Tragedia en Tailandia: Safwan Awae y el rayo fatal
El fútbol en el sur de Tailandia se detuvo de golpe el martes 5 de agosto de 2026. No por un gol decisivo, ni por una tangana, ni por un apagón en el estadio. Se detuvo por un rayo.
En el Santiphap Stadium, en el distrito de Su-ngai Kolok, provincia de Narathiwat, un partido de la Golok Cup se jugaba bajo una lluvia cada vez más densa, típica de los monzones. Sobre el césped, entre charcos y truenos, un joven de 24 años perseguía el balón con la ilusión intacta de quien acaba de alcanzar un sueño. Se llamaba Safwan Awae, extremo de Yala FC, club de la Thai League 3.
No llegó a terminar el encuentro.
Un relámpago, un silencio absoluto
El cielo se abrió en un destello brutal. Un rayo cayó sobre el campo y el partido se convirtió en escena de horror. Safwan Awae fue alcanzado de lleno en plena acción. El juego se paró en seco. El ruido de la tormenta dejó paso a un silencio pesado, apenas roto por los gritos de auxilio.
Las imágenes grabadas desde la grada muestran a jugadores y aficionados corriendo hacia el futbolista, algunos tirando sus chubasqueros al suelo para intentar cubrirlo, otros tratando de reanimarlo allí mismo, bajo la lluvia que seguía castigando el césped. La urgencia mandaba, el marcador ya no importaba.
Los servicios de emergencia llegaron al Santiphap Stadium y trasladaron a Awae al hospital en estado crítico. La carrera contrarreloj continuó en la ambulancia y luego en el centro médico. No fue suficiente. Más tarde, el jefe de policía Thun Sirikhunt confirmó la noticia que nadie quería escuchar: Safwan Awae había muerto a causa de las heridas provocadas por el impacto del rayo.
Doce heridos y un estadio en shock
El rayo no solo golpeó al extremo de Yala FC. Doce futbolistas más resultaron heridos, con quemaduras de diversa gravedad. Entre ellos, el malasio Alif Ezzahan Zulkifli, de 22 años, que participaba también en el torneo regional.
Varios jugadores fueron trasladados al cercano Sungai Kolok Hospital para recibir tratamiento. El partido, la competición, todo quedó en un segundo plano. El fútbol se convirtió en una sucesión de camillas, sirenas y rostros descompuestos.
El contexto agrava aún más la herida. Safwan Awae había firmado su contrato con Yala FC apenas una semana antes. Los informes desde Tailandia coinciden: incorporarse al club era una ambición que arrastraba desde niño. Había llegado por fin. Había dado el paso que tantos sueñan y tan pocos logran. No tuvo tiempo de construir nada más sobre ese logro.
El luto de Yala FC y del fútbol tailandés
El club reaccionó como pudo ante un golpe tan inesperado. Yala FC publicó un comunicado en su página oficial expresando sus profundas condolencias a la familia del jugador. El mensaje no podía devolver la vida a Safwan, pero sí marcaba el inicio del duelo de una institución que acababa de perder a uno de los suyos casi antes de conocerlo.
La Federación de Fútbol de Tailandia (FAT) también se pronunció, asegurando que comparte el dolor con la familia, los amigos y el club en este momento tan difícil. Palabras formales para una tragedia que desborda cualquier protocolo.
El fútbol en Narathiwat, acostumbrado a la pasión local y a los torneos regionales como la Golok Cup, se despertó de repente ante una realidad brutal: a veces, ni la experiencia ni la organización pueden proteger a los jugadores de la naturaleza cuando esta golpea sin aviso.
Un deporte que vuelve a mirar a la vida y la muerte
La muerte de Safwan Awae llega, además, en un contexto en el que el fútbol ya arrastra otras historias trágicas. Desde Brasil, recientemente se conocieron los detalles del asesinato del adolescente Micael Leandro da Silva, abatido a tiros poco después de disputar un torneo amateur en Maceió. Dos realidades distintas, un mismo hilo conductor: jóvenes que encuentran en el fútbol un refugio, un proyecto, una esperanza… y que acaban perdiendo la vida lejos de los grandes focos.
En Tailandia, el caso de Awae deja preguntas incómodas sobre la continuidad de los partidos bajo tormentas severas y los protocolos de seguridad en competiciones regionales. La lluvia monzónica forma parte del paisaje, pero el riesgo es real, como ha quedado dolorosamente demostrado.
Lo que queda ahora es el vacío. El de una banda izquierda sin su extremo. El de un vestuario que había recibido con entusiasmo a un fichaje nuevo y que, en cuestión de días, tuvo que vestir de luto. El de una familia que vio cumplirse el sueño de Safwan Awae solo para verlo desvanecerse en un fogonazo de luz.
El balón, tarde o temprano, volverá a rodar en el Santiphap Stadium. La pregunta es cómo se juega igual después de haber visto caer a un compañero fulminado por el cielo.






