Cesc Fabregas y la consolidación de Como en la Serie A
En la tarde cerrada sobre el lago, el Stadio Giuseppe Sinigaglia fue el escenario de una confirmación: el proyecto de Cesc Fabregas en Como ya no es una promesa, sino una realidad que se sostiene en la clasificación y en el juego. El 2-1 frente a Parma, en la cuarta jornada de la Serie A 2026, no solo cerró una noche de oficio, sino que consolidó la identidad de un equipo que se ha instalado en la parte alta de la tabla con una naturalidad sorprendente.
Heading into este partido, Como llegaba como tercero en la clasificación con 10 puntos, invicto tras 4 encuentros: 3 victorias y 1 empate, 9 goles a favor y 4 en contra, para una diferencia de +5 global. En casa, el registro previo era corto pero contundente: 1 partido, 1 victoria, 2 goles marcados y 1 encajado. Parma, en cambio, aterrizaba en Como en plena turbulencia: 17.º, con solo 1 punto de 4 posibles, sin triunfos (0 victorias, 1 empate y 3 derrotas), apenas 2 goles a favor y 6 en contra, con una diferencia de -4 que describía un inicio de campaña frágil y dubitativo.
El duelo
El duelo se dibujó desde la pizarra. Fabregas no traicionó su estructura base: un 4-2-3-1 reconocible, con R. Sanchez bajo palos, una línea de cuatro con Y. Couto y Kaiki por fuera, y J. Ramon junto a M. O. Kempf como centrales. Por delante, el doble pivote L. Da Cunha–M. Perrone como eje de salida y equilibrio, y una línea de tres mediapuntas con A. Diao por derecha, M. Baturina por dentro y N. Paz por izquierda, todos orbitando alrededor del punta M. Kean.
Frente a ellos, Carlos Cuesta optó por un 3-4-2-1 que buscaba densidad interior y salidas rápidas: E. Corvi en portería, una zaga de tres con Diego Carlos, M. Troilo y E. Delprato, carrileros largos con S. Britschgi y E. Valeri, doble pivote con V. Sierro y M. Keita, y por delante un tridente móvil formado por E. B. Toure, S. Lontani y N. Elphege. Sobre el papel, una estructura pensada para protegerse y castigar a la contra; en la práctica, un equipo que sigue sin encontrar sincronía entre sus líneas.
Contexto estadístico
El contexto estadístico explicaba bien el guion que se vio. En total esta campaña, Como promediaba 2.3 goles a favor y solo 1.0 en contra por partido, sin derrotas ni encuentros sin marcar, tanto en casa como a domicilio. Un equipo que golpea con frecuencia y siempre encuentra el camino al gol. Parma, en cambio, llegaba con una media total de solo 0.5 tantos a favor por encuentro y 1.5 en contra, sin haber dejado su portería a cero y habiendo fallado en anotar en 2 de sus 4 partidos. El contraste entre una maquinaria ofensiva en marcha y un ataque atascado se tradujo en sensaciones muy distintas desde el pitido inicial.
El plan de Como
El plan de Como se articuló alrededor de su “trío de autor” en tres cuartos: M. Baturina, A. Diao y, desde el banquillo, la alternativa siempre latente de T. Douvikas. Baturina, ya instalado entre los mejores centrocampistas ofensivos de la liga, llegaba con 2 goles y 1 asistencia en 3 apariciones, una precisión de pase del 87% y 3 pases clave totales. Su radio de acción, flotando entre líneas, obligó a M. Keita y V. Sierro a defender de espaldas y hacia su propia área, algo que Parma no gestionó bien. Cada recepción del croata entre los centrales y el doble pivote visitante abría un dilema: salir a morder y desproteger la espalda, o esperar y permitir el giro.
A su derecha, Assane Diao aportó vértigo y profundidad. También con 2 goles y 1 asistencia en 3 partidos, 6 regates exitosos en 12 intentos y 6 pases clave, el español fue el desborde permanente sobre el carril de E. Valeri. Su capacidad para encarar y ganar duelos (13 ganados de 26) convirtió cada transición en una amenaza real. La estructura 4-2-3-1 de Como se transformaba en un 2-3-5 en ataque, con Y. Couto proyectado, Diao abierto y Baturina y N. Paz ocupando los intervalos entre central y carrilero rivales.
En la zona de referencia, aunque M. Kean partió como nueve, la sombra de T. Douvikas estuvo presente desde el inicio. El griego, con 2 goles en 3 partidos y 5 tiros a puerta de 7 intentos, es el “cazador” más puro de la plantilla. Sus 33 duelos disputados (16 ganados) describen a un delantero que fija, pelea y ataca el área con insistencia. En un contexto en el que Parma ya había encajado 4 goles en solo 2 salidas, con una media de 2.0 tantos recibidos por partido lejos de casa, el duelo entre la agresividad de Douvikas y la línea de tres visitantes se presentaba como una amenaza constante, incluso cuando el griego no estaba sobre el césped.
Defensiva de Parma
Del lado de Parma, el “escudo” nunca terminó de serlo. La zaga de tres, con Diego Carlos como referencia, quedó demasiadas veces expuesta por la falta de protección de los carrileros y la dificultad del doble pivote para cerrar los pasillos interiores. El equipo de Cuesta, que ya había mostrado una tendencia a la indisciplina en los tramos finales —el 40% de sus tarjetas amarillas totales llegaban entre el 76' y el 90', y otro 20% entre el 91' y el 105'—, volvió a sufrir cuando el partido se rompió. Frente a un Como que reparte sus amonestaciones de forma mucho más equilibrada (el 50% entre el 46' y el 60' y el otro 50% entre el 76' y el 90'), la diferencia de control emocional también se hizo evidente.
Centro del campo
En el centro del campo, la “sala de máquinas” tuvo color local. M. Perrone y L. Da Cunha ofrecieron líneas de pase constantes para una salida limpia, liberando a Baturina para recibir más arriba. V. Sierro y M. Keita, por su parte, quedaron atrapados entre la necesidad de saltar a presionar y el miedo a ser superados a la espalda. Sin un organizador del perfil de A. Bernabe en el once inicial, Parma careció de un jugador capaz de pausar, girar el juego y sacar al equipo de la presión alta de Como.
Desde el banquillo, Fabregas disponía de soluciones para cada escenario: la pausa y el criterio de L. Milla, la energía de S. Ricci, la alternativa de desborde de A. Lahdo o la potencia de A. Douvikas para castigar a una defensa ya cansada. Cuesta, en cambio, miraba hacia suplentes que aún no han encontrado continuidad ni impacto en la categoría, como G. Fabbian, B. Cremaschi o los puntas M. Frigan y D. Romero, obligados a cambiar partidos que el equipo empieza siempre cuesta arriba.
Ausencias
En el trasfondo, las ausencias también moldearon el relato. Como no pudo contar con J. Addai por una lesión en el tendón de Aquiles, una baja que limita las rotaciones ofensivas en banda. Parma, por su parte, echó de menos a H. Nicolussi Caviglia, ausente por un problema en la ingle, un perfil que podría haber aportado algo de claridad en la circulación interior.
Conclusión
La victoria por 2-1, con el 1-0 ya dibujado al descanso y el sufrimiento justo para darle valor al triunfo, encaja a la perfección con la tendencia de la temporada: un Como que golpea con frecuencia y concede poco, frente a un Parma que se defiende demasiado atrás y genera muy poco. Si el rendimiento ofensivo local se midiera en términos de xG, todos los indicadores previos —volumen de ocasiones, promedio de goles a favor, capacidad de sus tres hombres más determinantes para producir goles y asistencias— apuntaban a un partido de alta probabilidad de anotación para los de Fabregas. En el otro lado, con un promedio de 0.5 goles marcados por encuentro y sin un referente ofensivo consolidado, Parma necesitaba casi la perfección defensiva para rascar algo en Como.
Following this result, la fotografía es nítida: Como se consolida como aspirante serio a la zona Champions, fiel a su 4-2-3-1 y a la creatividad de Baturina y Diao; Parma, en cambio, sigue atrapado en la parte baja, obligado a reajustar su estructura y a encontrar, cuanto antes, una identidad que le permita ser algo más que un bloque sufriente detrás del balón. En el Sinigaglia, la noche dejó un mensaje claro: cuando la idea está clara y los intérpretes la ejecutan con convicción, la clasificación rara vez miente.






