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Derry City logra una victoria sólida ante Sligo Rovers

Derry City cierra una semana caótica con un triunfo sólido ante Sligo Rovers

En una semana en la que el banquillo tembló y el ruido fuera del campo amenazó con tragarse al club, Derry City respondió donde más duele: sobre el césped del Ryan McBride Brandywell Stadium. Victoria cómoda, 2-0, ante el colista Sligo Rovers en la SSE Airtricity Men's Premier Division y un mensaje claro en mitad de la tormenta.

Tiernan Lynch y su asistente, su hermano Seamus, dejaron el club por mutuo acuerdo. En su lugar, el director de fútbol Mark Connolly asumió el mando de forma interina. Entre dudas, cambios y miradas de reojo, el equipo no titubeó. Dos zarpazos en la segunda parte, firmados por Barry Cotter y Adam O'Reilly, sellaron una noche que pudo ser aún más amplia.

La sombra de James McClean

Mientras el equipo se jugaba puntos y orgullo, el gran ausente flotaba sobre el Brandywell. James McClean, icono local y exinternacional de la República de Irlanda, no apareció en la convocatoria. Antes del partido, publicó en redes una imagen que sugería que estaba en casa viendo por televisión a su exequipo Wrexham frente a Middlesbrough en la Carabao Cup.

En los últimos tiempos, McClean había criticado en varias ocasiones al club durante la etapa de Lynch. Su ausencia en una noche tan cargada de significado no hace sino alimentar las dudas sobre su futuro a largo plazo en Derry City. El ruido alrededor del jugador contrasta con la claridad que mostró el equipo sobre el campo.

Un primer tiempo de dominio sin premio

Derry salió mandón, decidido a marcar territorio desde el inicio. A los cinco minutos ya avisaba Liam Boyce, que cabeceó por encima del larguero cuando estaba bien colocado. Era solo el preludio de una primera parte en la que los locales gobernaron el balón y las ocasiones.

El poste se convirtió pronto en enemigo. Brooklyn Lyons-Foster, improvisado lateral izquierdo, dibujó con el exterior del pie derecho un centro magnífico hacia el segundo palo. Allí apareció James Clarke, que se lanzó en plancha y conectó un cabezazo perfecto. Sam Sargeant estaba batido, pero el balón se estrelló contra el poste. Un suspiro colectivo recorrió el estadio.

Derry olió sangre y no aflojó. Un pase inteligente de Darragh Burns encontró a Michael Duffy, que se deshizo de Jeannot Esua y armó un zurdazo cruzado. El balón se marchó rozando el palo y Clarke, otra vez llegando desde segunda línea, se quedó a centímetros de empujarlo.

La combinación entre líneas siguió fluyendo. En el 39, Duffy volvió a aparecer entre líneas y habilitó a Burns, que esta vez remató con la izquierda directo a las manos de Sargeant. El guardameta de Sligo Rovers sobrevivía a base de colocación y reflejos mientras su equipo apenas lograba salir de su campo.

El golpe definitivo tras el descanso

La sensación al descanso era que el gol de Derry era cuestión de tiempo. Y el tiempo se agotó para Sligo a los nueve minutos de la reanudación. El partido se rompió en una jugada tan simple como contundente.

Burns lanzó un córner cerrado desde la derecha, con rosca hacia dentro, buscando el segundo palo. Allí apareció Barry Cotter, con decisión y potencia. Se elevó por encima de todos y conectó un cabezazo imparable. Sargeant tocó balón, pero no lo suficiente. El 1-0 liberó a Derry y encendió al Brandywell.

El impacto del gol no calmó a los locales. Al contrario. Duffy, cada vez más protagonista, se sacó poco después un derechazo desde unos 25 metros que superó de nuevo al guardameta… pero no al travesaño. El balón rebotó con violencia en la madera y volvió al campo. Sligo respiraba de milagro.

La presión terminó por quebrar la resistencia visitante en el minuto 63. Una jugada limpia, casi académica: Boyce recibió de espaldas en la frontal y, en lugar de girar, amortiguó el balón con un toque suave hacia la llegada de Adam O'Reilly. El centrocampista entró con todo y, con un golpeo seco y colocado con el interior desde el punto de penalti, firmó el 2-0. Esta vez, Sargeant no tuvo respuesta.

Derry controla, Sargeant evita la goleada

Con el marcador a favor y el partido bajo control, Connolly movió el banquillo. Entraron James Olayinka y Tyler Smith por Cotter y Nick Twisk en el 74, y más tarde Ellis Chapman por Boyce. El plan era claro: piernas frescas para cerrar el encuentro y no dar vida a un Sligo Rovers sin apenas argumentos ofensivos.

El portero visitante evitó una derrota más abultada. En el 78, Conor Barr, que había sustituido a Burns en el 64, probó suerte con un disparo potente desde la frontal. Sargeant se estiró al máximo y desvió el balón con una parada de mérito.

Ya en el tiempo añadido, Duffy buscó su gol con un disparo envenenado desde unos 20 metros. Otra vez el guardameta de Sligo voló para despejar el balón. Derry dominaba, llegaba y remataba; Sligo sobrevivía gracias a su número uno.

Mientras tanto, el técnico visitante trató de reaccionar con cambios: James McManus y Alex Nolan entraron en el 55, Jamie McGonigle y Sean Stewart en el 64. Ninguno de ellos logró cambiar la dinámica de un equipo superado en todas las líneas.

Un nuevo punto de partida

El pitido final dejó una sensación nítida: en una semana en la que todo parecía tambalearse, el vestuario respondió con madurez. Brian Maher vivió una noche tranquila bajo palos, la zaga con Cameron Dummigan, Patrick McClean y Lyons-Foster apenas concedió, y la sociedad entre Clarke, O'Reilly, Burns, Duffy y Boyce marcó el ritmo del encuentro.

Queda por ver qué rumbo tomará el club con Mark Connolly en el banquillo y, sobre todo, qué ocurrirá con la figura de James McClean. De momento, Derry City ha encontrado algo más que tres puntos: ha encontrado aire, confianza y un pequeño respiro en medio de una semana que amenazaba con incendiarlo todo.