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Graham Potter: De la Premier a la gloria en el Mundial

“Nos vamos al Mundial, baby”. Graham Potter no gritó una frase cualquiera. La lanzó como un desafío al pasado, como un corte definitivo con las cicatrices recientes de Chelsea y West Ham. El gol de Viktor Gyökeres en el minuto 88 ante Polonia no solo clasificó a Suecia. También rescató a su seleccionador.

El Strawberry Arena, repleto con 50.000 aficionados, fue una caldera en aquella repesca de marzo. Un 3-2 tenso, dramático, casi cruel para el derrotado. Para Potter, en cambio, fue algo más profundo. “La mejor noche de mi carrera”, la definió. Y no sonaba a tópico. Sonaba a alivio.

De la caída en Inglaterra a la redención en Suecia

Potter sabe lo que es caer desde muy alto. Salió de Chelsea tras solo siete meses. Luego, otra etapa complicada en West Ham, ocho meses que terminaron en septiembre, volvió a dejarle sin banquillo. “Duele. Son experiencias dolorosas”, admite sin rodeos.

Habla de fracaso con naturalidad. “He vivido el fracaso. También he tenido bastante éxito. Eso es la vida”. El técnico explica que se sostuvo agarrado a su círculo más cercano, a quienes podían ayudarle a mejorar. Poner todo en perspectiva, escuchar, aceptar. Y, de algún modo, acabar agradeciendo incluso lo que más hiere.

No lo endulza: “Cuando lo estás viviendo, no es fácil”. Hay que atravesar el fracaso, insiste, para salir mejor persona. Pero esa noche en Estocolmo rompió la secuencia de sombras. “Nunca la olvidaré. Fue la mejor noche de mi carrera. Hay momentos muy oscuros, nada agradables, pero también hay otros que simplemente no se pueden describir”.

El desenlace fue de película. Gyökeres, delantero de Arsenal, venía de firmar un triplete en el partido anterior ante Ucrania. Frente a Polonia, apareció otra vez en el minuto 88 para sellar el billete al primer Mundial de Suecia desde 2018. Un país entero exhaló. Su seleccionador, también.

“Viktor marca y es como una experiencia extracorporal”, cuenta Potter. Ve a todos los suplentes invadiendo el campo. “Hay 15 jugadores dentro y pienso: ‘Son amarillas, son problemas’. Pero claro, es un Mundial. Todas las reglas salen por la ventana”. Luego llegó el pitido final. “La sensación en el estadio fue increíble”.

Para un entrenador que venía de meses de ruido, críticas y dudas, aquella explosión de alegría tenía un peso especial. “Es muy bonito volver a experimentar positividad a través del fútbol, porque últimamente no he tenido demasiado de eso. A nivel humano, es algo muy agradable”.

Un inglés que se siente sueco

Le preguntan cómo celebró. Potter sonríe: “¿Qué crees que hice?”. Permitió que corrieran las bebidas y se dejó llevar por el momento, pero sin perder del todo el norte. “No creo que debas dejarte arrastrar demasiado. Nunca eres tan bueno como dicen cuando estás arriba, ni tan malo como dicen cuando estás abajo. Hay que encontrar una forma de mantener la perspectiva”.

En Swansea y Brighton ya había demostrado su capacidad para construir proyectos competitivos. Pero su historia, en realidad, se forja en Suecia. Allí empezó todo. Con Ostersunds FK arrancó en cuarta división y fue escalando hasta la élite, conquistando la copa nacional y entrando por primera vez en Europa. Siete años que lo marcaron.

En ese periodo aprendió sueco. Hoy, en su recién estrenada cuenta de Instagram, se le ve relajado: explorando paisajes, leyendo literatura nórdica, participando en actos culturales. No es pose. Es pertenencia.

“Me siento muy sueco cuando trabajo”, confiesa. Incluso canta el himno antes de los partidos. “Hasta parezco un poco sueco. Dos de mis hijos nacieron aquí. Tuve siete años inolvidables en Ostersunds, con recuerdos que me acompañarán toda la vida”.

Llegó desde la cuarta categoría, “que es bastante baja”, recuerda, y fue subiendo peldaño a peldaño hasta la Allsvenskan. “Casi te vuelves sueco en el sentido del entrenador por las experiencias que vives. Me ha ayudado, sin duda”. Ahora es seleccionador de la absoluta, empleado de la federación. “Así que me siento muy sueco”.

El eco del 94 y un contrato hasta 2030

Conoce al detalle la memoria colectiva del país. El Mundial de 1994 en Estados Unidos sigue siendo la gran referencia. Potter incluso se acuerda de la canción oficial de aquella selección, “När vi gräver guld i USA”, que se incrustó en la cultura popular al nivel de los himnos mundialistas de otras naciones.

Por eso su decisión de aceptar el cargo en noviembre, en principio a corto plazo para reemplazar a Jon Dahl Tomasson, no fue un salto al vacío. Fue un paso calculado. Antes del parón de marzo, y antes de certificar la clasificación, ya había ampliado su contrato hasta 2030. Dirigirá a Suecia en este Mundial, y estará al frente también rumbo a la Eurocopa 2028 y al Mundial 2030 si el equipo vuelve a sellar su billete.

“Quizá en Inglaterra lo hemos dado por hecho porque solemos clasificarnos”, reflexiona. “Pero la realidad es que muchos países no lo hacen, así que es especial cuando lo consiguen. También es muy importante para las finanzas de la estructura del fútbol”.

Entre los mensajes que ha recibido tras la clasificación, uno destaca por encima del resto: el de Zlatan Ibrahimovic, al que define como “uno de los reyes de Suecia”. Bendición de la realeza futbolística local.

Isak y Gyökeres, dos armas para un mismo sueño

Potter ha tenido que tomar decisiones duras para la lista de este verano. Pero cuenta con dos de los grandes fichajes recientes de la Premier League. Alexander Isak, ahora en Liverpool, y Viktor Gyökeres, en Arsenal, están llamados a liderar el ataque sueco en un grupo exigente, con Túnez, Países Bajos y Japón en el horizonte.

“Creo que son diferentes en su estilo, lo cual es bueno para nosotros porque puedes utilizarlos de forma efectiva”, explica. Hay una confesión honesta: “La verdad es que todavía no los hemos hecho jugar juntos en mi etapa, así que será emocionante desarrollarlo. Si conseguimos que disfruten del fútbol y estén finos, son jugadores top”.

Isak aún no ha sido titular con Potter esta temporada. Su desembarco en Liverpool, tras un traspaso de 125 millones de libras procedente de Newcastle, llegó acompañado de lesiones que han cortado su ritmo. “Puede llevar un poco de tiempo”, advierte el técnico. En los clubes más grandes la presión es constante. “Cuando la expectativa y la realidad empiezan a divergir, se pueden crear problemas”. Aun así, no duda de él: lo conoce bien, sabe que es un profesional “top” que quiere jugar y ayudar.

Gyökeres llega en una situación muy distinta. Marcó 21 goles, fue campeón de la Premier League y alcanzó la final de la Champions en su primera temporada con Arsenal tras llegar desde Sporting por 55 millones de libras. Y, aun así, no se ha librado de las críticas. “Es un buen ejemplo del fútbol moderno”, apunta Potter. Desde la óptica de la selección, el balance es contundente: cuatro goles en dos partidos y un billete al Mundial. “Su impacto ha sido significativo”.

El entrenador recuerda perfectamente la primera vez que vio a Isak. Tenía 16 años, jugaba para AIK y debutó como profesional marcando… precisamente contra el Ostersunds de Potter. Algunas historias parecen escritas con antelación.

Un Mundial desde un instituto de San Diego

Ser uno de los últimos en sellar la clasificación tuvo un precio logístico. Con 48 selecciones en el torneo, Suecia tuvo que conformarse con una de las pocas bases de entrenamiento que quedaban libres: SDJA, un instituto en San Diego.

No hay lamentos. Potter asegura que no tienen queja con las instalaciones. Sabe que, con el calor, las jugadas a balón parado ganan aún más peso. Y admite que la elección de la lista ha sido “las conversaciones más duras como padre y como ser humano”.

Mientras Inglaterra se instalará en Miami antes del torneo, Suecia optará por algo distinto: permanecerá en Estocolmo hasta el último momento. La idea es sencilla y poderosa. Que los jugadores estén cerca de sus familias, que recarguen después de una temporada larga y desgastante a nivel de clubes.

Antes del debut, dos amistosos: Noruega y Grecia. Después, el gran salto. El 15 de junio, Túnez marcará el regreso de Suecia al mayor escaparate del fútbol mundial.

Potter mira hacia atrás y se ve niño. “Mi primer recuerdo futbolístico es de 1986: tenía 11 años y estaba viendo a Diego Maradona”. Allí entendió que este juego era distinto a todo. Hoy, ese chico que miraba la televisión fascinado dirigirá a un país entero en un Mundial.

La pregunta ya no es si se ha rehecho de sus caídas en Inglaterra. La cuestión es hasta dónde puede llevar ahora a esta Suecia que, con él al frente, vuelve a creer.