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Gattuso apaga el incendio con Taylor y homenajea a Baresi

El 6-3 en el amistoso ante Avellino quedó en segundo plano apenas sonó el pitido final. Lo que rodeaba a Gennaro Gattuso no era el resultado, sino el ruido por el choque interno con Taylor. El técnico, fiel a su estilo directo, decidió cortar el tema de raíz.

Según explicó tras el encuentro, la cuestión se resolvió en media hora puertas adentro, sin secuelas. Nada de heridas abiertas, nada de novela para varios capítulos. Tema cerrado.

Sobre el episodio con Taylor, Gattuso fue claro: alguien, dijo, se había divertido escribiendo sobre el caso. Él, en cambio, quiso recordar quién es y cómo trabaja. Para el entrenador, el asunto quedó finiquitado en treinta minutos y, a su juicio, la respuesta del grupo se vio de nuevo en el amistoso de la tarde: un equipo intenso, comprometido, con el “espíritu” que reclama.

Mientras fuera se hablaba de conflicto, dentro del campo Gattuso veía otra cosa: una idea que empieza a tomar forma. Subrayó que el equipo comienza a ejecutar lo que él y su cuerpo técnico buscan: presión alta, línea adelantada, marcajes individuales agresivos. Un bloque que se atreve a vivir lejos de su propia área.

Hay entusiasmo, recalcó. Hay trabajo bien hecho. Y, sobre todo, hay algo que para él pesa tanto como cualquier resultado: la sensación de disfrutar al entrenar a este grupo.

El tono cambió cuando el nombre de Baresi apareció en la conversación. El técnico dejó a un lado la táctica y se puso firme, casi como si volviera a ser aquel centrocampista que miraba hacia arriba a su capitán.

Homenaje a Baresi

Gattuso quiso rendir un homenaje profundo a la figura de la leyenda del Milan, fallecida el viernes. Recordó al que fue su capitán como un referente absoluto, un hombre que transformó el papel del líbero en el fútbol moderno.

En sus palabras, cada conversación con Baresi imponía respeto: se ponía en posición de firmes, porque hablaba el capitán. Un hombre de pocas sonrisas y pocas frases, pero con una precisión brutal: lo poco que decía, nunca estaba equivocado.

Al seguir evocando su figura, Gattuso fue aún más lejos. Lo definió como único, como una auténtica leyenda que se marchó demasiado pronto, pero que, en su imaginario, se reúne ahora con otros grandes campeones de la historia.

Para el entrenador, Baresi permanecerá para siempre en la historia del fútbol mundial. Y dejó una reflexión que pesa como un juicio definitivo: por la carrera que tuvo y por la forma en que cambió el rol del líbero, habría merecido un Balón de Oro. Un reconocimiento que nunca llegó, pero que hoy, en boca de quienes lo vivieron de cerca, suena más contundente que cualquier trofeo.