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Bernadette Amani: De Dougbafla a la Cima del Fútbol Femenino

Siete meses después de aterrizar en Alemania, Bernadette Amani vive justo en el lugar con el que soñaba. Un doblete histórico con Bayern Munich en apenas media temporada —Bundesliga y Copa— la ha instalado en la élite con una velocidad que impresiona, pero que no sorprende a quien conozca su recorrido.

“Es un sueño hecho realidad, y lo estoy viviendo al máximo”, confesó la centrocampista de 28 años en una entrevista exclusiva con DW, a las puertas del inicio de la Copa Africana de Naciones Femenina en Marruecos. La frase no suena a tópico en su boca. Tiene demasiado camino detrás.

De Dougbafla a Múnich

Para Amani, vestir la camiseta de Bayern Munich no es solo un salto deportivo. Es un símbolo. “Múnich es un club muy, muy grande. Más allá de hacerme feliz, es un logro real, un sueño hecho realidad jugar para un club tan prestigioso”, subrayó.

La comparación con su etapa en CD Tenerife Femenino, en la Liga F española, es inevitable. Y contundente.

“Ya era profesional en España, pero no era el mismo nivel de profesionalismo”, explicó. En su relato aparece una diferencia clave: la estructura. “En España o en Costa de Marfil, el cuerpo técnico podía ser de cinco o seis personas. Aquí hay ocho o diez. Eso les permite (a las jugadoras) rendir a un nivel muy alto durante mucho tiempo”.

Ese andamiaje se nota en el día a día. En el detalle. En la exigencia. En cómo se pule el juego de una futbolista que ya era internacional, pero que en Alemania ha descubierto otra dimensión.

“He aprendido muchísimo sobre aspectos que no conocía: cómo posicionarme, cómo colocar el cuerpo, cómo relacionarme con el balón y cómo pensar”, relató. “Entender realmente el juego es algo que estoy aprendiendo poco a poco junto a las jugadoras y al cuerpo técnico”.

El mensaje es claro: en ese entorno, es casi imposible no mejorar. Y ella lo está exprimiendo.

Una vocación que nació a escondidas

Nada en su infancia en Dougbafla apuntaba a que acabaría levantando títulos en Alemania. Jugaba con los chicos del pueblo, sin saber que el fútbol podía ser una profesión. En casa, el balón no era prioridad. Sus padres querían otra cosa: estudios, estabilidad, un futuro lejos de los riesgos del deporte.

Para garantizar esa educación, la enviaron a Abiyán. Aquel cambio de ciudad, pensado para abrirle las puertas de la escuela, terminó abriéndole otra puerta: la del fútbol organizado.

En la capital descubrió la liga femenina. Un día fue a un partido. No era cualquiera: el líder contra el segundo. El impacto fue inmediato. “Vi la intensidad, vi la técnica”, recordó. Y después escuchó algo que le cambió la perspectiva: algunas jugadoras no estaban porque jugaban en Serbia, otras en Turquía.

Ahí encajaron todas las piezas. “Fue una revelación; me hizo entender que podía ganarme la vida con lo que amo”.

Entre los equipos que vio aquel día estaba Onze Soeurs de Gagnoa. Le ofrecieron una prueba. La superó. En menos de un año ya estaba en la tercera división española. Cinco años después, había llegado a la Liga F con Eibar. Siempre con la vista puesta en el siguiente escalón, dio el salto a Tenerife, plataforma de lanzamiento hacia lo que hoy define sin rodeos: Bayern es “la cima”.

Pero no se engaña. No se ve instalada en una zona de confort. “Desde fuera te dicen: ‘Has trabajado, has llegado a Bayern, un club que gana títulos, profesional y reconocido en todo el mundo’”, contó. “Pero alguien que está dentro del fútbol te dirá que ahí empieza la parte difícil. Mantenerte es todavía mejor. Y es difícil no bajar la guardia”.

El brazalete y otro reto: WAFCON 2026

Durante estas semanas, sin embargo, la prioridad no está en Säbener Straße ni en la próxima temporada en Alemania. Está en Marruecos. En la Copa Africana de Naciones Femenina. Y en un brazalete: el de capitana de Costa de Marfil.

WAFCON 2026 marca el regreso de las Elefantas a la gran cita continental tras 12 años de ausencia. Llegaron por la puerta de última hora, como una de las cuatro selecciones añadidas cuando el torneo se amplió de 12 a 16 equipos. Pero no viajan para hacer bulto.

“El objetivo que se nos ha marcado es, por supuesto, no hacerlo peor que en la última Copa Africana de Naciones que jugamos: es decir, terminar terceras”, afirmó. Es una vara de medir alta, pero no irreal.

La realidad del grupo es distinta a la de 2014. Costa de Marfil cuenta ahora con más jugadoras en grandes ligas europeas, un dato que respalda el crecimiento silencioso del fútbol femenino marfileño. Sin embargo, casi la mitad de la plantilla vive su primera experiencia en una WAFCON. Juventud, ilusión y cierta dosis de incertidumbre. Amani lo sabe, pero no se esconde.

“Vamos a centrarnos en nuestro propio juego, y sabemos que tenemos cualidades para poner en apuros a nuestras rivales”, aseguró.

En Casablanca, el discurso se tradujo en hechos. Costa de Marfil se impuso 4-1 a Burkina Faso en su debut, un triunfo rotundo que las dejó como líderes del Grupo B y que confirmó la autoridad del equipo en su regreso al gran escenario africano.

El siguiente obstáculo, sin embargo, eleva la exigencia. El viernes les espera Sudáfrica, segunda en el ranking del continente. Sobre el papel, un examen mucho más duro. En la práctica, un duelo que llega con matices: las sudafricanas tropezaron en su estreno con una sorprendente derrota por 2-1 ante Tanzania.

Un gigante herido frente a una selección que vuelve después de 12 años y que ha arrancado con paso firme. Un Bayern Munich en la mochila y un país en el brazo, con el brazalete de capitana. Bernadette Amani ya ha demostrado que sabe transformar las oportunidades en saltos de carrera.

La pregunta ahora es hasta dónde puede llevar a las Elefantas en este regreso a la escena africana. Y cuánto más puede crecer una futbolista que, desde Dougbafla hasta Múnich, ha convertido cada obstáculo en un peldaño.

Bernadette Amani: De Dougbafla a la Cima del Fútbol Femenino