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Argentina se prepara para enfrentar a Egipto: Messi en la cuerda floja

Argentina avanzó. Sufrió, sangró y avanzó. Pero a 48 horas de su duelo de octavos de final ante Egipto, la gran pregunta atraviesa cada conversación albiceleste: ¿cómo llega Lionel Messi?

El capitán será evaluado antes del inicio del partido después del golpe en la cabeza que sufrió en la agónica victoria 3-2 sobre Cabo Verde, un encuentro salvaje decidido en la prórroga en el Hard Rock Stadium de Miami. Messi, a sus 39 años, jugó los 120 minutos. No pidió el cambio. No levantó la mano. Pero el impacto dejó preocupación en el cuerpo técnico.

El golpe no fue un simple susto. En un partido que se le complicó mucho más de lo esperado al campeón del mundo, el astro de Inter Miami terminó con una contusión tras un choque en plena batalla. Aun así, se mantuvo en el campo hasta el final, símbolo de una selección que tuvo que tirar de carácter para no despedirse prematuramente del torneo.

Un campeón contra las cuerdas

El guion parecía controlado cuando Messi abrió el marcador a los 29 minutos, con la naturalidad de quien lleva toda una vida decidiendo partidos. Argentina dominaba, movía la pelota y parecía encaminar una noche tranquila en Florida.

Pero el campeón se complicó. Cabo Verde, sin nada que perder, fue creciendo. Deroy Duarte forzó la prórroga y encendió las alarmas. De repente, el campeón del mundo estaba atrapado en un partido que nadie había imaginado tan largo, tan físico, tan incómodo.

En el tiempo extra, Lautaro Martínez apareció en el segundo minuto del alargue para devolver algo de calma. Gol de nueve puro, de área, de los que sostienen proyectos enteros. Parecía el golpe definitivo.

No lo fue. Sidny Lopes Cabral volvió a empatar y hundió al estadio en un murmullo de incredulidad. El campeón, otra vez al borde del abismo ante un rival teóricamente menor.

El desahogo llegó de la forma más cruel para los africanos: un gol en propia puerta de Diney en el minuto 111 selló el 3-2 y el pase a cuartos. No hubo poesía, hubo supervivencia. Lionel Scaloni y los suyos respiraron en Miami; el próximo examen será en Atlanta, Georgia, frente a Egipto.

Medina, otro aviso físico

No fue solo Messi. El partido dejó otra señal de alarma en la pizarra de Scaloni: Facundo Medina tuvo que abandonar el campo, aparentemente fundido. El seleccionador aclaró después que se trató de calambres, producto del enorme despliegue.

“Terminó muy cansado porque también lo usamos bastante en ataque”, explicó Scaloni. “Terminó acalambrado, pero está bien”.

El mensaje tranquiliza, pero también desnuda la exigencia a la que se está sometiendo el plantel. Un torneo largo, partidos que se enredan, prórrogas inesperadas y un once que el técnico ha decidido tocar lo menos posible.

Un once cada vez más definido

Scaloni, que durante años se caracterizó por rotar y ajustar, parece haber encontrado ahora una estructura fija para este torneo. Y tiene un núcleo muy marcado de Premier League.

Emiliano Martínez, de Aston Villa, es inamovible bajo palos. Cristian Romero y Lisandro Martínez sostienen el centro de la zaga, una pareja que mezcla agresividad, lectura y personalidad.

En las bandas del 4-4-2 aparece una de las particularidades de esta Argentina: Rodrigo De Paul y Thiago Almada, ambos centrocampistas naturales, ocupan los costados. De Paul, pulmón y termómetro del equipo, se abre para dar equilibrio y ayudas constantes; Almada, más cercano a un clásico enganche, parte desde afuera pero piensa siempre hacia adentro, como un número 10 disfrazado de volante.

Arriba, la jerarquía manda: Lionel Messi y Lautaro Martínez forman la dupla elegida, una sociedad que combina la pausa y el genio del capitán con la voracidad del delantero del área. En el banco espera Julián Álvarez, figura de Atlético de Madrid y protagonista de rumores de salida, obligado por ahora a aceptar un rol secundario en un equipo donde los galones pesan.

Atlanta espera respuestas

El triunfo ante Cabo Verde dejó una certeza y varias dudas. La certeza: Argentina sigue viva, incluso cuando juega lejos de su mejor versión. Las dudas: el desgaste físico, la dependencia de Messi y el margen real de mejora ante rivales de mayor jerarquía.

Egipto no tendrá el cartel de otros gigantes, pero llega con orden, intensidad y nada que perder. Argentina, en cambio, carga con todo: el título, la expectativa y la obligación de que su capitán esté listo.

Messi será revisado hasta el último minuto. Si juega, nadie se sorprenderá de verlo otra vez asumir la responsabilidad total. Si no lo hace, el campeón descubrirá de golpe cuánto ha aprendido a vivir sin él.

Atlanta no solo dictará un resultado. Puede marcar el tono del resto del Mundial para una selección que ya sabe lo que es sufrir… pero que aún no está dispuesta a soltar la corona.

Argentina se prepara para enfrentar a Egipto: Messi en la cuerda floja