El anti-fútbol en la final del Mundial: el triste capítulo final de Lionel Messi
Cuando los jugadores de España celebraban eufóricos tras el gol de Ferran Torres, Lionel Messi ajustaba sus calcetas con una expresión agotada. No era la ira habitual que hemos visto tantas veces en sus dos décadas de carrera, sino el reflejo de un hombre exhausto. Su tercera final de Copa del Mundo se convirtió en un esfuerzo mínimo y resignado bajo el sol de Nueva Jersey.
Al llegar al tiempo extra, el último intento de Argentina fue el gol de Lautaro Martínez en semifinales contra Inglaterra. El mapa de toque de Messi mostraba apenas su presencia en el juego, cansado y apartado del protagonismo. Quizá sea esa su manera de despedirse tras la mejor carrera que ha visto este deporte. Cualquiera con dignidad preferiría mantenerse al margen después de la vergonzosa actuación argentina en la derrota 1-0 en el MetLife Stadium.
La dualidad del fútbol argentino: belleza y dureza
El fútbol argentino fascina y desconcierta, cautiva y repugna por igual. Su historia se basa en mitos fundacionales y relatos que definen toda su esencia. Messi representa la máxima expresión del fútbol hermoso, pero los argentinos siempre han defendido una versión sagrada de ese juego, que nace del pueblo. Desde los tangueros y bebedores habituales del River Plate de los años 40 hasta la época dorada de Diego Maradona, el fútbol nacional ha combinado talento con astucia.
En 1957, la selección que ganó la Copa América con delanteros como Omar Corbatta y Humberto Maschio encarnó el estilo libre conocido como la nuestra. Sin embargo, también mostraron un lado pícaro y tramposo que forma parte del orgullo nacional. La mano de Dios de Maradona y su gol del siglo simbolizan esa mezcla de arte y trampa.
Los equipos argentinos más recordados supieron combinar ambas facetas. A veces prevaleció la dureza, como en el Estudiantes de finales de los 60 que dominó la Copa Libertadores y protagonizó cruces polémicos con Manchester United y AC Milan. Los títulos mundiales de 1978 y 1986 marcaron la tensión entre estilos: Menotti apostó por el ataque expresivo, mientras que Bilardo llevó a la selección a un juego pragmático y defensivo.
El cierre de una era con sombras
Esta lucha entre la elegancia y la rudeza define al fútbol argentino y no siempre para bien. Tras varias decepciones, la década de 2020 llegó con Messi cerca del final de su carrera. Bajo la dirección de Lionel Scaloni, el equipo se reconstruyó, dando espacio a jóvenes como Enzo Fernández y Julián Álvarez, y encontró en Di María un aliado decisivo. En Qatar 2022, brillaron juntos para lograr probablemente la mejor final de la historia ante Francia.
Después, Argentina ganó la Copa América 2024 y Messi sorprendió con seis goles en la fase de grupos del Mundial en Estados Unidos. Su magia siguió intacta, pero las dificultades crecieron frente a rivales europeos. Contra España, el equipo eligió recurrir a métodos dudosos. El árbitro permitió muchas faltas y Argentina se dedicó a interrumpir el juego rival sin ofrecer contraparte futbolística. Fernández fue expulsado y Paredes mostró un comportamiento violento. Al final del partido, la violencia estalló tras el pitazo final con una pelea iniciada por Nahuel Molina.
Messi intentó resistir hasta el último momento con destellos de calidad, pero incluso él cayó en provocaciones menores, evidencia de la desesperación argentina. La celebración española dejó claro que esta final pasará sin pena ni gloria. Nadie querrá recordar a Messi involucrado en un equipo que intentó ganar por medios poco nobles.
No obstante, nada mancha la carrera del astro. Solo queda lamentar que su última gran cita terminara en medio de tanta suciedad, lejos del brillo que lo llevó a la cima.






