Crystal Palace y Everton empatan 2-2 en Selhurst Park
En una tarde gris en Selhurst Park, el 2-2 entre Crystal Palace y Everton encajó perfectamente con la narrativa de sus temporadas: dos equipos de media tabla, inestables, pero peligrosos cuando encuentran ritmo. El duelo, correspondiente a la jornada 36 de la Premier League 2025, enfrentaba a un Palace que llegaba 15.º con 44 puntos y un Everton 10.º con 49, ambos más pendientes de cerrar dignamente la campaña que de mirar hacia abajo.
Heading into this game, el ADN de cada uno estaba muy definido por los números. Crystal Palace había jugado 35 partidos en total, con 11 victorias, 11 empates y 13 derrotas. Su balance goleador global era de 38 tantos a favor y 44 en contra, para una diferencia de goles total de -6, perfectamente coherente con su posición. En casa, el equipo de Oliver Glasner era un conjunto de márgenes estrechos: 18 goles a favor y 21 en contra en 18 partidos en Selhurst Park, promediando 1.0 gol a favor y 1.2 en contra. Un local que rara vez se desborda, pero que tampoco se derrumba.
Everton, por su parte, llegaba como un visitante algo más consistente. En total, tras 36 encuentros, firmaba 13 victorias, 10 empates y 13 derrotas, con 46 goles marcados y 46 encajados: un 0 de diferencia de goles total que lo retrata como un equipo equilibrado, capaz de competir en casi cualquier escenario. On their travels, el conjunto de Liverpool había disputado 18 partidos, con 7 triunfos, 5 empates y 6 derrotas, 21 goles a favor y 22 en contra, medias de 1.2 goles anotados y 1.2 recibidos lejos de Goodison. Números de bloque sólido, más que de vendaval ofensivo.
La elección de Glasner de mantener el 3-4-2-1 —su sistema más repetido esta temporada, con 31 apariciones— volvió a ser la piedra angular del plan local. Enfrente, Everton presentó un once sin formación declarada en los datos, pero su temporada habla de un 4-2-3-1 como dibujo de referencia, utilizado en 21 ocasiones. Sobre esa base se construyó un partido de ajedrez físico y territorial que terminó derivando en intercambio de golpes.
Vacíos tácticos y ausencias que pesan
La lista de ausentes explicaba varios matices del encuentro. Crystal Palace no pudo contar con C. Doucoure, E. Guessand, E. Nketiah ni B. Sosa, todos catalogados como “Missing Fixture” por distintas lesiones. La baja de C. Doucoure, en particular, dejó a Glasner sin un mediocentro de corte y energía, obligando a que A. Wharton y D. Kamada asumieran más responsabilidad en la base del juego y en las coberturas.
Everton también llegó mermado: sin J. Branthwaite, I. Gueye y J. Grealish. La ausencia de Branthwaite restó autoridad y salida limpia en la zaga; la de I. Gueye, colmillo en la presión y protección del carril central; y la de J. Grealish, uno de los grandes generadores de ventajas del equipo (6 asistencias en la temporada), dejó al bloque de ataque sin una fuente clave de desborde y faltas provocadas.
En cuanto a disciplina, ambos equipos venían con historiales que invitaban a la cautela. Crystal Palace mostraba una distribución de tarjetas amarillas muy concentrada en el tramo final de cada parte: el 19.72% de sus amarillas llegaban entre el 31-45’, y un 18.31% entre el 46-60’, con un 15.49% tanto en el 61-75’ como en el 76-90’. Un equipo que se calienta cuando el partido se rompe. Además, había sufrido 2 expulsiones, ambas entre el 46-75’, señal de que la agresividad tras el descanso podía convertirse en riesgo.
Everton, por su lado, acumulaba amarillas sobre todo en el tramo 76-90’, con un 21.74% de sus tarjetas en ese segmento, y otro pico entre el 46-60’ (20.29%). Su mapa disciplinario habla de un conjunto que llega muy al límite cuando defiende ventajas o resultados ajustados. Las 4 rojas de la temporada, repartidas entre los primeros minutos (0-15’) y el último cuarto de hora, refuerzan la idea de un equipo que no siempre gestiona bien la tensión.
Duelo de cazadores y escudos
Aunque el héroe goleador del día no figura en la lista de máximos anotadores de la liga, el peso ofensivo de Palace en la temporada se explica en gran parte por J. Mateta, presente en el banquillo. Con 11 goles totales, 55 disparos y 31 a puerta, Mateta es el “cazador” de referencia en el ecosistema de Glasner, un delantero que vive del área y de la capacidad del equipo para llevarle balones limpios. Sus 4 penaltis anotados sobre 4 intentos confirman, además, que es un ejecutor fiable desde los once metros.
Frente a él, el “escudo” de Everton se estructuraba en torno a J. Tarkowski y M. Keane, pero también en la lectura de juego de J. O’Brien, un central que combina agresividad (20 faltas cometidas, 4 amarillas y 1 roja en liga) con una notable capacidad para ganar duelos (186 ganados de 301). Sus 16 bloqueos de disparo esta temporada muestran a un defensor que no teme hundirse en el área para proteger a J. Pickford.
En la sala de máquinas, el gran foco estaba en el choque entre el doble pivote creativo de Palace y el motor de Everton. A. Wharton y D. Kamada, escoltados por los carrileros D. Munoz y T. Mitchell, debían encontrar líneas de pase entre líneas para activar a I. Sarr, B. Johnson y J. S. Larsen. Enfrente, J. Garner era el auténtico “engine room” de los visitantes: 1.665 pases totales con un 86% de precisión, 52 pases clave y 115 entradas lo definen como un mediocampista total, capaz de iniciar juego, romper líneas y, a la vez, sostener el bloque en fase defensiva. Sus 11 amarillas, sin embargo, recuerdan que vive constantemente en el filo.
Sin J. Grealish, Everton necesitaba que K. Dewsbury-Hall e I. Ndiaye asumieran más peso creativo entre líneas, conectando con Beto y atacando los espacios a la espalda de los carrileros de Palace. El 3-4-2-1 local, por definición, deja zonas vulnerables a la espalda de D. Munoz y T. Mitchell si la línea de tres (C. Richards, M. Lacroix y J. Canvot) no bascula con precisión.
Pronóstico estadístico y lectura del 2-2
Desde los datos de temporada, un intercambio de goles como el 2-2 encaja con la tendencia de ambos. Crystal Palace, con un promedio total de 1.1 goles a favor y 1.3 en contra, suele vivir en partidos apretados donde un detalle decide. Everton, con 1.3 a favor y 1.3 en contra en total, es casi un espejo: concede, pero también golpea con cierta regularidad.
La solidez relativa de Everton on their travels —7 victorias y solo 22 goles encajados en 18 salidas— sugería que el plan visitante pasaría por controlar el ritmo, minimizar la exposición y castigar las pérdidas de Palace cuando sus carrileros se proyectaran. Palace, con 7 porterías a cero en casa y 7 partidos en Selhurst en los que no logró marcar, se mueve en un filo muy fino entre la versión compacta y la inofensiva.
En términos de xG hipotético, el guion previo apuntaba a un partido de márgenes estrechos, con un ligero plus para Everton si lograba imponer su estructura de 4-2-3-1 y explotar la circulación de J. Garner. Sin embargo, el 3-4-2-1 de Glasner, bien ejecutado, tiende a generar situaciones de superioridad en los carriles y segundas jugadas en la frontal, donde jugadores como D. Kamada e I. Sarr pueden marcar diferencias.
El 2-2 final, por tanto, puede leerse como la cristalización de dos identidades: un Palace que, pese a sus carencias, encuentra vías para hacer daño en casa, y un Everton que, incluso sin piezas clave como J. Branthwaite, I. Gueye y J. Grealish, mantiene su capacidad competitiva. Siguiendo los patrones de la temporada, el reparto de puntos respeta la lógica de sus medias goleadoras y de su fragilidad defensiva compartida, dejando la sensación de que, más que fallar un plan, ambos equipos ejecutaron exactamente lo que sus números venían anunciando desde hace meses.






