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Lewis Ferguson reflexiona sobre la derrota de Escocia ante Brasil

La derrota dolió. No solo por el marcador, un 3-0 contundente ante Brasil en Miami, sino por la sensación que dejó en el vestuario de Escocia: la de haber dejado escapar algo más que un partido. Lewis Ferguson no lo esconde. Al contrario, lo verbaliza con una claridad que retrata el momento del grupo.

“Creo que nos fallamos un poco a nosotros mismos”, admite el centrocampista de Bologna, de regreso en la base de la selección en Charlotte, Carolina del Norte. No habla de detalles tácticos ni de excusas. Habla de orgullo.

Escocia cierra su participación en el Grupo C del Mundial con tres puntos, una diferencia de goles de -3 y un horizonte que se ha ido oscureciendo a medida que avanzan los demás grupos. El 1-0 inicial ante Haití abrió una puerta. El 0-1 contra Marruecos la entornó. Brasil la golpeó de lleno.

Ahora, la clasificación como uno de los ocho mejores terceros pende de un hilo. A mitad de la fase de grupos, los escoceses tienen el peor registro entre los aspirantes a ese cupo y ocupan precisamente el octavo lugar entre los terceros. Necesitan una combinación generosa de resultados ajenos. Demasiados “si” para un equipo que quería depender solo de sí mismo.

“Va a ser nervioso ver algunos de los partidos y estar pendiente de los resultados, y eso no es lo que queremos, no es la posición en la que queremos estar”, reconoce Ferguson. “Queríamos hacerlo por nuestra parte y conseguir los puntos necesarios. Ahora tenemos que esperar y confiar en que otros resultados vayan a nuestro favor, y sea así o no, es un juego de espera.”

En ese “juego de espera” se mezclan sentimientos pesados. El propio Ferguson habla de “dolor, rabia y frustración” tras lo vivido en Miami. No es una pose. Ha sido, probablemente, el futbolista más constante y brillante de Escocia en el torneo, pero ni siquiera su buen nivel maquilla el balance colectivo.

“Queríamos darnos una oportunidad de pasar. Lo hemos hecho consiguiendo esos tres puntos, pero creo que en los dos últimos partidos nos hemos fallado un poco”, admite el ex de Hamilton y Aberdeen. “Queríamos mejores resultados, aunque nos hemos enfrentado a equipos de máximo nivel y es realmente difícil. Pero tenía plena confianza en que tenemos la calidad en la plantilla para sacar resultados contra este tipo de rivales y, por desgracia, nos hemos quedado cortos.”

El golpe más visible está en la tabla. El menos tres en la diferencia de goles pesa como una losa. “Esos primeros tres puntos pueden ser importantes, pero ahora mismo la sensación es que la diferencia de goles probablemente no nos deja en una buena posición”, asume el mediocampista.

Entre la rabia y la reconstrucción

En Charlotte, el tiempo entre partidos no será de descanso, sino de reconstrucción emocional. Ferguson sabe que el grupo necesita referentes. “Este es el momento para que los jugadores más experimentados se acerquen a todos, y creo que tenemos ese tipo de chicos en la plantilla, que pueden hacerlo y levantar el ánimo”, explica. “Tenemos un par de días ahora, y tendremos que intentar recuperar esa positividad.”

El mensaje no es de resignación, sino de exigencia. Si el milagro llega y Escocia se cuela por primera vez en su historia en una fase de eliminación directa mundialista, el propio Ferguson tiene claro que el nivel mostrado hasta ahora no alcanzará.

“Creo que hemos demostrado por momentos que podemos ser un muy buen equipo, pero nunca hemos llegado a firmar esos 90 minutos completos que necesitamos”, admite. Y ahí está el punto clave. Chispazos, sí. Un partido redondo, no.

En un posible cruce de octavos, no habrá red de seguridad. “No hay segundas oportunidades ahí. Tienes que estar al máximo los 90 minutos, y cualquier despiste o error puede costarte caro, especialmente a este nivel”, subraya.

Ferguson no se esconde: “Necesitamos mejorar. Sabemos que tenemos que mejorar en muchos aspectos”. El plan inmediato pasa por esos entrenamientos en los próximos días, en los que el grupo tratará de ajustar lo que no ha funcionado. “Intentaremos corregir esas cosas en los próximos días y, si tenemos la oportunidad de entrar en la siguiente ronda, tendremos que ser mejores si queremos seguir avanzando.”

El balón, ahora, está lejos de sus pies. Rueda en otros estadios, en otros grupos, en partidos que decidirán si estas palabras de autocrítica desembocan en una segunda oportunidad o se convierten en el epílogo de otra campaña mundialista que se quedó a medias.

La pregunta es clara: si el destino les concede esa vida extra, ¿será esta Escocia capaz, por fin, de jugar esos 90 minutos completos que tanto se exige a sí misma?