Athletic Club y Celta Vigo: un empate que refleja identidades
San Mamés se fue apagando con un murmullo de resignación. El marcador final, 1-1 entre Athletic Club y Celta Vigo en la jornada 37 de La Liga 2025, resumió una temporada irregular para los rojiblancos y confirmó la solidez competitiva de un Celta que, desde la calma, se aferra a la zona europea. Tras 37 partidos, el Athletic es 12.º con 45 puntos y un balance total de 41 goles a favor y 54 en contra (diferencia de goles -13), mientras que el Celta, 6.º con 51 puntos, presenta 52 goles a favor y 48 en contra (diferencia de goles +4). Dos realidades que se cruzaron en un partido donde las identidades quedaron muy claras.
I. El gran cuadro: identidades de temporada y dibujo táctico
El Athletic de Ernesto Valverde volvió a su traje de siempre: 4-2-3-1, la estructura más utilizada durante todo el curso (36 partidos con este sistema). En San Mamés, el equipo se ha sostenido mejor que fuera: en total esta campaña, 9 victorias, 3 empates y 7 derrotas en casa, con 22 goles a favor y 21 en contra. Un promedio de 1.2 goles marcados y 1.1 encajados por partido en Bilbao que habla de partidos cerrados, de márgenes mínimos, de una fiabilidad relativa pero insuficiente para aspirar a algo más.
Enfrente, el Celta de Claudio Giráldez se plantó con un 3-4-3 reconocible, el dibujo que ha utilizado en 27 encuentros de liga. Sobre sus viajes, el conjunto vigués ha construido buena parte de su posición: 8 victorias, 7 empates y solo 4 derrotas lejos de casa, con 24 goles a favor y 20 en contra. En total esta campaña, su promedio ofensivo fuera es de 1.3 goles por partido, por 1.1 encajados: números de equipo maduro, capaz de competir en escenarios hostiles.
El 3-4-3 celeste, con tres centrales y carrileros largos, se enfrentó a la línea de cuatro del Athletic, protegida por un doble pivote y un trío de mediapuntas por detrás de un único punta. El 0-1 al descanso y el 1-1 final reflejan el choque entre un Celta cómodo en la contención y un Athletic que, pese a la iniciativa, volvió a tropezar con sus propios límites ofensivos.
II. Vacíos tácticos: ausencias y disciplina
El parte de bajas condicionó, y mucho, el plan de Valverde. El Athletic afrontó el duelo sin U. Egiluz y B. Prados Díaz (ambos por lesión de rodilla), sin O. Sancet (lesión muscular), sin D. Vivian (lesión de tobillo) y sin N. Williams (lesión). Cinco ausencias que tocan tres líneas clave: la salida de balón desde atrás, la creatividad entre líneas y la profundidad por banda.
Sin Sancet, el rol de enlace recayó más en U. Gómez y en los movimientos interiores de I. Williams y A. Berenguer. Sin N. Williams, el Athletic perdió su amenaza más vertical al espacio, obligando a atacar más en posicional. Y la baja de D. Vivian, uno de los centrales más importantes del curso (30 apariciones en liga), empujó a que la jerarquía atrás recayera en A. Laporte y Y. Álvarez.
En el Celta, las ausencias de M. Román (lesión en el pie) y C. Starfelt (problema de espalda) afectaron a la rotación defensiva, pero no al esqueleto base del 3-4-3. La línea de tres con J. Rodríguez, Y. Lago y M. Alonso sostuvo el plan sin grandes sobresaltos, respaldada por un equipo que, en total esta campaña, ha logrado 9 porterías a cero y solo ha fallado en marcar en 6 partidos.
En el plano disciplinario, el contexto de temporada dibuja dos equipos intensos, pero con matices. El Athletic concentra el 23.08% de sus tarjetas amarillas entre el minuto 61 y el 75, y un 17.95% entre el 46 y el 60: un claro pico de riesgo en la reanudación y en el tramo medio de la segunda parte, cuando el equipo suele subir líneas y presionar más alto. Además, sus rojas se reparten con un 28.57% entre el 61 y el 75 y un 14.29% entre el 46 y el 60 y el 91 y el 105, lo que refuerza la idea de que la agresividad tras el descanso se paga cara.
El Celta, por su parte, reparte sus amarillas con picos del 20.83% entre el 46 y el 60 y del 19.44% entre el 76 y el 90, reflejo de un equipo que endurece el juego cuando defiende ventajas o protege empates en el tramo final. Su única roja de la temporada llegó entre el 46 y el 60, otra señal de que el arranque de la segunda parte es territorio de máxima fricción.
III. Duelo clave: cazador contra escudo, motor contra ancla
El “cazador” del partido tenía nombre y apellidos: Borja Iglesias. Con 14 goles y 2 asistencias en La Liga 2025, el delantero del Celta se presentó en Bilbao como uno de los grandes finalizadores del campeonato. Sus 38 tiros totales, 26 de ellos a puerta, y sus 4 penaltis marcados (sin fallos en la temporada) le convierten en una amenaza constante en el área.
Su reto era perforar un bloque rojiblanco que, en casa, encaja de media 1.1 goles por partido. La estructura con A. Laporte y Y. Álvarez en el eje, protegidos por el doble pivote, buscó reducirle espacios en el área y evitar que recibiera cómodo entre central y lateral. Sin embargo, el Athletic no es un muro: en total esta campaña, ha encajado 54 goles, con una media global de 1.5 por encuentro, síntoma de que su escudo tiene grietas, sobre todo cuando se estira.
En el otro lado del tablero, el Celta contó con un “escudo ofensivo” muy particular: Javi Rueda. Aunque listado como defensor, su temporada habla de un carrilero/playmaker: 6 asistencias, 2 goles, 497 pases totales con un 75% de acierto y 13 pases clave. Sus 18 entradas, 6 bloqueos y 19 intercepciones muestran a un jugador que mezcla agresividad defensiva con capacidad para lanzar transiciones. En San Mamés, su posición en el carril derecho fue clave para contener las subidas de Y. Berchiche y las diagonales de A. Berenguer, y al mismo tiempo ofrecer salida limpia hacia el tridente ofensivo.
En la “sala de máquinas”, el foco rojiblanco se concentró inevitablemente en Ruíz de Galarreta. Con 1216 pases totales en liga y un 82% de precisión, además de 31 pases clave, es el metrónomo de este Athletic. Pero su otra cara es la del “enforcer”: 60 entradas, 5 bloqueos, 21 intercepciones y, sobre todo, 52 faltas cometidas y 10 amarillas en total esta campaña. Es el jugador que marca el tono físico del equipo, el que decide cuándo el partido se rompe o se calma. Frente a un medio celeste con I. Moriba, F. López y S. Carreira, su rol fue doble: cortar transiciones y dar el primer pase vertical a I. Williams, U. Gómez o Berenguer.
IV. Pronóstico estadístico y lectura final
Si proyectamos el encuentro desde los datos de temporada, el 1-1 encaja en la lógica de los números. En total esta campaña, el Athletic promedia 1.1 goles a favor y 1.5 en contra por partido, mientras que el Celta se mueve en 1.4 a favor y 1.3 en contra. En San Mamés, los rojiblancos tienden a igualar la balanza (22-21 en goles totales), mientras que el Celta, como visitante, se siente cómodo en marcadores cortos (24-20 en sus viajes).
Desde una óptica de xG teórica, el guion probable apuntaba a un Athletic con más volumen de llegadas pero menor pegada, y a un Celta más eficiente, capaz de castigar errores puntuales. La solidez de los vigueses fuera —9 porterías a cero en total esta campaña y solo 6 partidos sin marcar— refuerza la idea de un bloque equilibrado, difícil de desbordar incluso cuando concede iniciativa.
Para el Athletic, el partido dejó la sensación de una estructura reconocible pero limitada por las ausencias clave en ataque. Sin N. Williams ni O. Sancet, la capacidad de romper líneas y generar ventajas en el último tercio se resintió. Para el Celta, el punto en Bilbao es coherente con su narrativa de temporada: un equipo que, sin alardes, ha sabido competir cada fin de semana, apoyado en la contundencia de Borja Iglesias, la creatividad de Javi Rueda y un sistema que, con tres centrales y carrileros largos, equilibra riesgo y control.
El 1-1 no cambia radicalmente las tablas, pero sí confirma las tendencias: un Athletic que necesita reinventarse en ataque para dar el salto competitivo, y un Celta que, desde la estabilidad y la eficacia en sus viajes, se ha ganado el derecho a mirar a Europa sin complejos.






