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España avanza mientras Uruguay se hunde en la fase de grupos

Uruguay, dos veces campeona del mundo, se marcha por la puerta de atrás. Eliminada en la fase de grupos, convertida en la selección mejor situada en el ránking en caer tan pronto, y dejando tras de sí un torneo áspero, tenso, marcado por el conflicto interno y por errores impropios de su historia.

Al otro lado, España. Clasificada, sólida en los números, pero todavía lejos de enamorar. Un equipo que no encaja goles, que no pierde —34 partidos oficiales sin derrota—, pero que sigue sin ofrecer la fluidez ofensiva que exhiben otras favoritas como Francia, Argentina o Países Bajos.

En Guadalajara, el cruce entre dos campeonas del mundo prometía cartel grande. Quedó en decepción.

Un vestuario en llamas

El torneo de Uruguay se había torcido mucho antes del pitido inicial. Dos empates ante Cabo Verde y Arabia Saudí abrieron la puerta a algo más grave: informes de un motín en el vestuario contra Marcelo Bielsa, con figuras de peso como Federico Valverde enfrentadas al seleccionador por sus planteamientos.

En el campo, la tensión se traducía en fragilidad. Fernando Muslera, héroe en la semifinal de 2010, se convirtió en símbolo del declive. Ya había fallado en los dos goles encajados ante Cabo Verde en el 2-2. Ante España, volvió a quedar señalado.

España, que venía de despertar con un 4-0 ante Arabia Saudí tras un arranque gris con 0-0 frente a Cabo Verde, arrancó el partido sin filo. Lamine Yamal regresaba al once y su sola presencia daba algo de electricidad, pero La Roja apenas inquietaba.

Hasta que el error llegó.

Un disparo manso, un portero roto

Minuto 42. Centro de Marcos Llorente desde la derecha, balón que llega a Baena, disparo sin demasiada potencia. Muslera, 40 años, manos blandas. La pelota se le escurre y se cuela lentamente, casi con crueldad, sobre la línea. Gol de España. Gol que hunde a Uruguay.

La escena se agrava en la jugada previa: Manuel Ugarte, pieza clave del mediocampo uruguayo, se lesiona en la acción que precede al tanto. Sale en camilla, gesto de dolor, rodilla tocada y sensación de lesión seria. Para Uruguay, el castigo es doble: pierde el partido y, probablemente, a uno de sus futbolistas más importantes.

En la grada, el contraste. Presente el rey Felipe VI, testigo de un duelo que debía ser grande y que se quedaba corto en fútbol, intensidad y emoción. Solo el drama charrúa parecía encender algo el ambiente.

Bielsa rompe el tablero

Al descanso, Bielsa actúa. Muslera, señalado, se queda en el vestuario. Entra Sergio Rochet. Un cambio obligado por rendimiento, pero también un mensaje duro para un portero que fue bandera de una generación.

La decisión más ruidosa llega a la hora de juego: Valverde, líder del equipo, capitán emocional, es sustituido. Con el equipo al borde del abismo, Bielsa se atreve a sentar a su jugador franquicia. El gesto retrata el estado del vestuario: fisuras expuestas, confianza quebrada.

Uruguay no encuentra respuesta. No tiene claridad con la pelota ni colmillo en el área rival. La selección que llegó como candidata a hacer ruido se diluye sin apenas dejar rastro.

España gana, pero no despeja dudas

Luis de la Fuente también mira al banquillo. Entran Dani Olmo y Fabián Ruiz y, por fin, España acelera. El equipo empieza a juntar pases con intención, a pisar área, a amenazar.

Olmo tiene la ocasión para cerrar el partido tras una genialidad de Yamal, que rompe por la derecha y le sirve un balón perfecto. El remate del jugador del Leipzig sale alto. Era una acción para firmar la victoria con autoridad. Se queda en aviso.

Yamal, que sigue con minutaje medido tras la lesión de isquiotibiales que le cortó la temporada con el Barcelona, se marcha a un cuarto de hora del final. Entra Ferran Torres. El guion se repite: ocasión clarísima, esta vez a cinco del 90, y el disparo se estrella en el larguero con solo el portero delante.

España manda, controla, no sufre atrás. Pero no mata. Gana, sí, y mantiene la portería a cero en todo el Mundial. El brillo, sin embargo, se resiste.

Roja, frustración y una salida amarga

Lo de Uruguay se resume en una imagen final. Tiempo añadido, nervios desatados, impotencia acumulada. Agustín Canobbio entra con una patada desmedida sobre Pau Cubarsí. Entrada temeraria. Tarjeta roja directa. La desesperación hecha gesto.

Así se cierra el torneo de una selección que llegaba como tapada de lujo y se marcha entre reproches, polémicas y autodestrucción. Un vestuario fracturado, un técnico discutido, un relevo generacional que no termina de cuajar.

España, mientras tanto, sigue adelante. Sin brillo, pero intacta. Sin goles en contra, pero con la sensación de ir a rebufo del fútbol que proponen otras grandes.

La pregunta ya no es si La Roja puede competir. Los números dicen que sí. La cuestión es otra: ¿le alcanzará este guion tan austero cuando lleguen las noches en las que un solo error, como el de Muslera, decide el destino de un Mundial?

España avanza mientras Uruguay se hunde en la fase de grupos