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Werner y su lucha en Leipzig: éxitos y presión

Los números defienden a Werner con una contundencia incómoda para sus críticos. Tras la desastrosa 2024/25 —la peor campaña de RB Leipzig en Bundesliga, sin billete europeo— el equipo resurgió con él en el banquillo hasta quedarse a solo dos puntos del récord de puntos del club en la temporada 2016/17.

No es un detalle menor. Es casi una restitución deportiva.

En el balance frío, Werner se sienta en la mesa de los entrenadores más exitosos de la corta pero intensa historia del club: 1,95 puntos por partido en 38 encuentros. Casi ritmo de Champions, casi ritmo de candidato. Y todo ello en medio de una sacudida estructural que habría hecho tambalear a técnicos con mucho más pedigrí.

Un proyecto desmontado… y reconstruido sobre la marcha

Leipzig no solo cambió piezas. Desmontó el eje de su proyecto. Se fueron los tres máximos goleadores de la temporada anterior: Benjamin Sesko, Xavi Simons y Lois Openda. Se marcharon también dos figuras de peso en el vestuario, Yussuf Poulsen y Kevin Kampl.

En cualquier otro sitio, eso se llama año cero. Transición. Excusa perfecta.

Werner no la utilizó. Reagrupó al vestuario, se ganó —según se apunta desde dentro— el respaldo del grupo y elevó el nivel de varios futbolistas que parecían destinados a un papel secundario. Christoph Baumgartner dio un salto adelante, Nicolas Seiwald se consolidó y el gran fichaje, Yan Diomande, encontró un escenario ideal para convertirse en referencia.

El equipo, pese al ruido exterior, avanzaba. Pero el ruido nunca dejó de crecer.

Dudas en el “Global Team”: el plan, el azar y el factor Diomande

En Leipzig, sin embargo, la aritmética no basta. El relato interno es más áspero. Según un informe de Sky, dentro del llamado “Global Team” hay un escepticismo profundo sobre el futuro de Werner. La crítica es directa: “un poco de suerte aquí, un poco de casualidad allá, demasiado factor Diomande, ningún plan de juego plenamente convincente”.

La idea es clara: el equipo gana, sí, pero no convence a todos los que mandan. Y eso, en un club tan controlado desde los despachos, pesa casi tanto como la clasificación.

El malestar no nació en mayo. Ya en febrero se respiraba un clima denso en el entorno del club. La eliminación en cuartos de final de copa ante un Bayern Munich dominante esta temporada encendió luces rojas en la cúpula.

Mintzlaff sube el listón: “Quiero estar en la Champions League”

Tras el 0–2 ante Bayern, Red Bull CEO Oliver Mintzlaff no cargó contra el partido de copa. Al contrario, calificó la actuación como “respetable” y “decente” frente a un rival que está arrasando este año.

El giro llegó acto seguido. Mintzlaff clavó la mirada en la Bundesliga.

En liga, Leipzig solo había sumado cuatro puntos ante Mainz, St. Pauli y Cologne. Muy poco para un club que se ha acostumbrado a mirar hacia arriba. “En la liga, eso no estuvo ni cerca de lo que queremos. Hago responsable al equipo de ello”, lanzó, aumentando la presión sobre Werner y su cuerpo técnico.

La dirección deportiva había repetido durante meses el mismo mensaje: tras una renovación masiva de la plantilla, el único objetivo era clasificarse para cualquier competición europea. Realismo puro.

Mintzlaff lo dinamitó en una frase: “¡Quiero estar en la Champions League!”. Y añadió que ese objetivo era “alcanzable” porque, según su visión, “al equipo no le falta experiencia, sino la capacidad de ofrecer lo que tiene dentro durante 90 minutos en cada partido de Bundesliga”.

El mensaje fue inequívoco: el listón ya no es “volver a Europa”. Es volver a la élite.

Poco después, Bild informaba de que la presión sobre Werner aumentaba y que el ambiente en el club se volvía “cada vez más gélido”. El termómetro interno marcaba invierno en pleno curso.

Objetivo cumplido… y un futuro en duda

Lo paradójico es que, con el paso de las jornadas, Werner terminó por cumplir el objetivo deportivo. Con una plantilla reconstruida, sin sus grandes goleadores del pasado curso, llevó a RB Leipzig a Europa. El equipo reaccionó, sumó, se acercó a su mejor registro histórico en Bundesliga y dejó atrás el desastre del año anterior.

Y aun así, el entrenador vive con la sensación de que su puesto pende de un hilo.

Si la estructura deportiva que encabeza Schäfer no logra convencer al poderoso consejo de Red Bull, con Mintzlaff al frente, de que Werner es el hombre adecuado para seguir al mando, el técnico podría encontrarse en una situación crítica pese a los resultados.

En Leipzig, los números cuentan. Pero no siempre deciden. La pregunta es cuánto tiempo más podrá un entrenador sostenerse solo con ellos cuando la ambición del club ya mira, sin disimulo, a la Champions League.