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West Ham pierde ante Charlton tras fallo de penalti

El arranque de West Ham en el Championship se ha torcido todavía más. Derrota en casa, ante un rival londinense, y con un penalti fallado en el minuto 93 por Valentin Castellanos que dejó helado al estadio.

Charlton Athletic, en cambio, salió de un London Stadium lleno hasta la bandera —62.500 espectadores, más de 3.000 visitantes celebrando sin complejos— con la autoridad de quien sabe sufrir y golpear en el momento justo.

Golazo acrobático para silenciar el inicio

El partido apenas había arrancado cuando los visitantes dieron el primer zarpazo. Un largo saque de banda de Sonny Carey cayó en el área local, botó sin que nadie de West Ham reaccionara, y el castigo fue inmediato.

Lloyd Jones, capitán de los Addicks y héroe ya la semana pasada con su cabezazo ante Derby County, se inventó una chilena tempranera para abrir el marcador. Acrobacia en plena área y desconcierto total en la zaga hammer. El 0-1 llegó demasiado fácil, demasiado pronto.

West Ham intentó asentarse con balón, pero la herida defensiva seguía abierta. El equipo de casa mandaba en la posesión, no en las áreas.

Tyreece Campbell vuelve a castigar

Tras el descanso, el guion se volvió aún más cruel para los locales. Tyreece Campbell, decisivo siete días antes ante Derby, volvió a aparecer con la frialdad de un veterano.

Konstantinos Mavropanos se entretuvo en la salida, dudó un segundo. Suficiente. Campbell le robó la pelota, encaró el área, se metió dentro y, ya con todo a su favor, colocó un disparo curvado que dobló la ventaja de Charlton. 0-2 y el fondo visitante en éxtasis.

West Ham quedaba contra las cuerdas, obligado a una reacción a la desesperada.

Piroe aprieta el marcador… y el drama final

A partir de ahí, el balón fue casi en exclusiva de los de casa. Llegadas, centros, insistencia. El dominio, por fin, encontró premio.

Joel Piroe, en su debut, apareció donde viven los delanteros de área: cerca del portero, al límite del fuera de juego, atento al rebote. Remate a bocajarro y 1-2. El estadio despertó. Había partido otra vez.

Charlton empezó a defender cada balón como si fuera el último. West Ham, empujado por la grada, cargó una y otra vez, hasta que en el tiempo añadido llegó la jugada que lo cambió todo: Conor Coventry fue señalado por mano dentro del área. El árbitro no dudó. Penalti.

Valentin Castellanos tomó la responsabilidad en el minuto 93, con el empate en sus botas y la presión pesando sobre cada paso en la carrera. El silencio fue total. El disparo, al final, no encontró el premio. Ocasión desperdiciada, rugido de alivio en la zona visitante, incredulidad en el resto del estadio.

El balón se marchó, y con él una oportunidad de oro para maquillar un inicio de temporada ya marcado por la turbulencia. Charlton celebró un triunfo de carácter. West Ham, entre lamentos, tendrá que preguntarse cuántos puntos más puede permitirse regalar de esta manera en el Championship.