Egipto supera a Australia en penaltis y avanza a octavos de final
En Dallas, bajo un calor espeso y una tensión que se podía cortar, Egipto se ganó su billete a los octavos de final del World Cup desde el punto de penalti. 1-1 tras la prórroga, 4-2 en la tanda. Un ejercicio de carácter de una selección marcada por viejos fantasmas desde los once metros… que esta vez no tembló.
Australia se marcha con la sensación de haber rozado la gesta. Egipto, con la certeza de haber sobrevivido a una noche que pudo torcerse muchas veces y que acaba proyectándola hacia un cruce de alto voltaje ante Argentina o Cabo Verde.
Un inicio con aviso australiano y golpe egipcio
El partido arrancó con un aviso serio. Minuto 5: Cristian Volpato arma la pierna desde fuera del área y su disparo roza el larguero. Silencio en la grada, suspiro egipcio. Fue el primer recordatorio de que Australia no había viajado a Texas para hacer turismo.
La respuesta de Egipto no fue ruidosa, pero sí firme. Equipo corto, líneas juntas, balón al pie y paciencia para encontrar el hueco. Lo halló pronto. En el 13’, un centro al segundo palo dejó solo a Emam Ashour. Sin marca, sin oposición, cabeceó con calma al fondo de la red. Ventaja merecida, premio a un primer tramo de dominio africano.
Australia intentó reaccionar a trompicones. Zico se plantó ante el portero y cruzó el disparo, pero la jugada quedó anulada por fuera de juego. Una ocasión que no contó en el marcador, aunque sí en la cabeza de los defensores egipcios, obligados a no desconectar ni un segundo.
Ocasiones perdonadas y un castigo cruel
El descanso no enfrió a Egipto. Nada más reanudarse el choque, Omar Marmoush tuvo el 0-2 en sus botas. Con tiempo para perfilar el disparo, cruzó demasiado y la pelota se perdió junto al poste. Era una ocasión de esas que cambian un torneo. No entró. Y el fútbol, como tantas veces, castigó el perdón.
En el 55’, Australia encontró el empate sin necesidad de una gran jugada. Un balón al área, un desvío mínimo y el infortunio de Mohamed Hany, que vio cómo su intento de despeje se convertía en un gol en propia puerta. 1-1 y partido nuevo. El golpe anímico fue evidente: Egipto pasó de controlar la noche a tener que remar otra vez.
Australia, espoleada por el gol, adelantó metros y ganó duelos. El encuentro se abrió, se hizo más físico, más de detalles que de dibujo. Egipto perdió claridad, pero no fe. Y cuando el reloj ya se asomaba al abismo del añadido, apareció otro héroe inesperado.
Beach, la parada del torneo… y la prórroga
Minuto 90+4. Saque de esquina para Egipto, centro tenso y Ramy Rabia gana el salto. Su cabezazo llevaba dirección de gol, potencia y colocación. Patrick Beach voló, estiró el brazo derecho y desvió la pelota por encima del larguero con una mano espectacular. Una parada de reflejos y nervio que sostuvo a Australia y empujó el partido a la prórroga.
Ese gesto cambió el clima emocional. Egipto, que había rozado la clasificación en el último suspiro, tuvo que resetear. Australia, que se había visto fuera, llegó al tiempo extra con un chute de confianza.
Salah aparece, pero el destino se decide desde los once metros
La prórroga tuvo un protagonista claro: Mohamed Salah. El capitán, que había pasado tramos largos del partido sin demasiada incidencia, decidió encenderse cuando más pesaban las piernas. Bajó a recibir, giró, encaró, buscó paredes. Su sola presencia empezó a meter a Australia en su área.
Le faltó el último toque. Ese disparo limpio, ese pase definitivo. Egipto rondó el gol, Australia aguantó como pudo, cerrando espacios y despejando sin pudor. El reloj corrió sin concesiones y el desenlace quedó abocado a los penaltis.
Para Egipto, no era un escenario cualquiera. Cuatro tandas perdidas de forma consecutiva en los últimos años. Un trauma colectivo. Como si el guion quisiera añadir una capa extra de tensión, Tony Popovic movió ficha en el minuto 119: Mat Ryan entró por Beach para la tanda. Portero experto, habituado a noches grandes. Mensaje claro: Australia se sentía preparada para el cara o cruz.
Tanda de penaltis: del miedo al desahogo
El primer giro dramático llegó de inmediato. Harry Souttar, encargado de abrir la serie para Australia, mandó su lanzamiento por encima del larguero. Un disparo descontrolado, símbolo de la presión acumulada.
Egipto no falló. Cuatro penaltis, cuatro ejecuciones firmes. Entre ellos, la firma de Salah, que eligió el camino más arriesgado: una Panenka suave, centrada, que dejó a Ryan vencido y al capitán egipcio reafirmado en su papel de líder. Decisión tardía en la carrera, como él mismo reconocería, pero ejecutada con una frialdad que sólo está al alcance de los grandes.
Australia se mantuvo con vida mientras convirtió, pero la tensión terminó por quebrar a otro de sus defensores. Lucas Herrington golpeó con fuerza, quizá con demasiada, y la pelota se estrelló en el larguero. Segunda falla oceánica, puerta abierta para que Egipto cerrara la noche.
Abdelmaguid no titubeó. Carrera corta, mirada fija y disparo cruzado, engañando por completo a Ryan. Gol. Clasificación. Estallido de alegría egipcia en Dallas. El pasado desde los once metros quedaba, al menos por una noche, enterrado.
Orgullo australiano y un horizonte monumental para Egipto
En la derrota, Australia dejó una imagen de equipo sólido, competitivo, capaz de llevar al límite a un rival con más talento individual. Popovic lo resumió con un mensaje de orgullo: su selección mostró al mundo que el fútbol australiano es fuerte. Se van del World Cup con la cabeza alta, aunque con la sensación amarga de haber tenido la tanda en la mano.
Egipto, mientras tanto, avanza con un relato potente: superó una noche llena de trampas, sobrevivió a un gol en propia, a una parada milagrosa en el 94’ y a la losa psicológica de cuatro tandas perdidas. Lo hizo apoyada en la jerarquía de Salah, en la fe de un vestuario que se creyó capaz de cambiar la historia y en la serenidad de sus lanzadores.
Ahora espera Argentina o Cabo Verde. Un cruce que huele a desafío mayúsculo y a escaparate perfecto para comprobar si esta selección egipcia sólo ha firmado una noche heroica… o si, en realidad, está preparada para algo mucho más grande en este World Cup.






