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Inglaterra enfrenta crisis por estado de Rice antes del Mundial

La calma en la concentración de Inglaterra ha saltado por los aires. Declan Rice se ha perdido su segundo entrenamiento consecutivo a dos días del duelo de cuartos de final del Mundial ante Noruega y el ambiente, puertas adentro, es de preocupación seria.

El centrocampista de 27 años sufre un virus estomacal, según se ha filtrado, un contratiempo que se suma a un problema neural previo en el isquiotibial y la zona lumbar. Una combinación peligrosa para un futbolista que es el metrónomo del equipo y una pieza casi irremplazable en el plan de Thomas Tuchel.

El cuerpo médico de los Three Lions ha pasado a modo emergencia. Aislamiento, controles, protocolos estrictos para evitar lo que sería un desastre: un brote masivo en plena fase final del torneo. La prioridad es frenar el foco y, al mismo tiempo, ganar horas para ver si Rice puede llegar con un mínimo de garantías al sábado.

Tuchel, mientras tanto, mira el parte médico con la misma atención con la que diseña la pizarra. No solo es Rice. Marc Guehi arrastra una lesión en los isquiotibiales y su estado también exige vigilancia constante. La zaga ya viene tocada y cualquier baja extra puede obligar a un rediseño de urgencia.

El problema vírico no es exclusivo del bando inglés. Noruega también ha sentido el golpe en su cuartel general en Estados Unidos. Su capitán, Martin Odegaard, reconoció que varios compañeros se han encontrado indispuestos por los bruscos cambios de temperatura y el uso del aire acondicionado, un clásico de los grandes torneos en climas extremos.

“Ha sido un poco así”, admitió el centrocampista de Arsenal. “Cuando cambias de temperatura y aire acondicionado y todo eso, es normal. No es nada grave, para ser sincero. Hemos tenido a algunas personas un poco enfermas, pero nada importante y deberíamos estar bien para el sábado”.

El mensaje de Odegaard abría la puerta a la inquietud, pero Stale Solbakken se encargó de cerrarla de golpe. El seleccionador noruego quiso cortar cualquier atisbo de alarma mediática y defendió con firmeza el estado físico de su plantilla.

“El tema de la enfermedad es un rumor”, zanjó el técnico de 58 años. Explicó que el Odegaard enfermo no es el capitán, sino su tío, miembro del cuerpo de fisioterapeutas. “Está enfermo, no Martin. Todo está bien, todos los jugadores están bien, no hay enfermedad entre los jugadores. Ha habido una o dos personas del staff afectadas. En este momento, estamos todos listos”.

Mientras Noruega intenta rebajar el ruido, Inglaterra afronta un examen mayúsculo en el Miami Stadium. Llega con una racha de siete partidos sin perder, pero con más dudas físicas que en cualquier otro momento del torneo. La buena noticia para Tuchel es el regreso de Reece James a los entrenamientos con el grupo, un alivio enorme tras la sanción por roja a Jarell Quansah, que deja un hueco delicado en la línea defensiva.

James aparece como parche y como solución, pero el reto que se le viene encima a la retaguardia inglesa tiene nombre y apellido: Erling Haaland. El delantero llega desatado, con siete goles en este Mundial, y encarna la agresividad y la verticalidad de una Noruega que no necesita demasiadas ocasiones para hacer daño.

Entre virus, sobrecargas y dudas musculares, el partido se ha convertido en algo más que un simple cruce de cuartos. Es una prueba de resistencia, de profundidad de plantilla y de temple bajo presión. Si Rice no llega, Inglaterra perderá a su ancla. Si el virus se extiende, perderá algo más que un jugador: perderá control.

El sábado, en Miami, no solo se mide una racha de siete encuentros invictos. Se mide la capacidad de una selección para sobrevivir a su primera gran sacudida interna justo cuando el Mundial entra en zona prohibida para los frágiles.

Inglaterra enfrenta crisis por estado de Rice antes del Mundial