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Inglaterra vence a México en el Azteca pero pierde a Henderson

Inglaterra salió viva del Estadio Azteca con una victoria épica por 3-2 ante México, pero la noche que debía ser de euforia terminó teñida de preocupación por la extraña lesión de Jordan Henderson… provocada no en el césped, sino en plena celebración.

El centrocampista se dañó el brazo al caer sobre las vallas publicitarias cuando los jugadores fueron a festejar con sus aficionados el triunfo y a cantar “Wonderwall”, el ritual que ha acompañado cada victoria inglesa en este Mundial. Al intentar regresar al campo, perdió el equilibrio, cayó sobre su brazo y quedó tendido, visiblemente dolorido.

Los médicos acudieron de inmediato, lo inmovilizaron y lo sacaron en camilla camino del vestuario, antes de su traslado al hospital para más pruebas. El temor es claro: el Mundial de Henderson podría haberse terminado en una escena tan inesperada como cruel.

Thomas Tuchel no escondió su inquietud ante las cámaras de ITV: “Not good, not good. Jordan fell over and injured his wrist, it looks really bad”. Seco, directo, sin matices. La cara lo decía todo.

Jude Bellingham, protagonista absoluto del partido, también dejó entrever la gravedad de la situación: “He’s in a bit of bother, but our medical team have got everything under control. Probably best for me not to say too much. We’re there to support him”. El vestuario lo sabe: perder a un líder en pleno torneo golpea más allá de lo futbolístico.

Henderson apenas había participado en el campo en este Mundial: solo unos minutos en la fase de grupos ante Panamá, entrando en la segunda parte. Frente a México ni siquiera jugó, aunque sí fue protagonista en la banda, viendo la amarilla en la segunda mitad por involucrarse en una tangana mientras calentaba. Ironías del destino: no se lesiona compitiendo, sino celebrando.

Bellingham silencia el infierno del Azteca

La noche había empezado torcida. Una tormenta eléctrica retrasó el inicio del encuentro una hora. El Azteca, en modo caldera, rugía. México salió lanzado, empujado por una hinchada que subió aún más el volumen respecto a sus partidos anteriores en este Mundial en casa.

Inglaterra aguantó el chaparrón inicial. Sufrió, se ordenó, bajó pulsaciones. Y entonces apareció Jude Bellingham.

Pasada la media hora, Bukayo Saka dibujó un centro perfecto desde la derecha y Bellingham se lanzó en plancha para cabecear el 1-0. Un golpe seco al ambiente. Apenas dos minutos después, otro latigazo por el mismo costado: esta vez fue Harry Kane quien puso el balón al corazón del área y Bellingham, otra vez en el sitio exacto, firmó el 2-0.

Silencio helado en parte del estadio, rabia en el resto. La respuesta llegó desde la grada con un grito unánime: “Yes we can”. Y el equipo local recogió el mensaje.

Tras una falta colgada al área inglesa y un barullo dentro del área, el balón quedó suelto y Julian Quinones, eléctrico toda la noche, enganchó una volea dentro del área para recortar distancias. México volvía al partido. El Azteca también.

Roja a Quansah, penalti de Kane y sufrimiento final

El descanso no calmó nada. México salió del vestuario con más furia que fútbol, pero esa energía encontró un aliado inesperado: Jarell Quansah. El defensa inglés se lanzó a un cruce imprudente y vio la roja directa. Inglaterra se quedaba con diez y más de media hora por delante en el estadio más hostil posible.

En lugar de desmoronarse, el equipo de Tuchel se replegó, cerró líneas y esperó su momento. Lo encontró en una jugada aislada: Anthony Gordon se plantó en el área y el guardameta mexicano llegó tarde al cruce. Penalti claro. Harry Kane, imperturbable, transformó desde los once metros para el 3-1 en torno a la hora de juego.

Parecía el respiro definitivo. No lo fue.

En una acción defensiva dentro del área propia, Kane trató de despejar, llegó forzado y terminó cometiendo falta. El árbitro dejó seguir unos segundos, pero el VAR le llamó a la pantalla. Tras revisar, señaló penalti. Raul Jimenez no perdonó: 3-2, el Azteca en llamas otra vez y más de veinte minutos por delante con Inglaterra acorralada.

A partir de ahí, fue una resistencia casi heroica. Inglaterra entregó el balón, se hundió en su propio campo y defendió cada centro, cada balón dividido, cada segunda jugada. México atacó en oleadas, empujado por la grada, pero se estrelló una y otra vez contra un muro inglés que ya no pensaba en jugar, solo en sobrevivir.

Cuando el árbitro señaló el final, los jugadores ingleses se desplomaron sobre el césped, mezcla de agotamiento y alivio. Habían firmado una de esas victorias que se recuerdan durante años: diez hombres, en el Azteca, ante una selección que solo había perdido dos partidos oficiales en ese estadio desde 1966. Ya son tres. Y esta vez, merecido.

Una victoria enorme, una baja que puede serlo aún más

Mientras el equipo celebraba frente a su afición, la escena de Henderson caído tras la valla, con gesto de dolor y rodeado de médicos, introdujo una nota amarga en una noche que rozaba la perfección deportiva.

Tuchel se marcha del Azteca con un triunfo que refuerza su proyecto y con un grupo que ha demostrado carácter en territorio enemigo. Pero también con una incógnita enorme: ¿podrá contar con uno de sus referentes anímicos y tácticos en lo que queda de Mundial?

Inglaterra ha ganado una batalla gigantesca. Ahora le toca comprobar cuánto le costó.