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Arsenal comienza la defensa del título con una victoria contundente

La Premier League apenas ha echado a andar y el mensaje desde el norte de Londres ya es claro: Arsenal no piensa soltar la corona con facilidad. Mientras Manchester City, Liverpool y Manchester United tropezaron con sus propias dudas, el vigente campeón abrió el curso con una exhibición que sonó a aviso para todo el país.

Arsenal se libera del peso del pasado

Veintidós años después, Arsenal por fin empezó una temporada como campeón. Y se notó. El 3-0 del viernes ante el recién ascendido Coventry no fue solo un marcador cómodo; fue una demostración de que el equipo de Mikel Arteta juega ahora sin la losa de tantos intentos fallidos.

En el Emirates Stadium, los londinenses destrozaron al conjunto de Frank Lampard con una mezcla de frescura, ritmo y colmillo que pocas veces se vio en su tensa carrera hacia el título del curso pasado. La presión ya no se percibe como un freno, sino como gasolina.

La puesta en escena resultó inquietante para cualquiera que aspire a destronarlos. Arsenal se mostró más vibrante, más suelto, con una circulación fluida y menos dependiente de las jugadas a balón parado que tanto explotó el año anterior. La irrupción del extremo griego Christos Tzolis añadió electricidad por fuera y abrió un abanico de recursos ofensivos que amplía el repertorio de Arteta.

Kai Havertz, Bukayo Saka y Martin Odegaard firmaron los goles de una noche redonda, pero el mensaje no se quedó ahí. Antes del inicio, el club presentó a Ezri Konsa tras su fichaje desde Aston Villa. La incorporación del internacional inglés, en un equipo ya campeón, refuerza la sensación de proyecto duradero, de ambición casi dinástica.

Arsenal no solo ganó. Se divirtió. Y eso, para el resto, es una mala noticia.

Maresca e Iraola sobreviven al filo del abismo

El domingo fue el día de los nuevos en los banquillos grandes. Y también el día en que ambos rozaron el desastre antes de agarrarse a un final agónico.

En el Etihad Stadium, el Manchester City de Enzo Maresca se vio atrapado en un partido espeso ante Bournemouth. Marcus Tavernier había adelantado a los visitantes y, cuando Marc Guehi empató en el 84, parecía que el campeón reciente se conformaría con un punto en casa. El plan no funcionaba, el juego no fluía y el relevo de Pep Guardiola pesaba como una losa.

Ahí apareció una decisión que cambió la tarde: la entrada de Rayan Cherki. El francés agitó el duelo, participó en la acción del empate de Guehi y, ya en el tiempo añadido, sirvió el pase para que Josko Gvardiol culminara la remontada con el 2-1. Tres puntos rescatados más por talento individual y pegada tardía que por una actuación convincente.

Maresca, exentrenador del Chelsea, sabe que sustituir a Guardiola es una tarea monumental. Pero también puede consolarse con la historia: el propio técnico español necesitó un gol en los últimos minutos ante Sunderland para estrenar su etapa en el City con victoria hace diez años. No fue brillante, fue un alivio.

A unos 170 kilómetros al norte, en St James' Park, Andoni Iraola vivió un guion parecido con Liverpool. Su equipo perdía 2-1 frente a Newcastle después de que Cody Gakpo hubiera neutralizado el tanto inicial de Anthony Elanga y Joe Willock devolviera la ventaja a los locales. El reloj corría en contra y la derrota parecía escrita.

Hasta que Lewis Hall cometió un penalti torpe sobre el suplente Victor Muñoz. Un error grosero en el peor momento. Dominik Szoboszlai asumió la responsabilidad y fusiló la escuadra desde los once metros. 2-2 en el descuento, punto salvado y un suspiro de alivio en el banquillo visitante.

Iraola llega para pilotar una reconstrucción profunda tras el despido de Arne Slot y las salidas de Mohamed Salah, Andrew Robertson e Ibrahima Konaté. El equipo todavía está en fase de obra, con piezas por encajar y jerarquías por definir, pero la reacción en un escenario tan hostil deja algo a lo que agarrarse: carácter y capacidad de respuesta bajo presión.

El golpe a la mandíbula de un United aspirante

Mientras tanto, en el otro lado de la tabla emocional, el arranque de Manchester United fue un puñetazo directo al orgullo. Derrota por 2-0 ante el recién ascendido Hull, en el que era su primer partido en la élite desde 2017, y sensación de oportunidad perdida para lanzar un mensaje competitivo.

El equipo de Michael Carrick golpeó donde más duele: a balón parado. Los centrales Semi Ajayi y Nobel Mendy aprovecharon dos acciones en la primera parte para firmar los tantos de un triunfo que se convirtió en la gran sorpresa del fin de semana inaugural.

United, que viene de terminar tercero y está obligado a presentar candidatura al título, se vio plano, sin filo, incapaz de encontrar la chispa necesaria para volver al partido. La falta de contundencia en las áreas contrastó con la convicción de un Hull que jugó como si llevara años en la categoría.

Luke Shaw, lejos de hundirse, trató de mantener el discurso alto tras el varapalo. El lateral aseguró que el grupo mantiene “exactamente la misma sensación” de antes del encuentro y se mostró convencido de que será “una muy buena temporada” y que estarán “ahí arriba”. Palabras firmes tras una tarde que él mismo definió como “un golpe en la cara”.

El próximo fin de semana espera otro recién ascendido, Ipswich. Un examen inmediato para comprobar si lo de Hull fue un accidente o la primera grieta seria en las aspiraciones de un United que dice querer destronar a Arsenal, pero que ya ha comprobado que esta Premier no perdona a nadie.

Arsenal comienza la defensa del título con una victoria contundente