por encima de la zaga para las carreras de Brian Brobbey e Isidor, pero ninguno de los dos logró concretar.
Cuando el partido pedía un héroe, Le Fée dio un paso más: provocó el penalti con una acción decidida dentro del área y asumió la responsabilidad desde los once metros. Lo lanzó y lo convirtió. Gol, victoria y una actuación que lo dejó, con justicia, como Jugador del Partido. Pudo haber sido el villano. Terminó siendo el hombre de la noche.
Fofana, Isidor y una delantera que rozó el gol
Malick Fofana (6) mostró calidad cada vez que tocó la pelota, pero lo hizo demasiado lejos de la portería o rodeado de camisetas rivales. Sus conducciones pedían más espacios de los que AZ concedió.
Wilson Isidor (7) trabajó sin descanso. Atacó los canales, tiró desmarques constantes y se entendió bien con Le Fée. De espaldas, giró con potencia y asistió al francés en el disparo al poste. Más tarde, tras un sutil toque de Le Fée, se plantó con una buena opción dentro del área, pero su remate se marchó desviado. Le faltó la puntería que sí tuvo su socio.
El banquillo cierra la trinchera
Desde el banquillo, Dan Ballard (7) entró por Alderete y se dedicó a lo esencial: proteger el área. Rápido para salir al cruce y bloquear cualquier intento de AZ cerca del punto de penalti, ayudó a enfriar el tramo final.
Thomas Meunier (6) sustituyó a Hume y más tarde se reubicó como lateral derecho cuando Danso dejó el campo. Cumplió en las dos posiciones, sin estridencias, pero con fiabilidad.
Nilson Angulo (6) aportó chispa por la izquierda. Encara, se atreve, pero su toma de decisiones le jugó malas pasadas. En el descuento tuvo una ocasión clarísima tras un rebote y la desperdició. Esa acción resumió su entrada al partido: buena intención, poca precisión.
Brian Brobbey (6) apenas tocó balón hasta el tiempo añadido, pero aun así encontró dos momentos para cambiarlo todo. Primero, una pared inteligente con Le Fée en la frontal que un defensor cortó in extremis a córner. Después, una carrera poderosa desde el centro del campo, con todo el estadio esperando el disparo, pero eligió el pase al corazón del área pequeña y la oportunidad se esfumó.
Chris Rigg (6) entró para morder. Se pegó a los mediocentros de AZ, robó balones y los transformó en pases inteligentes hacia Brobbey. No brilló, pero sí incomodó, que era exactamente lo que necesitaba el equipo en ese tramo.
El peso de una victoria trabajada
Al final, el resultado se sostiene sobre tres pilares: las manos de Roefs, el mando de Le Fée y un bloque defensivo que, pese a los apuros, no se quebró. AZ encontró espacios, generó peligro y obligó a sufrir hasta el último minuto. Pero la noche se inclinó del lado de quien supo resistir y golpear en el momento justo.
Si esta es la medida del carácter del equipo en noches europeas, la pregunta ya no es si puede competir. La cuestión es hasta dónde está dispuesto a llegar jugando al filo de la navaja.






