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Martin Odegaard y su regreso triunfal al fútbol

Martin Odegaard respira aliviado. Gol, rodilla en calma y un Mundial a la vista. La noche en Estados Unidos le dejó algo más que un 1-1 ante Marruecos: la sensación, por fin, de que el calvario físico empieza a quedar atrás.

De la angustia en febrero al alivio en junio

El capitán del Arsenal arrastraba dolor en la rodilla desde aquel 1-1 ante Brentford en febrero. Tres meses largos, jugando entre molestias, apretando los dientes en plena recta final de la temporada, incluida la derrota en la final de la Champions ante PSG en Budapest.

Nada de descanso, nada de tregua. Solo gestión del dolor.

Ahora, a 27 años, el noruego empieza a ver luz. Tras marcar el empate de Noruega ante la selección marroquí, semifinalista del Mundial 2022, Odegaard lo dejó claro ante TV2: se siente cada vez más cerca del cien por cien. “He estado lidiando con la rodilla durante un tiempo… siento que empieza a aliviarse ahora”, explicó. Calor sofocante, partido exigente, pero sensaciones positivas. Esa es la mejor noticia para él y para Noruega.

Un gol, cuatro dedos y un mensaje a Solbakken

El tanto ante Marruecos, el quinto de su carrera con la selección, llegó con gesto incluido. Odegaard corrió hacia la banda y levantó cuatro dedos mirando a Stale Solbakken. No era casualidad.

El seleccionador, que en su etapa como jugador firmó nueve goles con Noruega, lleva tiempo empujando a su capitán a ser más determinante de cara a puerta. El mediapunta del Arsenal, con una sonrisa, respondió a su manera: “Ahora solo quedan cuatro. ¡Nos vamos acercando!”.

No fue una celebración vacía. Fue una especie de desafío amistoso, un recordatorio de que su rol no se limita a organizar y dar el último pase. Noruega necesita sus goles. Y él lo sabe.

Adaptarse al bote caprichoso y a un Mundial que no espera

El partido dejó también una advertencia: los campos en Estados Unidos no perdonan distracciones. Odegaard reconoció que el bote del balón le jugó una mala pasada en una acción comprometida. “El que regalé fue feo, por suerte lo arreglé otra vez. Estaba un poco suelto y no estaba familiarizado con el bote en el campo”, admitió.

Se permitió, medio en serio medio en broma, culpar un poco al césped. Pero el análisis fue más profundo: Noruega tardó en entrar, se fue asentando con el paso de los minutos y terminó con la sensación de que pudo ganar.

No es un detalle menor. Noruega y Marruecos llegan al verano señalados como posibles tapados del Mundial. Equipos que nadie quiere en su grupo, pero que todavía tienen que demostrar que pueden sostener el peso de esa etiqueta cuando el balón empiece a rodar de verdad.

Noruega vuelve al gran escaparate

Para Noruega, este Mundial tiene un sabor especial. Es el primero desde 1998. Demasiados años lejos del foco. Demasiadas generaciones viendo los grandes torneos por televisión.

Ahora, el equipo de Solbakken se planta en el Grupo I, donde se medirá a Iraq, Senegal y Francia. Un grupo incómodo, con trampas en cada esquina. Y con un estreno inmediato ante Iraq la próxima semana.

Odegaard llegará a ese debut con algo que no se compra: confianza. Viene de marcar, de sentirse ligero, de notar que la rodilla responde. De saber que ya no juega contra su propio cuerpo cada tres días.

Noruega sueña con hacer ruido. Su capitán, con la rodilla por fin de su lado, parece listo para liderar ese ruido. La pregunta es simple y enorme: ¿hasta dónde puede llegar esta generación ahora que vuelve al escenario que le faltaba?