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Bradley Barcola: De Lyon a Liverpool y su sueño cumplido

Cuando era niño, Bradley Barcola no hablaba de otra cosa. “Siempre me hablaba de Liverpool”, recuerda Amaury Barlet, uno de sus entrenadores de formación en Lyon. Años después, cuando el club de Merseyside llamó a su puerta, el delantero no dudó. “No hice ninguna pregunta”, confesó en su primera entrevista tras cerrar su traspaso a Anfield por 123 millones de libras (143 millones de euros).

Soñó con Anfield a los 15. Llega con 24. Y en medio, un recorrido que no siempre fue recto.

De Lyon a París, sin atajos

Barcola se formó en la academia del Lyon, donde el club acostumbra a entrevistar a los canteranos que regresan cada temporada. En una de esas charlas, con 15 o 16 años, soltó la frase que Barlet no ha olvidado: jugar en Liverpool era su sueño. “Quizá eso cambió cuando tenía 19 o 20…”, dice el técnico. O quizá nunca cambió.

Lo que sí cambió fue su estatus en el Paris Saint-Germain. Pese a tener contrato hasta 2028 con el campeón de Europa, el francés fue perdiendo peso en un ataque repleto de estrellas. Entraba en la categoría de talento de élite, pero eso no le libró de verse relegado en los grandes días.

La temporada pasada arrancó como titular en todos los partidos de Champions del PSG hasta el encuentro de vuelta de octavos contra el Chelsea. A partir de ahí, banquillo. Disputó las dos últimas finales de la competición, pero solo como revulsivo.

Luis Enrique apostó por Khvicha Kvaratskhelia tras su llegada en enero de 2025, una decisión difícil de discutir por rendimiento, pero que dejó a Barcola en una esquina incómoda. Su menor impacto jugando en la derecha o por dentro redujo sus opciones en los duelos grandes. Y, con media docena de goles con Francia, la mitad de ellos en el último Mundial, el salto se volvió inevitable: ya había demostrado que podía brillar en el mayor escaparate.

Un adiós caro, pero sin ruido

El momento encajó para todos. El rendimiento de Barcola en Norteamérica ayudó al PSG a cerrar una plusvalía cercana a los 100 millones de euros. Se convirtió en la venta más alta de la historia del club, por encima de los 90 millones ingresados por Neymar desde Al-Hilal, y fue una pieza clave en un verano de récord: unos 350 millones en ventas, cifra nunca vista en la Ligue 1.

En el vestuario, su marcha dolió. Las despedidas de sus ya excompañeros inundaron las redes del club y dejaron claro lo popular que era. También se fue con la bendición de la entidad: pese a su deseo de fichar por Liverpool, nunca forzó la situación. Su ausencia de las convocatorias al inicio de la temporada no fue un castigo, sino una forma de protegerle mientras se cerraba la operación.

“Está muy bien rodeado”, asegura Barlet, que lo entrenó en sub-12 y sub-13, y volvió a coincidir con él en sub-16. “Sus padres repetían lo mismo que nosotros, los entrenadores… Conozco a su familia. Tiene el entorno perfecto para crecer en una academia”.

El ejemplo está en casa. Su hermano Malcolm, de 27 años, también es profesional: portero en el Ittihad Tanger, en Marruecos. Pasó por la cantera del Lyon, aunque nunca llegó al primer equipo. Fue un “late bloomer”. Y, en cierto modo, Bradley también. El club no aceleró su progresión subiéndole de categoría antes de tiempo. Debutó con el primer equipo a los 19 años. Muy distinto al caso de Rayan Cherki, que se estrenó con 16.

“No era pequeño, pero sí… muy fresco”, recuerda Barlet. “Era muy delgado. Todavía no había terminado de crecer. En sub-16 jugó toda la temporada con nosotros, salvo un par de partidos con la sub-17 a nivel internacional en abril-mayo. Era un jugador al que esperábamos a nivel atlético”.

Cuando dio el salto, lo hizo de golpe. Debutó a mitad de la temporada 2021-22 y solo necesitó una campaña completa para convencer al PSG de pagar 45 millones de euros por él.

El delantero que aprendió a vivir al límite del fuera de juego

Su desarrollo físico tardío marcó su manera de jugar. “Como se enfrentaba a defensas más fuertes que él, siempre quería ganarles la posición”, explica Barlet. “Estaba muy a menudo en fuera de juego… siempre ha tenido la costumbre de hacer muchas rupturas a la espalda de la defensa”.

No nació extremo. “Era un poco un ‘zorro del área’; marcaba muchos goles”, cuenta su antiguo entrenador. “Marcaba voleas acrobáticas, punterazos, con la izquierda, con la derecha… lo único que no era necesariamente su punto fuerte era el juego de cabeza”.

Su explosión total llegó en la temporada 2024-25: 21 goles y 21 asistencias. Números de estrella. Aun así, su capacidad de decisión ha sido cuestionada. Se le acusa de cierta falta de contundencia en los metros finales. Un partido especialmente errático ante el Newcastle en la Champions, en noviembre de 2023, llevó a un analista francés a llamarlo “corderito”. Barcola se blindó.

“No sabía lo que se decía de mí, pero sabía que habría críticas”, confesó en Le Parisien. “No les presto atención, digan cosas buenas o malas”.

A quienes sí escucha es a su círculo íntimo. “No tengo muchos amigos. De hecho, tengo muy pocos, así que cuando me dicen: ‘Estás haciendo una tontería’, es porque tienen razón, y si dicen que jugué bien, también es porque es verdad. No escucho lo que se dice fuera. Para ser totalmente sincero, son mis amigos los que me envían las cosas que se dicen en los medios. A veces nos reímos, pero no va más allá”.

Barlet recuerda su estrecha relación en la cantera con Castello Lukeba, hoy en RB Leipzig, y con Billy Koumetio, ex de Liverpool y ahora en el Charlton. “Es una persona muy leal. De pequeño se le saltaban las lágrimas cuando perdía; se enfadaba, pero no criticaba a sus compañeros. Estaba más enfadado consigo mismo porque es un competidor de verdad”.

Para su exentrenador, es “el compañero ideal” y “entrañable”. Ahora le toca serlo en un vestuario muy distinto.

Un fichaje a medida para el nuevo Liverpool

El reto inmediato de Barcola es ganarse a la afición de Anfield. El precio que ha pagado el club y el inicio irregular bajo el mando de Andoni Iraola añaden una presión evidente. Él, por carácter, debería saber cómo aislarse de ese ruido.

Liverpool, en cualquier caso, llevaba tiempo pidiendo a gritos un perfil como el suyo. Luis Enrique lo definió como “uno de los mejores regateadores de Europa”. Y el giro táctico que vive la Premier puede favorecerle. El equipo ha sufrido ante bloques bajos en los últimos partidos, pero el juego se orienta cada vez más hacia la explotación inteligente del espacio en transición. En ese terreno, el francés es especialista.

Iraola ha sido claro: quiere extremos que cambien partidos. Game-changers. Barcola puede ser exactamente eso. Ahora, con un papel protagonista que en París se le escapaba, llega a la orilla del Mersey con una misión nítida: demostrar que aquel sueño adolescente no era solo una fantasía, sino el principio de algo mucho más grande.