canchaygol full logo

Regreso incómodo de Julian Alvarez al Metropolitano

El regreso de Julian Alvarez al Metropolitano no fue una fiesta. Fue un juicio público. Desde que su nombre apareció en la alineación como suplente ante Villarreal, el ambiente se cargó. La afición de Atlético de Madrid no había olvidado nada.

El delantero argentino, decidido a salir este verano y vinculado con fuerza a Arsenal y Barcelona, volvió a pisar el césped rojiblanco en medio de un pulso abierto con el club, que insiste en que no está en venta. El choque no era solo un Atlético–Villarreal. Era Atlético–Julian Alvarez.

Un recibimiento hostil

El primer veredicto llegó incluso antes del partido. Durante el calentamiento, cada toque del argentino se topó con una lluvia de silbidos. Nada de indiferencia. La grada quiso dejar claro su mensaje: no perdona la intención de forzar la salida.

Cuando en el minuto 66 el cuarto árbitro levantó el cartel y Alvarez se acercó a la línea de banda, el ruido se hizo ensordecedor. Entró al campo entre pitidos, no aplausos. No había rastro de reconciliación.

Un partido encendido… dentro y fuera

Sobre el césped, el duelo ya iba torcido para Atlético. Marc Pubill había adelantado a los locales, pero un penalti transformado por Gerard Moreno cerca de la hora de juego había devuelto el equilibrio. Justo después llegó el turno de Alvarez.

El argentino saltó con el marcador 1-1 y un estadio dividido entre el empuje por ganar el partido y la rabia hacia uno de sus talentos. La noche se volvió aún más áspera cuando otro penalti, esta vez convertido por Georges Mikautadze, puso por delante a Villarreal y silenció a buena parte del Metropolitano. El 1-2 dolía. Y el clima con Alvarez no ayudaba.

El gesto final que lo dice todo

Atlético se lanzó a la desesperada. Y fue otro argentino, Giuliano Simeone, quien apagó el incendio deportivo, si no el emocional. A cinco minutos del final, el atacante apareció para firmar el 2-2 y rescatar un punto que parecía escaparse.

El alivio en la grada contrastó con la actitud de Alvarez al sonar el pitido final. Mientras sus compañeros se quedaron sobre el césped para agradecer el apoyo, el delantero tomó el camino contrario. No miró atrás. Se marchó directo al túnel entre más silbidos, sin participar en el gesto colectivo hacia la afición.

En el marcador quedó un empate. En la relación entre Julian Alvarez y el Metropolitano, una brecha que suena mucho más profunda. La pregunta ya no es solo si se irá este verano, sino cómo se sostiene un vestuario cuando uno de sus nombres propios juega cada minuto bajo juicio de su propia gente.