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Newcastle United: El cambio de Howe a Jaissle y su nueva era

En Newcastle United se cerraba una era, pero casi nadie lo vio venir.

Mientras el equipo regresaba en avión el mes pasado, tras un 4-1 encajado ante Bristol City en un amistoso de pretemporada en Ashton Gate, Eddie Howe no miraba al techo ni al móvil. Volvía a ver el partido. Buscaba respuestas. Incluso en las últimas horas de su mandato, el técnico que había puesto fin a la larga sequía de títulos del club repasaba errores de un encuentro, en teoría, intrascendente.

A la mañana siguiente se hizo público: un Howe exhausto había decidido marcharse. Ya se lo había comunicado a la cúpula un par de semanas antes, aunque aceptó prolongar su estancia hasta que el club cerrara a su sucesor, Matthias Jaissle. En realidad, el relevo ya estaba en marcha mucho antes del comunicado.

Un club obligado a reinventarse

El verano anterior había dejado cicatrices. Un mercado de fichajes dañino, una temporada doméstica áspera y un aviso serio desde Europa: el incumplimiento de las normas financieras de la UEFA obligó a Newcastle a firmar un acuerdo restrictivo. El club tuvo que girar el timón.

Nuevo plan: apuntar a jugadores jóvenes del continente, reforzar el departamento de datos y abrazar un modelo de compraventa más agresivo. No por gusto, sino por necesidad. Para competir… y para sobrevivir.

El coste deportivo ha sido evidente. Las salidas de Sandro Tonali a Tottenham Hotspur y de Anthony Gordon a Barcelona se asumieron como sacrificios dolorosos pero imprescindibles para poder reinvertir. La marcha inminente del capitán Bruno Guimarães a Arsenal, en cambio, nunca formó parte del guion.

El mercado tampoco ha sido un paseo. Objetivos prioritarios como el extremo español Victor Muñoz y el centrocampista suizo Johan Manzambi se escaparon, rumbo a Liverpool y Aston Villa, respectivamente.

Aun así, el verano ha dejado cinco incorporaciones que despiertan curiosidad: los porteros Lukas Hornicek y Ewen Jaouen, los centrocampistas Aladji Bamba y Sean Steur y el delantero Bazoumana Touré. Ross Wilson, director deportivo, sabe que no basta.

“Tenemos que construir un modelo aquí que pueda competir, que pueda ganar”, advirtió. “Pero también uno que funcione para nosotros y no nos obligue a vender jugadores que no queremos vender ni a acabar sancionados por la UEFA”.

En ese contexto, la experiencia de Jaissle moldeando talento joven en Red Bull Salzburg encaja como una pieza central del proyecto.

De Howe a Jaissle: ruptura y continuidad

Jaissle no llega a un desierto. En su propia investigación detectó puntos en común con Howe: exigencia diaria, intensidad en el entrenamiento, gusto por el fútbol de iniciativa. El club también los identificó durante el proceso de entrevistas. Pero el impacto del cambio se ha notado igual. Un shock interno.

El calendario no tuvo piedad. El debut en la Premier League ante Liverpool, el 23 de agosto, se acercaba a toda velocidad cuando el técnico de 38 años dejó Al-Ahli, en la Saudi Pro League, y fue literalmente “paracaidado” en plena concentración de pretemporada en España.

James Bunce, director de rendimiento, comparó la situación con una sesión de “speed dating”: cada minuto cuenta. Y se ha notado.

Su primera semana al mando desemboca en un amistoso exigente ante Valencia, en Mestalla, este sábado. El nivel de los entrenamientos siempre sube cuando llega un nuevo entrenador, porque todos quieren impresionar. Pero lo de estos días ha ido más allá: las dobles sesiones de Jaissle han sido descritas como “fuera de escala”.

Para él, el esfuerzo no es negociable. Como Howe, exige que el equipo entrene como quiere que juegue, que la intensidad del día a día se traslade sin filtro al partido.

Los números avalan el método. En su etapa en RB Salzburg, con dos ligas consecutivas y un pase a octavos de final de la Champions League, su equipo fue el primero de la liga austríaca en recuperaciones altas por partido (9,8) y balones ganados en el último tercio (5,6) por encuentro. Un bloque agresivo, adelantado, incómodo.

En Al-Ahli, la identidad no se diluyó. El conjunto saudí firmó 8,2 recuperaciones altas por partido y ganó 47,6 duelos por encuentro, cifras que dibujan un equipo feroz, capaz de combinar esa agresividad con la adaptación necesaria para conquistar dos veces seguidas la Asian Champions League.

Ahí está la clave para la Premier League: encontrar el punto justo entre un fútbol vertical, de iniciativa, y una estructura defensiva sólida. Jaissle lo sabe. No extraña que haya subrayado la importancia de los partidos con la portería a cero desde el primer día. En una sesión, la cantidad de carreras de repliegue dejó a los jugadores literalmente vacíos.

El jueves, el cuerpo técnico redujo la carga. Jaissle, con el cronómetro colgado del cuello, detectó rápido las piernas pesadas de su plantilla. En las entrevistas se muestra calmado, casi frío. En el césped es otra cosa: un técnico que invade el espacio, que mueve a sus asistentes con las manos para marcar posiciones, que eleva el volumen del entrenamiento con su propia presencia.

Un staff nuevo, un estándar más alto

Jaissle no ha llegado solo. Le acompañan tres asistentes —Alexander Hauser, Engin Yanova y Florens Koch—, dos analistas de campo, Maximilian Fischer y Steffen Konrad, y un entrenador de porteros, Alexander Bade.

Pero el mensaje en su primer discurso fue claro: no basta con el equipo que trae de fuera. Los que ya estaban en el club también deben “elevar los estándares”. No hay refugios ni zonas de confort.

En el horizonte inmediato, un detalle pesa: Liverpool ha tenido más tiempo para adaptarse a su propio cambio en el banquillo, con Andoni Iraola al frente. En Newcastle lo saben. Por eso los analistas y el staff técnico han estado trabajando hasta altas horas, afinando preparación y vídeo, buscando cada matiz que pueda marcar la diferencia en el estreno liguero.

El caso de Lukas Hornicek es un buen ejemplo del ritmo frenético. El guardameta checo aterrizó hace menos de una semana, tras su fichaje desde Braga por 25,7 millones de libras, y ya se ha visto sumergido en un curso acelerado sobre la Premier League: el choque físico en los saques de esquina, la forma en que los rivales cargan el área, la necesidad de imponerse entre gigantes que se le echan encima.

¿Está listo para ese combate?

“Por supuesto”, respondió Hornicek.

Newcastle va a necesitar exactamente esa respuesta, y ese tono, de toda su joven plantilla. No solo en agosto, ni solo ante Liverpool. En las próximas semanas, en los próximos meses, en los próximos años, el club se juega algo más que puntos: se juega demostrar que este nuevo ciclo no es un paso atrás, sino el inicio de una forma distinta —y sostenible— de ganar.