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La amistad entre Jude Bellingham y Erling Haaland

La complicidad entre Jude Bellingham y Erling Haaland no nació en esta Eurocopa ni en los vestuarios de sus actuales clubes. Viene de atrás, de los días compartidos en Borussia Dortmund, y se ha convertido en uno de los relatos más inesperados y humanos alrededor del fútbol de élite. Lo que empezó como una buena sintonía entre dos talentos descomunales hoy es material de culto en redes sociales, reciclado una y otra vez durante el torneo.

En Dortmund ya se habían dado cuenta. El propio club publicó en YouTube un vídeo por San Valentín con ambos leyéndose frases románticas ridículas. En una de ellas, Haaland, imperturbable, suelta: “I'd like to take you to the movies but they don't let you bring in your own snacks”. El noruego, hierático; Bellingham, entre la risa y la vergüenza ajena. Dos supercompetidores jugando a reírse de sí mismos.

Ese tipo de escenas, que en otro tiempo habrían quedado puertas adentro, hoy viven una segunda vida. Clips cortos, editados, subtitulados, convertidos en memes. Y, sin quererlo, han colocado a Bellingham y Haaland en un lugar distinto al del típico futbolista de élite: menos producto, más persona.

El experto en relaciones públicas Mark Borkowski lo resume con una mirada larga al pasado reciente del fútbol. “Si vuelves a los años 90 o 00, muchas marcas rompían con los futbolistas porque se portaban muy mal”, explicó a la BBC. Aquella era del exceso, de los escándalos y de los titulares incendiarios, ha dado paso a otra generación. “Si miras a esta generación de futbolistas, son de otra raza y creo que tiene mucho que ver con las redes sociales”, apuntó.

En ese contexto, la dupla Bellingham–Haaland encaja con naturalidad. “Haaland viene de una familia bastante sana”, señaló Borkowski, subrayando un origen más estable y menos caótico que el de muchos ídolos de décadas anteriores. Y hay otro matiz clave: “Con ambos tiene mucho que ver el toque europeo (jugar en Europa a nivel de clubes), que les ha hecho ser conscientes de diferentes culturas y les ha convertido en lo que son”. Dos jóvenes que han crecido viajando, mezclándose, aprendiendo a moverse en vestuarios multiculturales.

El resultado es una amistad que desarma tópicos. No hay pose de tipos duros ni necesidad de marcar territorio a cada gesto. De hecho, parte de la afición ha ido un paso más allá en la narrativa, invocando la novela romántica de hockey sobre hielo Heated Rivalry y bautizando en redes la química entre ambos como “Cleated Rivalry”: una especie de versión futbolística, ficcionada y entusiasta, de esa tensión competitiva con guiños de comedia romántica. Todo ello pese a que ambos están, según se informa de forma reiterada, en relaciones con mujeres.

¿Por qué engancha tanto esta historia? Porque rompe con el tono dominante del fútbol en internet. “En cierto modo es un antídoto, en el sentido de que da a la gente un respiro frente a los lados más agotadores del fútbol en redes sociales”, explicaba otro analista al mismo medio. El ecosistema digital del deporte suele girar alrededor del enfado, la polarización, la necesidad constante de convertir a cada jugador en héroe o villano.

Frente a eso, los vídeos de Bellingham y Haaland hacen algo muy simple y muy poderoso: “re-humanizan” a dos figuras que casi siempre se presentan como activos multimillonarios, rivales o máquinas de hacer goles. Aquí no hay cifras, hay gestos. No hay cláusulas, hay bromas. Son, como recuerda el experto, “dos de los jugadores más despiadadamente competitivos del mundo”, pero fuera del césped se muestran “graciosos, cariñosos y claramente cómodos mostrando que se preocupan el uno por el otro”.

Hay algo casi subversivo en ver a dos jóvenes atletas de élite, varones, mostrando una amistad cálida, abierta, sin necesidad de fingir hostilidad para la cámara. Pueden querer destrozarse deportivamente en 90 minutos y, al mismo tiempo, respetarse y apreciarse. Y eso, en un entorno que a menudo exige dureza impostada, refresca.

La combinación de personalidades también ayuda. Bellingham aparece como el más pulido, articulado, emocionalmente expresivo. Haaland, en cambio, es excéntrico, seco, perfecto material para memes. Juntos, como apunta el análisis, “revelan facetas del otro que los aficionados no suelen ver cuando están actuando como atletas de élite”. El inglés se permite más humor; el noruego, más ternura. Y el público observa fascinado esa grieta en la armadura.

Detrás de Bellingham, además, hay una estructura familiar muy presente. Su vida privada se mantiene en un segundo plano, pero es ampliamente citado que mantiene una relación con la modelo estadounidense Ashlyn Castro, aunque él no ha querido hablar de ello. De lo que sí habla, y mucho, es de sus padres.

“Mirando atrás, creo que si hubiera tenido un padre que no jugara al fútbol, probablemente nunca me habría metido realmente en el fútbol, porque no había nada que me motivara a jugar al principio”, contó en la web de la federación inglesa. La figura paterna, exfutbolista, como puerta de entrada al juego. El ejemplo en casa antes que el ídolo lejano.

La otra mitad del andamiaje emocional es su madre. “Y luego está mi madre, que me ha enseñado más sobre la vida fuera del fútbol, pero encaja bastante bien”, explicó. Lo interesante es cómo ese aprendizaje trasciende lo doméstico: “Incluso algunas de las cosas que mi madre me ha enseñado me las llevo al campo: mantener la calma, estar tranquilo, ser un buen ejemplo para mis compañeros e intentar liderar y cosas así. Creo que mucho de eso viene de mi madre porque es una líder muy buena”.

Ese equilibrio entre ambición feroz y educación sentimental es, en buena medida, lo que hace de Bellingham un personaje tan magnético. Y es también lo que le permite conectar con alguien como Haaland sin que la rivalidad deportiva devore la relación personal.

En un fútbol que durante años vendió el mito del genio indomable, de la estrella problemática como norma, la imagen de dos de los delanteros más temidos del planeta riéndose de frases cursis en un vídeo de San Valentín parece casi revolucionaria. La pregunta, mirando al futuro, es si esta “Cleated Rivalry” marcará un nuevo modelo de cómo se relacionan las grandes figuras… o si seguirá siendo una rara excepción en un deporte que aún lucha por reconciliar humanidad y negocio.