Wrexham bajo presión: bronca política y mala racha deportiva
Wrexham no solo lidia con un mal arranque de temporada. También tiene un frente abierto lejos del césped: su nueva ciudad deportiva ha provocado una seria reprimenda desde la política local.
“Que se pongan en orden”
El concejal Mike Morris, presidente del comité de planificación del consejo comunitario de Gresford, lanzó un aviso contundente al club después de que avanzara en las obras de su nuevo campo de entrenamiento sin contar con la autorización urbanística previa.
En una reunión reciente, Morris fue directo al señalar que los éxitos deportivos recientes no pueden servir de coartada para saltarse los procedimientos administrativos. El foco está en un pabellón nuevo dentro del complejo, para el que el club presentó una solicitud de planificación con carácter retroactivo el mes pasado… cuando las obras ya estaban en marcha.
Morris no escondió su malestar: lamentó que se presenten solicitudes a posteriori “solo porque conviene”, y subrayó que el club quiso ejecutar las obras en verano, aprovechando el parón, pero sin respetar el orden legal de los pasos a seguir. Aplaudió los buenos resultados de Wrexham en los últimos años, pero remarcó que eso “no es excusa” para ignorar el procedimiento.
El mensaje fue claro: el fenómeno global en que se ha convertido Wrexham no tendrá trato de favor. El concejal insistió en que el caso se valorará “como cualquier otra solicitud retrospectiva” y que serán los miembros del comité quienes decidan si la apoyan o no cuando se debata formalmente.
Disculpa formal del club
Ante el tirón de orejas, el club reaccionó con tono conciliador. Aidan Miller, director de estrategia de Wrexham, presentó una disculpa “formal y sincera” tanto al comité como a los vecinos.
Miller explicó que la entidad quiso realizar las obras durante el parón estival, cuando la actividad en la zona se reduce de forma notable, con la idea de concentrar el impacto dentro del propio recinto deportivo y gestionarlo mejor. Admitió, no obstante, que el orden legal de los acontecimientos “no fue el ideal” y reconoció que lo habitual es contar con el permiso de planificación antes de iniciar cualquier desarrollo.
El dirigente defendió que, pese al error de forma, el club ha intentado actuar con responsabilidad: eligió una ubicación ya consolidada como instalación deportiva, aprovechó infraestructuras existentes y diseñó el proyecto para minimizar el impacto sobre los residentes colindantes y la comunidad en general.
También recalcó que Wrexham se ha implicado “de manera plena y exhaustiva” en el proceso de planificación: llevó a cabo consultas previas a la solicitud, habló con los organismos estatutarios y respondió a las preocupaciones sobre aparcamiento, accesos viarios y mitigación de fosfatos, uno de los puntos sensibles en materia medioambiental.
Tormenta fuera… y dentro del campo
Mientras se discuten planos, permisos y plazos, el balón tampoco trae buenas noticias. El equipo de Phil Parkinson atraviesa un tramo áspero de temporada.
La derrota por 6-0 ante West Ham United en el London Stadium fue un golpe severo. No solo por el marcador, sino por lo que revela del momento del equipo. Wrexham marcha en la 16ª posición de la tabla y solo ha sido capaz de sumar una victoria en sus primeros siete partidos de campaña.
El contraste es evidente: un club que empuja con ambición en sus proyectos de infraestructuras, pero que no logra trasladar esa misma autoridad al césped. La presión crece sobre una plantilla obligada ahora a responder en dos frentes: convencer a los planificadores locales fuera del campo y, sobre todo, empezar a convencer de nuevo dentro de él.






