México silencia a las Matildas en Newcastle: victoria en el descuento
La noche estaba armada para celebración. Estadio lleno en el McDonald Jones Stadium, Ellie Carpenter alcanzando los 100 partidos internacionales, Sam Kerr, Caitlin Foord y Mary Fowler de inicio, y una Australia que venía lanzada tras su subcampeonato en la Copa de Asia. Pero el fútbol tiene un instinto especial para castigar la falta de colmillo.
México aguantó, esperó y, cuando el reloj ya se había ido al 90, clavó el puñal: 0-1 en el 90+2’, obra de Diana Ordóñez, y segundo triunfo azteca en 12 enfrentamientos ante las Matildas. Un amistoso, sí, pero con sabor a aviso serio de cara al Mundial 2027.
Dominio sin filo
Australia hizo casi todo… menos lo único que cuenta. El once de Joe Montemurro se adueñó de la pelota desde el primer minuto. México se replegó, compacta, paciente, y dejó que la marea verde y dorada se acercara una y otra vez a su área.
Las primeras señales llegaron muy pronto por el costado izquierdo, el carril preferido de las Matildas. En apenas cinco minutos, Foord y Kerr ya habían probado suerte entrando desde esa banda. Foord avisó a los 3’, pisando área y generando el primer disparo, bloqueado. Kerr la siguió, rompiendo por el mismo sector, obligando a la defensa mexicana a cerrarse con urgencia.
Mary Fowler, algo intermitente pero siempre elegante, empezó a filtrar balones. A los 9’, sirvió un pase delicioso al espacio para Kerr, que giró bien pero no pudo imprimir potencia al remate. Poco después, otra combinación por la izquierda terminó en un centro que la delantera no logró dirigir entre los tres palos.
Era un monólogo australiano. México apenas cruzaba la mitad de la cancha. El problema: todo ese dominio se evaporaba al entrar en el último tercio. Faltaba la última decisión, el último toque, la puñalada final.
México se sacude y amenaza
La dinámica cambió en un suspiro. Un par de pérdidas inocentes en la salida australiana abrieron la puerta a El Tri Femenil. A los 15’, México probó por primera vez desde la frontal, obligando a Mackenzie Arnold a agacharse para asegurar la pelota. Un aviso leve, pero aviso al fin.
El verdadero susto llegó a los 18’. Australia se volcó con demasiada alegría y México atravesó el mediocampo con una facilidad inquietante. Nicolette Hernández encontró a la joven Montserrat Saldívar en el área. El disparo se fue cruzado, cerca del palo corto, cuando un tiro a puerta habría exigido de verdad a Arnold. Primera señal de que la zaga local no estaba tan cómoda como parecía.
La portera australiana también colaboró en la inquietud. A los 21’, un despeje defectuoso de Arnold generó otra oleada de presión mexicana. El equipo de Pedro López olió la duda y empezó a instalarse con más frecuencia en campo rival.
Aun así, la ocasión más clara del primer tiempo fue local. Minuto 29: Fowler se sacrifica en defensa, recupera y lanza de inmediato la transición. Foord vuela por la izquierda, levanta la cabeza y ve a Kerr entrando por el centro. La capitana controla, gira y mete un centro tenso para la llegada de Amy Sayer, sola ante la guardameta Esthefanny Barreras. El pase va medio paso atrás. Sayer se estira, golpea como puede… y el balón se estrella en el poste. Una contra brillante, arruinada por un detalle en el último toque.
El tramo final del primer tiempo mantuvo el mismo guion: Australia acumulando posesión y centros, México ordenada, sin descomponerse. Foord, hiperactiva, insistía en encarar, quizá demasiado. A los 38’, Fowler sacó un pase quirúrgico al segundo palo para la propia Foord, que llegó forzada y cabeceó hacia cualquier parte. Las Matildas se marcharon al descanso con la sensación de haber hecho lo más difícil… sin tener nada en el marcador que lo reflejara.
Un mediocampo que no manda
Más allá de la falta de puntería, había otro problema evidente: el centro del campo australiano nunca terminó de mandar. El regreso de Alanna Kennedy a un rol de mediocentro más retrasado ofreció cierta presencia en la segunda parte, pero durante muchos minutos el partido se jugó a tirones, sin un equipo capaz de imponer verdadera calma en esa zona.
Montemurro lo sabía. México, cada vez que robaba, encontraba espacios por el carril central con demasiada facilidad. En un partido pensado como examen ante un estilo latinoamericano, técnico y agresivo, el suspenso en el control del ritmo pesó tanto como el desacierto arriba.
La segunda parte, misma historia: Australia aprieta, México espera
El arranque del segundo tiempo fue una declaración de intenciones. Australia salió decidida a encerrar a México en su área. A los 50’, una buena secuencia entre Van Egmond, Sayer y Foord terminó en un centro hacia Kerr en el corazón del área chica. El envío se quedó corto y la delantera solo pudo peinar el balón para que Barreras lo atrapara sin apuros.
Las Matildas siguieron empujando. Van Egmond probó desde la frontal, sin dirección. Fowler, a los 52’, rompió la última línea con una carrera potente, pero un control largo la llevó demasiado escorada. El remate posterior, otra vez, no encontró portería.
El partido, sin embargo, nunca quedó bajo control total de las locales. A los 54’, un error de Carpenter en la salida desnudó a Australia. Un balón largo encontró de nuevo a Montserrat Saldívar, que se plantó sola y, con todo a favor, mandó el disparo alto y desviado. Fue la falla de la noche y un recordatorio brutal: México no necesitaba mucho para hacer daño.
Montemurro movió el banquillo. Entró Hayley Raso por una Amy Sayer apagada en la reanudación. México respondió con la carta de la experiencia: Charlyn Corral saltó al césped para buscar el golpe definitivo. El ritmo subió, el partido se estiró.
A partir del minuto 60, Kennedy empezó a pisar más el área rival. A los 63’, Kerr generó para Torpey, cuyo disparo fue bloqueado, y el rebote cayó en los pies de Kennedy, que tampoco acertó. Tres minutos después, otra internada por la izquierda acabó con una serie de medias oportunidades para Kerr, Raso y Van Egmond, esta última desperdiciando un disparo claro desde fuera del área. Era, por fin, un tramo de presión sostenida.
Carpenter, en su partido 100, se dejó el alma. A los 68’, recorrió casi todo el campo con una cabalgata impresionante antes de que Kimberly Rodríguez apareciera, otra vez, con un cruce perfecto. El árbitro señaló saque de puerta, aunque todo indicaba que había sido córner. Carpenter ni aire tenía para protestar.
El desgaste, aliado de México
El reloj avanzaba y la historia se repetía: Foord desbordando por izquierda, centros bloqueados, remates blandos. A los 75’, la atacante tiró de repertorio, con un taconazo en la frontal que nadie leyó. El balón terminó mansamente en las manos de Barreras. Un símbolo de la desconexión en los últimos metros.
El cansancio empezó a abrir grietas. Caitlin Foord lo reconoció después: cuando el equipo se fatigó, el bloque se estiró demasiado y México encontró espacios para presionar y correr. A los 80’, las visitantes lanzaron una contra que obligó a Carpenter a intervenir de urgencia. En la continuación, Diana Ordóñez estuvo cerca de marcar, pero un resbalón inoportuno la frenó cuando se preparaba para rematar.
Montemurro buscó energía fresca con Charlize Rule y más tarde con Alex Chidiac y Nevin. El estadio, con 23.167 aficionados, empujaba esperando el gol que parecía inevitable… en la otra portería.
Los últimos diez minutos fueron un intercambio de golpes. A los 88’, un centro mexicano al área chica terminó rebotando en la bota de Rule y saliendo por encima del travesaño, muy cerca del autogol. Un minuto después, Kerr encontró espacio al contragolpe, pero la defensa mexicana la cerró antes de que pudiera armar el disparo. En la acción siguiente, Arnold salvó un centro raso que buscaba a Charlyn Corral en boca de gol. México, ya sin complejos, atacaba con decisión.
El golpe final de Ordóñez
Con el tiempo cumplido, el partido parecía destinado a un 0-0 que no dejaba satisfecho a nadie, pero que al menos salvaba el orgullo local. México no estaba de acuerdo.
En el 90+2’, El Tri Femenil lanzó una última oleada. Varias jugadoras se sumaron al ataque, desbordando a una defensa australiana partida y sin piernas. Alice Soto encontró el pase que nadie del público quería ver: un balón filtrado hacia la derecha para la carrera de Diana Ordóñez, completamente sola.
La delantera no dudó. Control, mirada rápida a Arnold, definición cruzada, baja, imposible para la estirada del guante derecho de la portera. 0-1. Silencio en Newcastle. México había castigado exactamente lo que Montemurro había señalado como riesgo: un rival agresivo, que presiona de forma particular y no perdona cuando le regalan metros.
Autocrítica y un reto inmediato
El técnico australiano no maquilló nada tras el pitido final. Admitió que el problema en la definición fue evidente, que el equipo habla mucho de ser “implacable” en el último tercio… y que esta vez no lo fue. También dejó claro que México no fue elegido al azar: un rival físico, técnico, con una presión hombre a hombre incómoda y un estilo latino que Australia necesita aprender a descifrar si quiere llegar preparada a Brasil 2027.
Foord, por su parte, apuntó a los dos extremos del campo: más solidez defensiva cuando el equipo se cansa, más claridad y precisión en el último pase y en la cantidad de tiros generados. Contó que desde el banquillo le insistieron en seguir encarando dentro del área, buscando incluso un penalti que nunca llegó. Prometió intentarlo de nuevo en Sídney.
Porque esto no termina en Newcastle. El martes, en CommBank Stadium, espera el segundo asalto ante el mismo rival. Otro amistoso, sí. Pero después de un 0-1 en casa y un gol encajado en el descuento, la etiqueta de “amistoso” se queda corta.
La pregunta es simple y a la vez enorme: ¿aprenderán rápido las Matildas de este golpe, o este México será solo el primero en exponer las grietas antes del Mundial de Brasil?






