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Blackburn Rovers y la dura realidad del Championship

Blackburn Rovers está chocando con una verdad incómoda del Championship: jugar bien sirve de poco cuando no tienes fondo de armario para rematar los partidos.

La época en la que los entrenadores hablaban de su “mejor once” ya pasó. Hoy el éxito se construye con profundidad, con capacidad para adaptarse y con suplentes que cambian encuentros. Ahora mismo, Rovers apenas tiene nada de eso. Y se nota.

Las lesiones forman parte del juego, sí. Pero las tres derrotas recientes por 2-1 dibujan siempre la misma escena: Tony Mowbray en la banda, mirando al banquillo y preguntándose cómo puede ayudar a un equipo exhausto con tan pocas alternativas. Un mercado de fichajes discreto no ha hecho más que agrandar el problema.

El sábado, en Preston North End, el equipo viajó con un solo portero senior disponible, un solo central senior y un único delantero centro sano. Nada más.

Tres días después, el panorama apenas había mejorado: un guardameta experimentado apareció al menos en el banquillo, un joven central —ya considerado del primer equipo— regresó, pero el único delantero centro en condiciones pasó a ser ninguno. Andri Gudjohnsen se sumó a la lista de bajas.

La estadística es demoledora: 23 jugadores utilizados en el Championship cuando apenas van seis jornadas. No es una señal de competencia feroz por los puestos. Es la prueba de una plantilla llevada al límite desde el arranque.

El contraste con Sheffield United lo dice todo

En el otro lado, Sheffield United ofreció una imagen muy distinta. Chris Wilder pudo tirar de recursos de lujo: entraron al campo internacionales como Matt Doherty y Kalvin Phillips, además de Tyrese Campbell y Oli Arblaster. Poder elegir, poder refrescar, poder decidir partidos desde el banquillo.

Rovers, en cambio, se vio obligado a dar el debut en casa al fichaje de última hora Gady Beyuku y a lanzar al césped a Harvey Higgins, de apenas 17 años. Dos realidades opuestas en una misma tarde.

Mowbray lo reconoció sin esconderse: «Se siente como una excusa y una salida fácil para mí. Espero que para el parón internacional tengamos de vuelta a cuatro o cinco».

Dominio sin premio y errores que se repiten

Y ahí está la gran frustración del técnico. Porque Blackburn fue suficientemente bueno como para sacar algo del partido. El equipo generó ocasiones, firmó 19 remates y pasó largos tramos del encuentro instalado en campo rival, mandando.

Pero otra vez, errores evitables costaron caro.

«No puedes regalar partidos así cuando eres tan dominante y mereces ganar. Mereces marcar más goles. No puedes seguir encajando dos goles por partido, porque no vas a ganar muchos si haces eso», lamentó Mowbray. «No me interesa cuántos toques en el área rival, cuántos tiros o centros tenemos. El balón tiene que entrar, y preferiría tener una cifra terrible de goles esperados y ganar 2-1».

En Preston ya habían concedido goles blandos. Aquí, repitieron el mismo patrón. Más allá de las lesiones, eso tiene que cambiar.

El técnico incluso lanzó un mensaje directo a Hayden Carter, central aún sin un solo partido como titular en liga esta temporada: «Acabo de decirle a Hayden Carter: si vas a ser el tipo que gana todos los balones aéreos y bloquea todos los disparos, quizá tu momento esté llegando».

Buenas sensaciones, pocos puntos

Hay señales positivas en la manera en que Rovers intenta jugar. El equipo se muestra más ambicioso que el curso pasado, cuando gran parte del año se fue en pensar primero en sobrevivir.

El problema es que los resultados todavía no respaldan ese optimismo. De hecho, Blackburn tiene dos puntos menos que a estas alturas de la temporada anterior. Y eso pesa.

Por eso, los próximos duelos ante Millwall y Portsmouth, justo antes del parón internacional, se sienten clave. Como siempre, se podría decir que “todos los partidos son importantes”, pero aquí el matiz es distinto: Rovers necesita convertir las buenas actuaciones en algo tangible, en victorias, antes de que la frustración empiece a devorar la fe del vestuario.

Los equipos que pelean arriba tienen algo en común: alternativas, competencia interna y revulsivos en el banquillo. Hasta que Blackburn pueda decir lo mismo, seguirá caminando por esa delgada línea entre actuaciones ilusionantes y derrotas que dejan un sabor amargo.

La cuestión es clara: ¿encontrará Mowbray las piezas que le faltan antes de que el Championship dicte sentencia?