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Elliot Anderson: Del patio del colegio al Mundial y a un traspaso récord

Elliot Anderson, del patio del colegio a un Mundial de 120 millones

Los profesores de Elliot Anderson llegaron a bromear con la idea de apostar dinero a que aquel chaval tímido de Valley Gardens acabaría jugando con la selección de Inglaterra. Nunca llegaron a hacerlo. Thomas Tuchel, en cambio, sí está dispuesto a jugársela con él en el escenario más grande posible: el Mundial.

El centrocampista de Nottingham Forest, el chico que se le escapó de las manos a Newcastle United, continúa una ascensión vertiginosa que lo ha llevado desde los campos de Tyneside hasta Boston, donde Inglaterra se mide a Ghana el martes. En juego, algo más que unos octavos de final: la confirmación de que el “callado y humilde” niño del noreste está a punto de convertirse en el futbolista británico más caro de la historia.

El traspaso que Newcastle nunca quiso hacer

En St James’ Park aún escuece. Eddie Howe definió la venta de Anderson a Nottingham Forest por 30 millones de libras en julio de 2024 como “la más reacia de mi carrera”. No fue una decisión deportiva, sino contable: el miedo a incumplir las normas de beneficio y sostenibilidad (PSR) y afrontar una posible deducción de puntos tras años de desequilibrios en el mercado empujó al club a la venta.

Ese vacío ha ido creciendo a medida que el jugador de 23 años se ha consolidado como pieza central en los planes de Inglaterra para el Mundial. Tuchel lo define como “el paquete completo”. Y el mercado se ha alineado con esa descripción: Manchester City ya vio rechazada una oferta cercana a los 120 millones de libras por parte de Forest. Las conversaciones siguen. El listón económico no deja de subir.

El lamento no es solo de Newcastle. También de Escocia. Anderson, con abuela escocesa, pasó por las selecciones sub-21 y categorías inferiores escocesas. Fue citado para el clasificatorio de la Euro 2024 en Chipre y para un amistoso ante Inglaterra en septiembre de 2023. Se cayó por lesión y, tiempo después, juró lealtad a la camiseta inglesa. Otro talento que se les escapa.

El niño de Wallsend que no daba problemas

La historia de Anderson no arranca en un gran estadio, sino en el patio de Valley Gardens Middle School y en el mítico Wallsend Boys’ Club, la misma cantera de barrio donde se forjaron Alan Shearer, Peter Beardsley o Michael Carrick.

Sus primeros toques llegaron en casa, con sus hermanos mayores Louie y Wil. Este último saltó a la fama por un reality de televisión, pero el foco futbolístico siempre estuvo en Elliot. Jonathan Roys, profesor de inglés y educación física y jefe de curso en Valley Gardens, lo recuerda para BBC Sport como un chico que se hacía respetar desde pequeño: acostumbrado a pelear con dos hermanos mayores, “no daba ni medio paso atrás”.

En 2014, dejó claro que no era un niño más. Capitán de Valley Gardens, firmó un ‘hat-trick’ en el 3-0 que dio al colegio la victoria en la fase inglesa de la Danone Nations Cup, uno de los torneos juveniles más prestigiosos del mundo. Aquella tarde fue una declaración de intenciones.

Sus padres, Iain y Helen, nunca permitieron que los estudios se quedaran atrás. El horario escolar se organizaba alrededor de las sesiones en la academia de Newcastle, el club de su vida, al que parecía destinado desde que tocó un balón.

“Era un chico tranquilo, muy modesto”, recuerda Roys. “Venía de una familia fantástica. Nunca dio problemas, solo trabajaba y cumplía. Los informes, tanto del colegio como de la academia de Newcastle, eran siempre brillantes”.

Anderson destacaba en todo lo que tuviera que ver con deporte: atletismo, cross, eventos en pista cubierta, cricket. Pero el balón mandaba. “Se veía que tenía algo especial. No era el más grande físicamente, pero dominaba el juego. Era el mejor, así que lo poníamos en el centro del campo. Incluso llegó a jugar un partido en la portería contra Wallsend Boys’ Club”, cuenta Roys.

En el claustro llegaron a plantearse seriamente esa famosa apuesta por verle con Inglaterra. No la hicieron. Primero llegó Escocia. Luego, la llamada de la absoluta inglesa, con debut ante Andorra en septiembre de 2025. Su madre, Helen, lo vivió como un sueño: “Sería un día que nunca olvidaríamos ni daríamos por sentado. Pensar que nuestro hijo ha salido a representar a su país sería algo increíble. Va a ser muy emocionante”.

El propio Roys comprobó que el éxito no le había cambiado cuando se cruzó con él en una tienda del barrio. “Me dijo: ‘All right sir’. Y yo pensé: ‘gracias, chaval’. Sigue siendo una inspiración para la nueva generación. Todos están orgullosos de él”.

Bristol Rovers, la universidad del fútbol real

Antes de convertirse en motor de Nottingham Forest y objetivo prioritario de Manchester City, Anderson necesitó un máster acelerado en fútbol profesional. Lo encontró lejos de casa, en Bristol Rovers.

Con Newcastle ya había debutado en enero de 2021, en una derrota de FA Cup ante Arsenal, y sumaría 55 partidos en todas las competiciones con las ‘Urracas’. Pero el punto de inflexión llegó con la cesión a Bristol un año después. Allí le esperaba Glenn Whelan, exinternacional irlandés y jugador-entrenador del club, que aún se maravilla al recordar su impacto.

“Entró en el vestuario y mostró su potencial desde el primer día. Nada le intimidaba. Se veía enseguida que este chico era diferente”, relata Whelan. En los entrenamientos, el cuerpo técnico le ponía a prueba con situaciones de presión. Otros jóvenes se encogían. Anderson iba de frente. “Cogió el toro por los cuernos”.

Hay una fecha marcada en rojo en su desarrollo: 5 de febrero de 2022. Visita a Sutton United, rival duro, de esos que imponen respeto. Parte del cuerpo técnico dudaba en darle minutos en un partido tan físico. Rovers perdía al descanso. Whelan fue claro: “Tenemos que meter a este chico porque es un jugador que cambia partidos”. Entró, ganó un penalti y el equipo rescató un empate. Desde entonces, prácticamente no volvió a salir del once.

Su actitud terminó de convencer a todos. “Tenía una confianza enorme para mostrar lo bueno que era, pero sin arrogancia. Se notaba la educación que traía de casa y ese carácter ‘Geordie’”, explica Whelan. Jugaba partiendo desde la izquierda, pero no se quedaba esperando. Iba a buscar la pelota, se ofrecía una y otra vez, sin importar quién le marcara. Sabía recibir bajo presión y generar juego.

Le encantaba entrenar. Se quedaba después de las sesiones, pedía más, buscaba detalles para mejorar. “Se veía que iba a ser un jugador top”, sentencia Whelan.

La temporada culminó con una de las tardes más salvajes en la historia de Bristol Rovers. El equipo arrancaba la última jornada necesitando mejorar el resultado de Northampton o ganar por cinco goles más que su rival directo para lograr el ascenso a League One. Ganaron 7-0. Anderson firmó el último tanto, a cinco minutos del final, para sellar una remontada imposible en la clasificación: Rovers se metía en el ‘top 3’ por primera vez en toda la campaña. El joven cedido por Newcastle salió a hombros, llevado en volandas por una afición en éxtasis.

De Forest al radar de la élite absoluta

Ese chico que se fue de Bristol Rovers como héroe local es ahora uno de los nombres propios del Mundial. Mientras se concentra con Inglaterra, su futuro se negocia en despachos de alto nivel. Manchester City ya ha probado suerte con una oferta cercana a los 120 millones de libras. Forest dijo no.

Si City insiste, es probable que tenga que diseñar un paquete que supere los 125 millones que llevaron a Alexander Isak de Newcastle a Liverpool el verano pasado. Anderson ya no es solo un internacional inglés en plena ebullición. Sus números en la última Premier League sostienen cada libra de su valoración.

Fue el jugador con más toques de balón en la competición (3.300), el que más veces recuperó la posesión (306), el que más duelos ganó (297) y el que más faltas recibió (80). Datos de volante total, de futbolista que vive en el corazón del juego y lo condiciona todo.

Todo apunta a que empezará la próxima temporada vistiendo de celeste, bajo las órdenes del previsible nuevo técnico de City, Enzo Maresca. Un entrenador obsesionado con el control del juego que encontraría en Anderson un socio ideal entre líneas.

Glenn Whelan no tiene dudas sobre cómo responderá el jugador a ese salto. “El cielo es el límite. No creo que nada le intimide. Ama jugar al fútbol. Si no estuviera en Nottingham Forest o con Inglaterra en el Mundial, estaría jugando en el parque con sus amigos”, asegura. Y remata con una advertencia al resto de Europa: “Va a estar ahí durante muchísimo tiempo. Ya vemos lo que está haciendo en el Mundial, pero con el tiempo los grandes equipos de la Champions League y de todo el mundo se van a sentar a verle jugar”.

Desde aquel patio de Valley Gardens hasta una posible cifra récord en el mercado, la trayectoria de Anderson ha seguido siempre la misma línea: hacia arriba. La pregunta ya no es si cumplirá la vieja corazonada de sus profesores. Es otra mucho más incómoda para el resto: ¿hasta dónde va a llegar este chico que parece no tener techo?

Elliot Anderson: Del patio del colegio al Mundial y a un traspaso récord