Arsenal y Martin Odegaard: camino hacia el Santo Grial
Arsenal se quedó a un solo partido del doblete soñado la temporada pasada: Premier League y Champions League. Perdió la final europea en los penaltis ante Paris Saint-Germain y aun así levantó su primera liga en 24 años con un capitán a medio gas, limitado por las lesiones y la irregularidad. Ahora, con Martin Odegaard desatado, la pregunta es inevitable: ¿hasta dónde pueden llegar?
Odegaard, de las dudas al dominio
El noruego, 27 años, jugó el curso pasado con el freno echado. Problemas de rodilla y hombro, apenas 36 partidos en todas las competiciones, un solo gol y siete asistencias. En la Premier League solo pudo participar en 24 encuentros del equipo campeón. Demasiado poco para alguien que se exige mucho más.
Dio señales de vida en el Mundial, llevando a Noruega hasta los cuartos de final, donde cayó ante Inglaterra. Aquello fue un aviso. Lo que está haciendo en este arranque de temporada es otra cosa: es un salto de nivel.
Su declaración de intenciones llegó en Cardiff, en la Community Shield ante Manchester City. Con el partido encarrilado, firmó el 3-0 con una acción casi insolente: sentó a Gianluigi Donnarumma y empujó el balón a puerta vacía. Un gesto de confianza, de futbolista que vuelve a sentirse dueño del escenario.
Desde entonces no ha levantado el pie. Gol en el 3-0 frente a Coventry City. Gol decisivo en la remontada ante Chelsea en el Emirates, un 2-1 que mantuvo el pleno de victorias ligueras. Y, sobre todo, el latigazo en Nápoles que puede marcar el tono de toda la campaña europea.
Un zurdazo para abrir Europa
Arsenal abrió su andadura en la Champions League con una exhibición de control en casa de Napoli. Dominio, ocasiones, 26 disparos —su cifra más alta en la competición desde que hay registros, en la temporada 2003-04— y, sin embargo, el marcador se resistía. Napoli, parapetado con un plan defensivo digno del manual de Max Allegri, aguantaba.
Hasta que apareció el capitán.
A un cuarto de hora del final, Odegaard se perfiló y soltó un zurdazo imparable para firmar el 1-0. Golazo y sentencia. El noruego no solo decidió el partido, lo marcó desde el primer minuto con su trabajo, su liderazgo y su capacidad para asumir responsabilidades cuando el equipo lo pedía a gritos.
Mikel Arteta lo resumió con claridad: necesitan jugadores con esa mentalidad, que decidan partidos, que jueguen con personalidad y se atrevan a tomar riesgos. El técnico subrayó que el capitán está llegando a esas zonas de remate con mucha más frecuencia. El resultado está a la vista: un tanto que vale tres puntos y un golpe de autoridad en un grupo que todavía incluye citas pesadas, como la visita de Real Madrid a Londres y el viaje a Múnich para medirse a Bayern.
El mejor Arsenal aparece cuando manda el ’8’
La sensación es nítida: con este Odegaard, Arsenal parece capaz de superar cualquier examen. El equipo juega con una calma y una madurez que no se improvisan. Vienen de un año de gloria, sí, pero ahora dan la impresión de querer algo más, de no conformarse.
Nedum Onuoha, exdefensa de la Premier League y analista en Match of the Day, lo ve igual. Apunta que el noruego quiere tener un impacto aún mayor esta temporada, que siente que tiene cuentas pendientes en la Champions. Su ambición es enorme: ser el primer capitán de Arsenal en levantar ese trofeo.
Onuoha lo dice sin rodeos: cuando Odegaard está en forma, lleva al equipo a otro nivel. El mejor Arsenal, el que de verdad intimida, aparece cuando él tira de los hilos. Incluso en los días en los que el noruego no brilla, el conjunto de Arteta puede ganar. Pero la versión más alta del campeón inglés llega cuando el ’8’ multiplica a los que le rodean, cuando su creatividad, sobre todo desde la derecha, activa a todos los atacantes y altera los patrones de ataque.
En Nápoles, además de su gol, volvió a exhibir su catálogo: protección de balón impecable, pases filtrados, pausa cuando hacía falta y trabajo defensivo constante. Un capitán completo, sin concesiones.
Un equipo con cuentas pendientes en Europa
Arsenal ha aprendido a sufrir en la Champions League. Cayó en la final de 2006 ante Barcelona. Volvió a perder el título la pasada temporada frente a PSG. Dos golpes que han convertido la competición en una obsesión. Un objetivo casi místico.
El contexto de este inicio invita a pensar que el equipo está mejor armado que nunca para intentarlo. La forma en que derribaron el muro de Napoli, sin ansiedad, sin precipitación, habla de un grupo que ha madurado. Ya no se conforma con competir; quiere dominar.
Arteta desliza que Odegaard juega como si tuviera algo que demostrar. Y es verdad. Sabe que, mientras el club vivía una temporada histórica, su aportación personal no estuvo a la altura de sus propias expectativas. Este curso está empeñado en corregir ese matiz.
Arsenal va a necesitar cada gramo de ese carácter. Le esperan noches duras, rivales con colmillo y escenarios hostiles. Pero esta vez, a diferencia de otras campañas, aterriza en Europa con un capitán sano, en plena forma y decidido a dejar huella.
La Champions sigue siendo el Santo Grial del club del norte de Londres. Si Odegaard mantiene este nivel, ¿quién se atreve a apostar en su contra?






