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Ivan Toney sorprende y otros descartes para el Mundial

Cuando arranque el Mundial el 11 de junio habrá pasado un año y un día desde la última vez que Ivan Toney se puso la camiseta de Inglaterra. Entonces fue un cameo de dos minutos, en aquella preocupante derrota amistosa ante Senegal en el City Ground del Nottingham Forest. Desde entonces, nada. Ni una sola convocatoria. Silencio absoluto.

Y de repente, Thomas Tuchel gira el volante y lo rescata del olvido para convertirlo en uno de los recambios de Harry Kane. No para una gira menor, no para un amistoso de septiembre. Para un Mundial.

La explicación está en los números: más de 40 goles en Arabia Saudí con Al-Ahli son imposibles de tapar para siempre, por más que el propio seleccionador lo haya hecho durante doce meses. Toney, además, ha defendido que su experiencia reciente le da ventaja para soportar el calor abrasador que espera en Norteamérica. Argumento práctico, casi de supervivencia.

El terremoto del ‘10’: Palmer y Foden se quedan en casa

Si había una zona destinada al debate era la mediapunta. El famoso ‘10’. Tuchel tenía un abanico de talento y solo unas pocas plazas. Morgan Rogers estaba prácticamente dentro desde hace tiempo. Jude Bellingham, por su jerarquía y polivalencia, también. El corte real se jugaba entre Eberechi Eze, Cole Palmer, Phil Foden y Morgan Gibbs-White.

Gibbs-White, pese a llegar en un gran momento, siempre figuró como tapado. Su ausencia sorprende poco. Lo que sí sacudió las redes fue la doble renuncia: ni Palmer ni Foden estarán en el Mundial. Un golpe seco a las expectativas de buena parte de la afición.

Los hechos, sin embargo, sostienen la decisión. Palmer ha vivido una temporada marcada por las lesiones, apenas ha tenido continuidad con Inglaterra desde la Eurocopa 2024 y solo ahora empezaba a parecerse, de lejos, al jugador que deslumbró en sus dos primeras campañas con Chelsea en la Premier League. Foden, por su parte, arrastra tiempo lejos de su mejor nivel, tanto en su club como con la selección. El bajón viene de largo, desde aquella Eurocopa de hace dos años en la que se diluyó y muchos pidieron su salida del once.

Eze emerge como el único superviviente de esa criba. Su primera temporada con Arsenal ha sido sólida, aunque irregular, pero suficiente para convencer a Tuchel de que merece un billete.

La polémica, claro, no se apaga ahí. Los tres ausentes —Gibbs-White, Palmer y Foden— parecen, sobre el papel, más capaces de agitar un partido desde el banquillo que varios de los que sí han entrado. Tuchel, preguntado por los mediapuntas descartados, fue directo: quería un grupo equilibrado, no cinco ‘10’ obligados a jugar fuera de sitio. “¿A quién ayudaríamos con eso? ¿Al jugador? ¿A nosotros? No lo creo”, explicó. Una visión clara, aunque incómoda.

Mainoo resurge y gana la última plaza en la sala de máquinas

A mitad de temporada, las opciones de Kobbie Mainoo parecían enterradas. Ruben Amorim, entonces técnico del Manchester United, lo había borrado del mapa al considerar que no encajaba en su sistema con tres centrales. El centrocampista incluso valoró salir en enero. Hoy debe estar agradecido de haber esperado.

Con la llegada de Michael Carrick como entrenador interino, Mainoo volvió de inmediato al once del United. Sus actuaciones, sobrias y maduras para un jugador de 21 años formado en la cantera, le valieron un nuevo contrato y ayudaron a su club de toda la vida a regresar a la Champions League con una segunda vuelta al alza.

Ese impulso le ha permitido imponerse a Adam Wharton y James Garner en la lucha por la última plaza en el centro del campo de Inglaterra. Todo apunta a que partirá por detrás de Declan Rice y Elliot Anderson en la rotación, pero su presencia ya es una victoria personal de enorme calibre.

El caso Trent: otra puerta que se cierra

La historia de Trent Alexander-Arnold con Tuchel parecía escrita desde hace tiempo, y no precisamente con final feliz. Su exclusión vuelve a confirmarlo. Las lesiones en el lateral derecho abrían, en teoría, una oportunidad. El seleccionador, sin embargo, volvió a mirar hacia otro lado y se decantó por Djed Spence, del Tottenham.

La señal ya había llegado en marzo, cuando Alexander-Arnold se quedó fuera de una prelista ampliada de 35 jugadores. Ahora, el golpe es definitivo. Su primera temporada en el Real Madrid termina de forma amarga. Llegó desde Liverpool para entrar en la conversación del Balón de Oro; se va al verano sin Mundial y con su futuro internacional en entredicho mientras Tuchel siga al mando. Lleva casi un año sin vestir la camiseta de su país.

Desde el banquillo, la decisión abre un debate inevitable. El lateral del Madrid ofrece un arsenal ofensivo único para atacar bloques bajos, con un rango de pase inigualable. Pero sus carencias defensivas vuelven a pesar más que sus virtudes. Tuchel ha dictado sentencia, al menos por ahora.

Chelsea, el gran beneficiado en la sombra

En Cobham, alguien sonríe en silencio. Xabi Alonso, nuevo técnico del Chelsea, empezará a trabajar el 1 de julio con casi todos sus ingleses disponibles desde el primer día de pretemporada. Un lujo inesperado.

Reece James es el único representante del club en la lista de Inglaterra. Palmer se queda fuera, igual que Levi Colwill y el outsider Trevoh Chalobah. Para Alonso es una buena noticia, sobre todo teniendo en cuenta el historial físico de Palmer este curso y que Colwill acaba de reaparecer tras una rotura de ligamento cruzado anterior que le ha tenido fuera casi toda la temporada.

Sumado a los descartes de Joao Pedro, Andrey Santos y Estevao con Brasil, el Chelsea solo enviará, previsiblemente, a James, Marc Cucurella, Jorrel Hato, Enzo Fernández, Moisés Caicedo, Pedro Neto y Nicolas Jackson al Mundial. Menos viajes, más tiempo para construir.

Maguire, del renacer a la caída libre

Harry Maguire estaba convencido de que el billete al Mundial era poco menos que automático. Su regreso a la selección en el último parón, unido a una segunda mitad de temporada notable con el Manchester United, reforzaba esa sensación. Tuchel no lo vio igual.

El central se ha quedado fuera. El técnico ya había avisado en marzo: Maguire seguía muy abajo en su lista de preferencias y no había cambiado de opinión. Algunas informaciones apuntan a que el ego del jugador preocupaba, por su supuesta resistencia a aceptar un rol secundario. Otras señalan sus dificultades para sacar el balón jugado como un problema clave para el seleccionador.

La reacción del entorno de Maguire no ayudó a calmar las aguas. Él mismo, y parte de su familia, cargaron contra la decisión en redes sociales antes de que la lista se hiciera oficial. “Estaba seguro de que podía haber tenido un papel importante este verano con mi país después de la temporada que he hecho. Estoy en shock y destrozado por la decisión”, escribió. Un mensaje que, de paso, refuerza las dudas de Tuchel sobre su encaje en este grupo.

Nico O’Reilly, de sorpresa a titular

El curso de Nico O’Reilly roza lo improbable. Con 21 años, se ha convertido en la gran irrupción inglesa de la temporada 2025-26. Desde el lateral izquierdo del Manchester City ha firmado 15 participaciones de gol, una cifra descomunal para un defensor.

Su premio será mayúsculo: todo indica que viajará al Mundial como lateral izquierdo titular de Inglaterra. Lewis Hall y Myles Lewis-Skelly, que parecían opciones lógicas para competir por esa banda, se han quedado fuera. El camino queda despejado para O’Reilly, con Djed Spence como posible relevo.

El riesgo es evidente. O’Reilly es, en realidad, centrocampista de formación. En la lista no hay un lateral zurdo puro y específico. Spence se siente más cómodo en la derecha. Tuchel asume el riesgo y confía en que la apuesta le salga bien. Si funciona, será uno de los sellos más reconocibles de su mandato.

Un proyecto sin red

Desde el primer día, Tuchel avisó: no le temblaría el pulso para tomar decisiones impopulares si eso le permitía construir un equipo a su imagen, capaz de ganar un Mundial. Hoy, con la lista sobre la mesa, la pregunta es inevitable: ¿ha ido demasiado lejos?

Con el tiempo, podría salir reforzado como el gran vencedor de este ejercicio de autoridad. Si Inglaterra alcanza, como mínimo, las semifinales, el relato girará a su favor. Pero si el torneo se tuerce, si el equipo se queda corto, muchos señalarán este momento —la confirmación de los 26 elegidos— como el punto en el que todo empezó a torcerse.

El once tipo está claro. El núcleo duro de la selección está intacto. Ahí se sostiene buena parte del optimismo. Las dudas, en cambio, se disparan al mirar al banquillo. Sin Jarrod Bowen, Palmer, Alexander-Arnold, Gibbs-White, Wharton ni Maguire, el fondo de armario pierde peso específico. Todos ellos tenían capacidad para cambiar partidos en media hora. En su lugar, nombres como Jordan Henderson, Spence o Noni Madueke no generan el mismo nivel de confianza.

Hay, al menos, un efecto colateral positivo: se apagan las guerras eternas de otros torneos. No habrá campaña mediática para que Palmer sea titular. No habrá debate diario sobre si Foden debe salir del once. No habrá discusiones sobre el rol de Alexander-Arnold ni sobre en qué posición exacta debe jugar. Tuchel habló de “claridad” al anunciar la lista. La tiene. Y la impone.

Ahora esa claridad se convierte en una carga. Este grupo de 26 no es solo una convocatoria. Es el manifiesto futbolístico de Tuchel como seleccionador. Si el plan se rompe en pleno Mundial, no habrá excusas ni cortinas de humo. Todo el mundo sabrá exactamente dónde empezó la caída.