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Luis de la Fuente defiende a Rodri tras la Copa del Mundo

Luis de la Fuente, sin filtros: criticar a Rodri “es un insulto a la inteligencia futbolística”

En un Mundial que terminó con España en la cima del mundo y Rodri en el centro del escenario, Luis de la Fuente decidió ajustar cuentas. No con nombres propios, pero sí con una idea que le ha perseguido desde antes de que el balón echara a rodar en Norteamérica: las dudas sobre su mediocentro.

El seleccionador, ya con la Copa del Mundo en las vitrinas y el ruido del festejo aún de fondo, fue tajante en TVE. Nada de diplomacia, nada de medias tintas. Para él, cuestionar a Rodri fue “un insulto a la inteligencia futbolística”. Y lo repitió con una convicción que sonó más a veredicto que a opinión.

De las dudas físicas al Mundial perfecto

Rodri llegó al Mundial 2026 observado con lupa. Arrastraba problemas físicos en la antesala del torneo, venía de una temporada exigente y de un 2024 coronado con el Balón de Oro, pero también marcado por lesiones que limitaron su continuidad. En España, parte del debate giraba en torno a si su presencia bloqueaba la entrada de un perfil más “dinámico” en la lista.

El torneo pulverizó ese relato.

A sus 30 años, el mediocentro de Manchester City se adueñó del Mundial. España encajó solo un gol en siete partidos. Él, desde el eje, gobernó cada fase del juego con una frialdad quirúrgica y una claridad insultante. Cerró la competición con un 93,4% de acierto en el pase, cifra que resume su influencia pero no la agota: fue brújula, ancla y lanzador en un mismo cuerpo.

La recompensa fue el Golden Ball al mejor jugador del torneo. Un galardón que se suma a su Balón de Oro 2024 y a la Champions conquistada con City, adornando un palmarés individual que ya le sienta a la altura de los grandes centrocampistas de la historia reciente.

De la Fuente, en modo defensa cerrada

Durante todo el campeonato, De la Fuente no dejó pasar una sola oportunidad para blindar públicamente a su mediocentro. Cada rueda de prensa incluía, de una forma u otra, una defensa de Rodri frente a lo que consideraba críticas injustas desde dentro del propio fútbol español.

Tras el título, volvió al tema por última vez, pero con el tono de quien siente que el tiempo le ha dado la razón.

“Con todos los respetos –y sin querer ofender a nadie– dije que dudar de Rodri era, evidentemente, un insulto a la inteligencia futbolística”, afirmó en TVE, según recogió ESPN. No fue una frase improvisada. Sonaba ensayada, madurada, casi como una línea roja.

El seleccionador fue más allá: “Es el mejor jugador del mundo en su posición, teniendo en cuenta que detrás tenemos a Martín Zubimendi, que también es uno de los grandes, seguramente el segundo mejor del mundo. Rodri aporta claridad, visión, equilibrio. Rodri es una inspiración para nosotros”.

No era solo elogio. Era una declaración de jerarquías en la selección y, de paso, un mensaje al exterior en pleno terremoto de mercado.

Un Mundial que complica el verano del Etihad

Porque mientras Rodri levantaba el Golden Ball y la Copa del Mundo, su situación en Manchester City se enredaba todavía más. El escaparate global del Mundial ha reforzado algo que ya sabían en el Etihad Stadium, pero que ahora tiene una dimensión distinta: el valor de su mediocentro es casi incalculable.

Real Madrid, según se entiende desde el entorno de la operación, ya habría alcanzado un acuerdo personal con el jugador. El gran escollo está en el terreno más frío: el precio. City ha trasladado su tasación al club blanco, y la distancia entre lo que uno pide y el otro está dispuesto a pagar se ha convertido en el nudo central de una de las grandes sagas del verano.

En ese contexto, las palabras de De la Fuente suenan a recordatorio y advertencia. Para City, de lo que puede perder. Para cualquier club que puje, de lo que podría ganar.

Se trata de construir –o mantener– un equipo alrededor de un futbolista que acaba de ser reconocido, sin discusión, como el mejor del mundo en la posición más delicada del juego. Y en un mercado donde los mediocentros de ese nivel se cuentan con los dedos de una mano, cada frase del seleccionador español añade presión a un tablero ya de por sí inflamable.

Rodri ya ha respondido en el césped a quienes dudaron de su estado físico o de su encaje. Ahora la próxima respuesta no depende de él, sino de despachos que saben que, con este tipo de jugadores, un error en la decisión no se corrige en muchos años.