Arteta y su enfoque para entrenar el caos
Mikel Arteta no se quejó ni un segundo del retraso de vuelo que sufrió Arsenal rumbo a Italia para enfrentarse a Napoli en la Champions League. Al contrario. Dijo que ya lo tenían ensayado.
El vigente campeón de la Premier League llegó con tres horas de demora por problemas de control aéreo, un contratiempo que en otros vestuarios habría disparado nervios, excusas y caras largas. En el suyo, no. Y el entrenador explicó por qué.
“Me encantan esos desafíos, intento crearlos en pretemporada”, contó en rueda de prensa antes del duelo liguero del sábado ante Sunderland (20:00 BST). Su idea es simple y radical: acostumbrar al equipo a vivir incómodo.
Según relató, durante la preparación veraniega altera a propósito los planes de viaje, los horarios y hasta las condiciones del vestuario. “Cuando pasan estas cosas, ya las hemos vivido y estamos preparados”, insistió.
Entrenar la incomodidad
Arteta detalló cómo lleva esa filosofía al día a día. Obliga al equipo a llegar muy tarde a los estadios. Cambia las rutinas para que los jugadores tengan que improvisar. Retrasa comidas o transportes. Elige rutas distintas hacia los campos. Incluso sube la temperatura del vestuario para que resulte más sofocante y molesto.
El objetivo: que nada sorprenda en un día de partido.
“Puede cancelarse un vuelo, retrasarse un tren, haber muchísimo tráfico… No quiero a jugadores y cuerpo técnico entrando en pánico”, explicó. Ante un imprevisto, su mensaje es claro: adaptarse, no lamentarse.
Si el equipo se queda bloqueado dos o tres horas en un avión, él les pide que le den la vuelta a la situación. “¿Podemos aprovecharlo? Jugar juntos, pasar tiempo juntos, dormir. Pero no quejarse ni usarlo como excusa, porque no ayuda en absoluto”.
Un método tan peculiar como constante
No es la primera vez que el técnico español recurre a métodos poco convencionales para preparar a su equipo, tanto en lo mental como en lo emocional.
En una ocasión apareció en el vestuario con una bombilla en la mano para pedir a sus futbolistas energía y luz en el campo. Otro día llevó a unos carteristas profesionales a una cena del equipo: les robaron móviles y carteras para, después, devolverlos y convertir el susto en una lección sobre concentración y alerta permanente.
En 2023 introdujo un perro, llamado Win, en el centro de entrenamiento. Lo presentó como un símbolo de familia y de unión, una presencia cotidiana pensada para reforzar los lazos del grupo y el estado de ánimo.
Todo encaja en la misma idea: un vestuario que convive con lo inesperado responde mejor cuando el caos aparece en el peor momento. Y en una temporada larga, con viajes, retrasos y presión máxima, la pregunta ya no es si volverá a pasar algo raro. La cuestión es cuántas veces Arsenal agradecerá haber entrenado también el desorden.






