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David Sullivan reaparece en el London Stadium en medio de la tormenta

La noche de Carabao Cup en el London Stadium traía ya suficiente carga deportiva para West Ham United. Pero el foco, antes del balón, se fue directo a la grada: David Sullivan estaba allí.

El ex copresidente de West Ham, que dimitió en junio, acudió al partido ante Portsmouth pese a que se le había aconsejado que no asistiera a los encuentros en casa. La recomendación no venía de cualquiera. Desde el propio London Stadium, un portavoz confirmó a la BBC que habían sugerido al club que Sullivan no acudiera por temor a posibles disturbios entre la afición.

No hubo disturbios. No hubo escenas de tensión visibles en los instantes previos ni poco después del inicio. Pero su presencia pesó como una sombra sobre una noche que, en lo deportivo, ya era incómoda: West Ham disputaba la primera ronda de la EFL Cup por primera vez en 15 años, consecuencia directa del traumático descenso de la Premier League de la pasada temporada.

Un regreso bajo sospecha

Sullivan dejó el cargo de copresidente en junio, después de que siete mujeres le acusaran de comportamientos sexuales explotadores y depredadores. Él niega categóricamente todas las acusaciones. El caso, destapado por una investigación conjunta de BBC Panorama y The Times, sacudió la estructura del club y abrió un debate profundo sobre quién manda y con qué controles en el fútbol inglés.

La misma investigación reveló que Sullivan lleva tres años vetado de cualquier contacto con los equipos femenino y de categorías inferiores de West Ham por motivos de salvaguarda. Un dato que añade otra capa de gravedad al contexto de su aparición pública.

Dimitió del cargo, sí. Pero no desapareció del mapa de poder del club. Sullivan sigue siendo el mayor accionista individual de West Ham, con un 38,8% de las acciones. Su influencia, aunque ya no figure en el organigrama ejecutivo, continúa instalada en el corazón de la entidad.

Entre el césped y el consejo de quedarse en casa

El consejo del London Stadium fue claro: mejor que no viniera. La preocupación era el ambiente, la reacción de una afición ya golpeada por el descenso y ahora enfrentada a un escándalo institucional que va más allá de lo deportivo.

Sullivan decidió presentarse igualmente. Ninguna pancarta masiva, ningún estallido de ira organizado se hizo notar en los primeros compases de la noche. Solo la sensación de que el club vive una fractura silenciosa, mientras el equipo trata de recomponerse en la EFL Cup y en el día a día.

En el césped, West Ham iniciaba su camino en la copa desde un lugar al que no está acostumbrado desde hace década y media. En la grada, la figura del hombre que marcó gran parte del rumbo reciente del club reaparecía en el momento más delicado de su reputación.

La temporada apenas empieza. El descenso ya ha dejado cicatrices deportivas y económicas. Ahora la cuestión es otra: ¿cómo gestiona West Ham un futuro en el que su principal accionista se convierte, cada vez más, en el epicentro del ruido que rodea al club?