Australia y Egipto: un primer tiempo sin goles pero con oportunidades
Australia se marcha al descanso contra Egipto con la sensación amarga de haber hecho casi todo… menos el gol. El marcador dice 0-1, pero el guion del partido cuenta otra cosa: los Socceroos han tenido la iniciativa, las llegadas y el ritmo. Egipto, el gol y el oficio para enfriar todo lo demás.
Un gol barato que duele más por la forma
El propio vestuario australiano lo reconoce: el tanto encajado es un golpe a su identidad. Llegó en una acción a balón parado, mal defendida, “un gol barato” para un equipo que suele presumir precisamente de solidez en esas jugadas. La línea salió tarde, alguien pudo haber habilitado al rematador y los Pharaohs encontraron el 0-1 que les dio algo precioso: algo detrás de lo que replegarse.
Desde entonces, Egipto se ha parapetado con gusto. Orden atrás, colmillo en cada choque y una gestión del tiempo que ha sacado de quicio a Australia. Hidratación, pausas, contactos exagerados… todo suma para romper el ritmo. Y lo están consiguiendo.
Australia propone, Egipto sobrevive
Pese al resultado, el equipo que más cerca ha estado del gol en juego ha sido Australia. Antes y después del 0-1. Cuando consiguen encadenar cinco, seis, siete pases, aparecen los espacios entre líneas, las conducciones, las paredes. Ahí el partido parece suyo.
Behich ha sido una de las principales vías de entrada. En el 42, encaró a Hany en el último tercio, abrió una buena incursión que terminó en saque de banda largo de Circati. Irvine y Souttar pelearon por el envío como dos postes en el área, sin éxito, pero la jugada no murió: Herrington peinó hacia Irankunda, que devolvió a Behich, y el lateral sacó un disparo duro y raso que obligó al portero egipcio a estirarse abajo a su derecha. Ocasión clara. Y casi sin respiro, Irankunda rozó el empate en la siguiente acción.
Las sensaciones son claras: Egipto no lo está teniendo fácil. Está obligando a Australia a correr, a morder cada balón, pero el partido es “alcanzable”. Ellos golpearon en un momento aislado; los Socceroos también pueden hacerlo. El encuentro está ahí, flotando, esperando a quien se atreva a imponerse en las áreas.
Polémica, desgaste y una lesión que duele
El arbitraje ha dejado su propia historia. En una acción dentro del área, un delantero australiano conectó un cabezazo forzado entre dos defensores. Rabia pareció tocar el balón con el brazo, aunque la jugada daba más la sensación de rebote que de mano clara. El colegiado, Nestor, se señaló el propio brazo, invitando a revisar mentalmente la acción, pero no pitó nada.
Mientras tanto, en el segundo palo, Havez derribó a Volpato. Dos posibles infracciones en la misma jugada, ninguna sancionada. El juego siguió, el enfado australiano también.
En el otro área, Egipto ha sabido moverse al límite. Ashour cayó tras un brazo errante de Bos y arrancó una falta peligrosa. Los egipcios no rehúyen el choque, pero exprimen cada contacto. De esa falta nació un disparo lejano de Attia, duro y colocado, que encontró a la zaga australiana bien plantada en el segundo palo.
El gran susto para Australia, sin embargo, llegó sin balón dividido de por medio. Jordan Bos, uno de los futbolistas más dinámicos del equipo, terminó en el césped y tardó en levantarse. Cuando por fin lo hizo, fue para ser cargado por dos miembros del cuerpo técnico, incapaz de apoyar el pie izquierdo. Todo apunta a que no volverá en la segunda parte. Un golpe táctico y anímico.
Un descuento raquítico y un descanso cargado de cuentas pendientes
La primera parte se cerró con una última chispa de polémica: solo cinco minutos de añadido. Insuficientes para lo que se había visto. Hubo una pausa de hidratación de tres minutos, un gol, varias interrupciones y pérdidas de tiempo constantes de Egipto. El reloj no reflejó todo eso.
Aun así, en esos minutos extra Australia siguió empujando. Irankunda, Behich, las llegadas por fuera, los balones largos de Circati buscando a los hombres altos… La sensación es que las ocasiones seguirán llegando si el plan se mantiene.
Dentro del vestuario australiano el mensaje es claro: “Tenemos que ser mejores en la segunda parte”. Menos concesiones en las jugadas a balón parado, más calma para enlazar pases y encontrar esos bolsillos de espacio donde el partido parece inclinarse de su lado.
Egipto, por su parte, vive en el partido perfecto para su guion: por delante, con margen para gestionar el ritmo y con un Mohamed Salah que todavía no ha mostrado su mejor versión. El delantero se mueve con inteligencia, atacando la espalda de Souttar, midiendo esfuerzos, quizá condicionado por esa tensión en los isquiotibiales, pero siempre listo para castigar cualquier despiste.
Australia sabe que las oportunidades aparecerán. La cuestión es otra: ¿esta vez las va a convertir o volverá a lamentar, al final de la noche, un partido que parecía tener en la mano?






