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Bruno Guimarães se une a Arsenal: la tercera fue la vencida

Bruno Guimarães sabe lo que es mirar el teléfono toda la noche y no recibir la llamada que lo cambia todo. Hace seis años y medio, en Curitiba, el mediocampista que dominaba el centro del campo de Athletico Paranaense esperaba noticias de un acuerdo que parecía cerrado: un traspaso de 26 millones de libras a Atlético de Madrid.

Se había despedido entre lágrimas de la hinchada del Furacão tras un 1-0 ante Santos. El trato estaba encaminado, la ilusión también. Llegó la Navidad, se abrió oficialmente el mercado de enero… y el futuro seguía sin definirse.

Atlético dudaba. Benfica ya había puesto una oferta sobre la mesa. Y entonces el presidente Mario Celso Petraglia anunció un nuevo actor en escena: Arsenal.

Edu, director técnico de los Gunners, llevaba tiempo siguiendo la explosión de Guimarães, pieza clave en la conquista de cuatro títulos, incluida la Copa do Brasil y la Copa Sudamericana. Había contacto directo con sus agentes, pero el dinero no alcanzaba. En ese vacío apareció Lyon, empujado por el peso de una leyenda: Juninho Pernambucano.

Juninho no solo era un ídolo para Guimarães por sus títulos con Vasco da Gama y su paso triunfal por Lyon. Llegó con una promesa directa, casi un desafío: “Firma por Lyon y puedes convertirte en uno de los mejores mediocampistas del mundo”. Para un joven de 22 años hambriento de grandeza, esas palabras pesaron más que cualquier duda.

Arsenal se quedó mirando desde la distancia. Lyon cerró el acuerdo por 17,1 millones de libras. Y cuando Bruno estampó su firma en un contrato a largo plazo en Francia, no escondió su decepción con Atlético de Madrid: “Nadie me llamó”, lanzó. El club que había liderado la carrera por él terminó lamentando haber soltado la cuerda.

El viaje de Bruno, sin embargo, apenas empezaba.

De Lyon a Newcastle… y un golpe a Arsenal

Dos años después, el reconocimiento llegó desde otro ángulo. El mediocampista, ya internacional con Brasil, pasaba el reconocimiento médico con Newcastle en su propio país, mientras estaba concentrado con la selección. Un detalle que reflejaba su nueva dimensión: ya no era una promesa, sino un nombre que movía el mercado.

Arsenal volvió a aparecer en el radar. Otra vez tarde. Otra vez sin fuerza suficiente. Tras haber invertido el verano anterior en Martin Ødegaard y Albert Sambi Lokonga, el club londinense no pudo competir con el músculo financiero de Newcastle.

La factura deportiva no tardó en llegar. En mayo, Guimarães marcó y fue la figura en el 2-0 de Newcastle sobre Arsenal, un golpe que prácticamente les arrebató la clasificación a la Champions League a falta de una jornada. Desde entonces, el brasileño se convirtió en una especie de némesis competitiva para los Gunners.

Los números lo subrayan: ha ganado más duelos ante su nuevo club (71) que contra cualquier otro rival de la Premier League. No solo les hacía daño con la pelota; también los desgastaba en cada choque, en cada dividida.

Arsenal miraba y sufría. Y Mikel Arteta tomaba nota.

Un jugador que solo va donde se siente querido

La carrera de Bruno Guimarães tiene un hilo conductor: solo acepta ir donde lo hacen sentir realmente deseado. La raíz está en Río de Janeiro, en una infancia de puertas cerradas.

Amaba el futsal, pero no superó las pruebas en Fluminense ni en Botafogo. Su padre, Dick, que aún hoy tiene un papel importante en su representación, recorría 269 millas cada fin de semana desde Río hasta Osasco para verlo jugar en Audax, en el estado de São Paulo. Un viaje largo, repetido, casi ritual.

Había cariño, pero también dureza. Si Bruno perdía, la recompensa era un simple sándwich de jamón y queso con jugo. Si ganaba, podía pedir lo que quisiera para comer. Esa mezcla de sacrificio y exigencia se le quedó grabada. Tanto, que hoy lleva esos recuerdos tatuados en la espalda.

El número 39, que está a punto de lucir con Arsenal, también viene de casa: era el número del taxi de su padre en Río, el mismo coche con el que lo llevaba a los partidos de inferiores. No es un capricho de dorsal; es una declaración de origen.

En Londres, ese número ya tenía dueño en los entrenamientos recientes: el canterano Louie Copley, que sufrió una grave lesión de rodilla esta semana ante Real Betis. En la web del club, ahora aparece como el nuevo 38. Un movimiento silencioso, pero elocuente: el 39 queda libre para el brasileño que lo considera parte de su historia familiar.

Arsenal, tercera oportunidad… y esta vez no falla

Arsenal tuvo a Bruno Guimarães en sus manos dos veces y lo dejó escapar. Primero cuando Atlético de Madrid titubeó y Lyon se adelantó. Después cuando Newcastle puso el dinero que en el norte de Londres no pudieron igualar.

A la tercera, Arteta no estaba dispuesto a repetir el mismo error.

Con el club ya asentado en la élite de la Premier y dispuesto a dar el salto definitivo, la directiva se lanzó a por él con determinación. Las negociaciones se alargaron, el ruido alrededor de la operación se hizo pesado, el culebrón amenazó con cansar a todos. Pero el desenlace parecía escrito desde hace años.

Hoy, Bruno llega al Emirates como fichaje de 75 millones de libras, un mediocampista en plenitud que alguna vez soñó con el Atlético, que se formó en Lyon, que se hizo estrella en Newcastle y que durante todo ese trayecto tuvo a Arsenal orbitando a su alrededor sin atreverse a dar el paso definitivo.

Ahora sí lo dieron. El jugador que creció a base de reveses, viajes eternos en taxi y sándwiches de jamón y queso aterriza en un club que, por fin, lo mira como el centro de su proyecto.

La pregunta ya no es por qué Arsenal tardó tanto en ir a por él. La verdadera incógnita es hasta dónde puede llevarlos ahora que, al fin, está de su lado.