Kulusevski y su lucha por el Mundial mientras el Tottenham se aferra a la Premier
Dejan Kulusevski lleva casi un año mirando el fútbol desde lejos. Desde mayo de 2025, su rodilla —más concretamente la rótula— le ha negado lo que más quiere: competir. Entre sesiones interminables de gimnasio, trabajo individual y una pequeña intervención de seguimiento, el sueco ha vivido una rehabilitación tan larga como extenuante. Y, aun así, su objetivo no se mueve ni un milímetro: estar este verano con la Suecia de Graham Potter en el Mundial de Norteamérica.
La realidad deportiva, sin embargo, es implacable. No ha jugado ni un solo minuto esta temporada.
La duda del entrenador, la fe del jugador
Roberto De Zerbi no es de los que regalan expectativas. Cuando le preguntaron por las opciones de Kulusevski, fue directo: no entiende cómo puede llegar a un Mundial sin haber disputado un partido en todo el curso. El técnico italiano, pragmático, ve un abismo entre el deseo y el ritmo competitivo que exige una cita así.
Aun así, dejó una rendija abierta. Contó que había intercambiado mensajes con el extremo tras el duelo ante Aston Villa. Kulusevski le aseguró que esta misma semana volverá a Hotspur Way para continuar la última fase de su recuperación. De Zerbi, que conoce el talento del sueco mejor que nadie en el vestuario, se aferra a un pequeño anhelo: poder tenerlo disponible para el último encuentro de la temporada. “Es un jugador increíble”, recordó. No hizo falta añadir mucho más.
Mientras el técnico mide palabras, Kulusevski dispara convicción. Sabe que el reloj corre en su contra. Sabe también que Suecia se quedó fuera del Mundial de 2022 y que esta oportunidad puede no repetirse. En declaraciones a Viaplay, fue transparente: no ignora las probabilidades, pero se apuesta a sí mismo. No habla de ir al torneo para cumplir, habla de competir contra Brasil, contra Francia, contra quien se ponga delante, sin complejo alguno. Su discurso va más allá del tópico: se ve como alguien que está “en este planeta” para dar fe y amor a su gente.
Esa mezcla de épica personal y contexto colectivo convierte su posible regreso en una de las historias a seguir de aquí al verano. Si llega, lo hará contra todo pronóstico. Si no, quedará la sensación de una batalla perdida por centímetros.
Richarlison, susto controlado
Mientras el caso Kulusevski se mueve en el terreno de la esperanza a medio plazo, en el día a día del Tottenham surgió otro nombre propio: Richarlison. El brasileño no apareció en el entrenamiento del miércoles y las alarmas se encendieron de inmediato. Venía de firmar un partido clave en la victoria por 2-1 ante Aston Villa, con un gol en la primera parte y un despliegue físico constante, hasta que fue sustituido en el tramo final.
En un equipo que ha coqueteado con el desastre durante buena parte del curso, perder a uno de los pocos hombres en forma sonaba a golpe durísimo. Pero el propio De Zerbi se encargó de rebajar la tensión. No hay lesión concreta, solo cansancio acumulado. El técnico incluso se culpó de no haberle dado descanso antes frente al Villa, precisamente porque el brasileño estaba siendo determinante en el juego y en las acciones a balón parado.
El diagnóstico, por tanto, es tranquilizador: gestión de carga, no recaída. En un vestuario corto de buenas noticias físicas, no es poca cosa.
Tottenham respira, pero no se relaja
El triunfo ante Aston Villa tuvo un valor que va más allá de los tres puntos. Sacó al Tottenham de la zona de descenso de la Premier League y, al menos durante unos días, alivió la presión asfixiante que rodeaba al club. No fue una victoria brillante, pero sí imprescindible. De las que cambian el aire en el vestuario.
El margen, sin embargo, sigue siendo mínimo. La recta final del campeonato no concede tregua. El cuerpo médico trabaja casi en modo de emergencia, calibrando cada carga, cada molestia, cada sesión, con un objetivo muy claro: que De Zerbi tenga el mayor número posible de jugadores disponibles en las últimas jornadas.
El calendario no perdona. El lunes espera Leeds. Después, dos citas con peso histórico y emocional: Chelsea y Everton para cerrar la campaña. Tres partidos que pueden definir no solo el desenlace de la temporada, sino también el punto de partida del próximo proyecto.
En medio de ese paisaje tenso, la figura de Kulusevski aparece como un recordatorio de lo que el Tottenham podría recuperar. Un futbolista capaz de cambiar partidos, hoy convertido en símbolo de resistencia silenciosa. Si su cuerpo responde a tiempo, el club y Suecia ganarán un arma de primer nivel. Si no, el Mundial seguirá adelante sin una de sus historias más humanas.
La pregunta es si el tiempo le dará una última oportunidad o si este curso quedará marcado para siempre como el año que se le escapó entre las manos.






